La NBA se lanza al vacío económico esperando que Papá Noel la rescate

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NEW YORK, NEW YORK - DECEMBER 08: A fan dressed as Santa Claus attends the game between the Brooklyn Nets and the Denver Nuggetsat Barclays Center on December 08, 2019 in New York City. Brooklyn Nets defeated the Denver Nuggets 105-102. NOTE TO USER: User expressly acknowledges and agrees that, by downloading and or using this photograph, User is consenting to the terms and conditions of the Getty Images License Agreement.  (Photo by Mike Stobe/Getty Images)
Photo by Mike Stobe/Getty Images

La expresión “salvar la Navidad” se ha convertido en habitual en nuestras conversaciones, sin que sepamos muy bien a qué nos estamos refiriendo. Probablemente, a salvar las industrias que concentran buena parte de sus ingresos durante esa época para que no sigan acumulando deudas. Efectivamente, hay mercados que “hacen la navidad” como el que “hace su agosto” en otros momentos del año. En el mundo del deporte y sobre todo del deporte americano, ese mercado, esa industria, es sin duda la NBA. Igual que el día de Acción de Gracias es el día dedicado a la NFL, el día en el que las familias, juntas, cenan mientras ven un partido de fútbol americano de máxima rivalidad, el 25 de diciembre es el día del baloncesto. El día para ver a Bernard King anotar 60 puntos con los Knicks, a LeBron James anotando un triple doble contra los Lakers o a Kyrie Irving derrotar a los Warriors en el último segundo.

Normalmente, se reservan para ese día los partidos estrella y se emiten por televisión a nivel nacional. Una práctica habitual, por ejemplo, es programar un encuentro entre los finalistas del año anterior, siempre que los dos finalistas mantengan el nivel, claro, cosa que no se dio con los Cavaliers de 2019, una vez se hubieron ido Irving y James en busca de otros retos. Este año no hay Lakers-Heat, pero hay un Mavericks- Lakers que supongo que quiere simbolizar el duelo entre el futuro y el presente de la NBA, el primer partido de Navidad para Luka Doncic, máximo favorito según los ejecutivos de la liga para hacerse con el MVP de la temporada. Elegir a Doncic, además, multiplica las posibilidades de conseguir audiencia fuera de EEUU, así que no parece una mala opción. Aparte, estarán Antetokounmpo y los Bucks, Zion Williamson y los Pelicans, Kevin Durant y los Nets, Jayson Tatum y los Celtics, Kawhi Leonard y los Clippers, y, por supuesto, Stephon Curry y los Warriors. No faltará nadie, vaya, salvo, quizá, James Harden.

Que la liga haya puesto toda la carne en el asador de la Navidad tiene toda la lógica del mundo. Es un momento crucial. De alguna manera, la NBA necesita volver a la normalidad, dar sensación de estabilidad y recuperar su momento comercial. Las pasadas finales entre Heat y Lakers tuvieron la peor audiencia de la historia. Apenas 7,5 millones de media a lo largo de los seis partidos con un mínimo de 5,9 en el tercero, cuando los Lakers ganaban 2-0 y medio Miami estaba lesionado. Los seis partidos de la serie fueron los menos vistos desde 1987 en cualquier final. Para hacerse una idea del descalabro, el total de espectadores fue un 51% menor que el del año anterior... y el año anterior ya había sido un desastre, en su momento justificado por el hecho de que uno de los participantes fuera un equipo canadiense, los Toronto Raptors.

Hay que darle la vuelta a la tortilla cuanto antes. La anormalidad se ve que no ha sentado bien al baloncesto, que en cuanto ha coincidido con el béisbol y la pretemporada NFL se ha venido abajo. El problema de estas navidades es que vienen sin narrativa alguna: se ve que nadie estuvo demasiado pendiente de lo del año pasado y aún no se ha podido crear ninguna rivalidad ni expectativa respecto a esta porque, en fin, la temporada empieza justo el día 22 de diciembre... aunque es cierto que empieza con un Durant-Warriors que se repetirá tres días después. No se sabe hasta qué punto la toma de posición política en cuestiones sociales de la NBA ha afectado a sus aficionados. Tiendo a pensar que no pero habrá quien piense que sí y a lo mejor no se equivoca. En cualquier caso, ese tipo de análisis es mejor hacerlos a medio plazo.

Lo inmediato es lo que cuenta. La NBA necesita un empujón importante de audiencia para enganchar al aficionado medio que han perdido durante la pandemia. Más que nada porque el año de por sí va a volver a ser complicado. La experiencia con el coronavirus en las demás grandes ligas ha sido desastrosa: tanto la MLB como la NFL han tenido que suspender partidos a mansalva por contagios, alterando los calendarios y la duración de sus ligas regulares. Lo normal es que en la NBA pase algo parecido: que no se pueda jugar todas las noches, que varias estrellas falten incluso en momentos clave y que se tenga que volver a recurrir al porcentaje de victorias como baremo clasificatorio ante la imposibilidad de todos los equipos de jugar el mismo número de partidos.

En resumen, la NBA necesita imperiosamente “salvar la Navidad” tal y como nosotros lo entendemos pero sería más adecuado decir que necesita que la Navidad la salve a ella. La bajada de ingresos sin público en las gradas -o con aforos muy limitados y restringidos a determinados estados- va a seguir constante. Si a eso le añadimos un nuevo desplome televisivo, ¿cómo seguir adelante en lo económico?, ¿cómo pagar esos sueldos multimillonarios que se siguen firmando a 4-5 años vista como si nada? Giannis Antetokoumnpo, MVP en las dos pasadas temporadas, acaba de renovar por 229 millones a pagar en el próximo lustro. ¿Tiene eso sentido? Bueno, los Bucks piensan que sí y la liga se lo permite. Luego, eso sí, hay que pagar. Y de eso no se va a encargar Papá Noel, se lo aseguro.

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