Musa Juwara, el 'mena' que pasó de la patera a golear en la liga italiana

Luis Tejo
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Musa Juwara, delantero gambiano del Bolonia, celebra un gol que le ha marcado al Inter de Milán
Musa Juwara celebrando su primer gol profesional. Foto: Claudio Villa - Inter via Getty Images.

Aunque la RAE aún no recoge la palabra con este significado en su diccionario, el término mena designa un concepto de uso común en la sociedad actual. Es el acrónimo de “menor extranjero no acompañado”, y su significado se refiere a una realidad tan dura como cabe imaginar. Se trata de niños o adolescentes que no alcanzan 18 años y que llegan a la rica Europa escapando de la pobreza en sus naciones de origen, a menudo el África subsahariana. Con el matiz de que, además, han hecho el viaje solos, sin padres o familiares que se hagan cargo de ellos y atiendan las necesidades propias de su edad.

Estos jóvenes tienen una vida que se puede calificar de todas las maneras posibles menos “fácil”. No solo han tenido que sufrir la separación de sus familias y los traumas de un viaje que incluso para un adulto resulta tremendamente complicado, enfrentándose al desierto, al mar y a las mafias que intentan aprovecharse de ellos. Si es que consiguen llegar a su destino, al no haber nadie que se responsabilice de ellos, quedan bajo la tutela de las autoridades que, muchas veces desbordadas, no pueden hacer con ellos más que internarles en centros de acogida. Todo esto ante la incomprensión de buena parte de la sociedad, incluido algún que otro representante político, que les considera poco más que delincuentes en potencia.

Las historias que estos muchachos traen detrás y sus pocas perspectivas de futuro no permiten ser muy optimistas con respecto a la vida que espera a estos menas. Hay algunos casos, sin embargo, en los que la película tiene final feliz. El ejemplo más reciente que hemos visto lo protagoniza Musa Juwara, un chico que atravesó el Mediterráneo en patera a los 14 años... y que hoy, cuatro después, no solo ha logrado convertirse en futbolista profesional, sino que ya marca goles en la Serie A, la primera división italiana. Sin ir más lejos, fue el autor de uno de los tantos de su equipo, el Bolonia, para conseguir la victoria (1-2) en casa del Inter. Lo puedes ver en este vídeo a partir del minuto 2:29.

Juwara es originario de Tujereng, un suburbio al suroeste de Banjul, la capital de Gambia, donde nació en diciembre de 2001. Su país, una antigua colonia británica en el oeste africano totalmente rodeada por territorio de Senegal y situada en torno al río del mismo nombre, tiene una tasa de pobreza cercana al 50 %, condicionada por su dependencia de la agricultura (muy lastrada en los últimos años por la escasez de lluvias), por la deuda externa y por la situación política derivada del régimen autoritario del presidente Yahya Jammeh, que gobernó durante más de dos décadas entre represión a la población y acusaciones de haberse enriquecido ilícitamente, derrochando las arcas públicas en lujos para su uso personal.

El mandato de Jammeh finalizó en 2017, cuando toda la oposición se unió para derrotarle en las elecciones de diciembre del año anterior y el mandatario, que no aceptó los resultados y sacó el ejército a las calles, acabó rindiéndose y exiliándose. Antes, en 2016, Musa Juwara había decidido marcharse en busca de las oportunidades que su hogar no le daba. Tras recorrer el Sahara y embarcar en la costa norafricana, en junio de aquel año llegó al puerto de Messina, en Sicilia. No había cumplido todavía los 15 años y era uno más de los 25.000 menas que llegaron ese año a Italia.

Los responsables italianos de inmigración decidieron enviarle a Ruoti, un pequeño pueblo de menos de 4.000 habitantes en la provincia de Potenza, al sur del territorio continental transalpino. Viviendo allí tuvo la posibilidad de empezar a jugar al fútbol en las divisiones inferiores de la Virtus Avigliano, el equipo de una localidad vecina. Y lo hizo muy bien: poco corpulento (apenas mide 1,70) pero muy técnico, extremadamente rápido y con un disparo muy potente con su pierna izquierda tanto en carrera como a balón parado, ayudó a que su modestísimo equipo se proclamara campeón del torneo regional en categoría allievi, que allí agrupa a jugadores de 15 y 16 años (sería un intermedio entre el nivel cadete y el juvenil en España).

El entrenador de su equipo, Vitantonio Summa, era consciente del talento de Musa, así que él y su esposa, Loredana Bruno, se convirtieron en sus tutores legales, para tratar de facilitar su situación en el país y ayudarle con los trámites. E hicieron bien, porque enseguida su buen juego llamó la atención de muchos clubes de élite interesados en incorporarle para sus canteras. Loredana, según contó al Corriere, eligió al Chievo Verona porque los amarillos le ofrecían “no solo una carrera deportiva, sino también escolar y académica. Musa le da mucha importancia al colegio porque su abuelo, quien le había criado, siempre le decía que la cultura era lo primero”.

El joven estaba entusiasmado con su futuro, pero todo estuvo a punto de venirse abajo porque, al ser un menor extracomunitario y no tener el permiso de sus padres, la Federación nacional no estaba dispuesta a autorizar su inscripción en el equipo. Es una regla que se promulgó para evitar que agentes sin escrúpulos precisamente se aprovecharan de menas desamparados, pero en este caso más bien suponía un obstáculo para su progreso. “A Musa le sentó fatal, casi cae en depresión, y a nosotros nos costaba mucho explicarle la burocracia”, recuerda Loredana.

Entonces entró en acción el abogado Vittorio Rigo, con experiencia en casos similares, para presentar un recurso que el tribunal de Potenza aceptó en Navidades de 2017. El tribunal aceptó las alegaciones: el futbolista ya había estado inscrito en un equipo, estaba tutelado por su familia adoptiva y, además, la norma se podía considerar discriminatoria, ya que si Juwara hubiera tenido la nacionalidad italiana no se le habría puesto ninguna pega.

Así, el Chievo pudo incorporarle, tenerle a prueba durante todo 2018 en su juvenil y, visto su buen desempeño, convocarle unas cuantas veces con el primer equipo y hacerle debutar en mayo de 2019. Disputó únicamente los últimos diez minutos del último partido y no pudo hacer nada para evitar el descenso de los veroneses, que habían hecho una temporada nefasta y acabaron como colistas. El Bolonia, que le venía siguiendo, aprovechó para ficharle por apenas medio millón.

Inicialmente los rojiazules le mandaron al equipo filial, pero tras 11 goles en 16 partidos, a partir de diciembre le han dado algunas oportunidades para ir estrenándose con los mayores. Tras reanudarse la competición después del parón por el coronavirus ha ido teniendo más tiempo de juego, hasta el punto de haber marcado su primer gol como profesional. En vista de su potencial y su progresión, será el primero de muchos. En aquel barco que le le dejó en Messina cuatro años atrás seguro que ya lo soñaba.

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