Entre la desidia y la prepotencia: el lío olímpico de la NBA

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LAS VEGAS, NEVADA - JULY 18:  Kevin Durant #7 of the United States is introduced before an exhibition game against Spain at Michelob ULTRA Arena ahead of the Tokyo Olympic Games on July 18, 2021 in Las Vegas, Nevada. The United States defeated Spain 83-76.  (Photo by Ethan Miller/Getty Images)
Photo by Ethan Miller/Getty Images

Mientras todos los equipos que han viajado a Tokio lo han hecho con doce jugadores, Estados Unidos solo ha desplazado a ocho... dos de los cuales no formaban parte de la lista inicial. Es complicado juntar tantas decisiones tan desafortunadas para preparar una competición como los Juegos Olímpicos. Nadie sabe si es una cuestión de desidia -puede que, en estas circunstancias, los torneos internacionales les den un poco igual y estén más preocupados por mantener una especie de estatus interno- o si es pura prepotencia: están tan convencidos de que van a ganar, que ni siquiera se preocupan de prepararse en condiciones.

Esto último me extraña. Me extraña porque los encargados de llevar al equipo son Gregg Popovich y Steve Kerr, dos entrenadores con amplia experiencia internacional y que saben en primera persona lo complicado que puede llegar a ser llevarse el oro: Popovich estuvo como asistente en los desastres de Indianapolis 2002 y Atenas 2004... y ambos formaron pareja en los pasados Mundiales de China, donde Estados Unidos acabó séptima. Queda, por tanto, la opción de la desidia, del tener tanto que hacer en casa -recuperar audiencias, ir metiendo público en las gradas, acabar la temporada...- que esto de los Juegos ha pasado a un oscuro segundo plano.

Hay, en toda esta historia, cuestiones que tienen que ver con la mala suerte y cuestiones que tienen que ver con una pésima preparación. Aunque en un principio se habló de que Curry o Harden estarían en la convocatoria, al final las grandes estrellas fueron Kevin Durant, Jayson Tatum, Dame Lillard y Bradley Beal. Mala suerte es que Beal, segundo anotador de la NBA esta temporada, tenga problemas con la Covid-19 y tenga que ser reemplazado. Poca previsión es que su sustituto sea un rookie de los Spurs llamado Keldon Johnson, que, por cierto, fue el mejor en el amistoso contra España.

Mala suerte es, también, que Zach LaVine, otro anotador excelso, se quede en Las Vegas por protocolo sanitario y tenga que viajar más tarde. Mala preparación es llamar a Kevin Love, que lleva todo el año sin jugar apenas y del que no se sabe nada en la élite desde hace ya tiempo... todo para que sea el propio Love el que se baje, reconociendo que no está para estos trotes. Por último, mala suerte es que los calendarios se solapen y las finales de la NBA coincidan casi con el principio de los Juegos... y muy mala preparación es llamar hasta a tres jugadores que están ahora mismo disputando esas finales y que corren el riesgo de incorporarse al equipo cuando la competición ya esté empezada y ellos agotados física y anímicamente.

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En fin, todo un desastre. El equipo debuta el domingo y lo hace contra Francia, ni más ni menos, la selección que les eliminó en cuartos de final del pasado Mundial. ¿Qué sentido tiene preparar ese partido con ocho jugadores y pretender que los otros cuatro cojan el ritmo sobre la marcha? Eso es ir muy sobrado por la vida. Por supuesto, puede salir bien porque, en fin, siguen siendo los mejores, pero los primeros amistosos han dado la muestra de lo que podemos esperar: derrota contra una Nigeria llena, eso sí, de jugadores NBA, derrota contra una Australia que tampoco mostró su mejor nivel y solo una victoria más o menos holgada contra Argentina, que siempre se toma los amistosos a cachondeo.

El partido contra España fue un parto. Al menos durante la primera parte, que fue la que se tomó en serio la selección de Scariolo. En la segunda, a descansar, que vienen curvas. Por supuesto, uno imagina un quinteto Lillard-Booker-Tatum-Durant-Green y es difícil encontrarle competencia, pero, ¿dónde está la sincronización en el juego?, ¿dónde estará la cabeza de los tres jugadores que vienen de vivir las dos semanas más intensas de su vida y de repente tienen que concentrarse en una competición extraña, sin público en las gradas, con cuarentenas forzosas...? Pasas de la adrenalina de decenas de miles de personas vociferando por el título más importante de su deporte a un remedo de la burbuja de Orlando del año pasado que tan poca gracia hizo a los jugadores.

El otro problema de Estados Unidos es que su desidia coincide con un momento maravilloso de muchas otras selecciones. España, campeona mundial, siempre va a estar al acecho. Lo mismo se puede decir de los viejos conocidos como Francia, Argentina o Australia. Pero es que incluso Italia lleva una selección ilusionante y qué decir de Eslovenia, con Luka Doncic al mando. De las doce selecciones, diez pueden meterse perfectamente en semifinales... y cuidado con los anfitriones, que tienen también jugadores de gran calidad. Esto ya no es 1992 ni siquiera 2012. Aquí no están Jordan ni LeBron ni Kobe ni Magic... hay muy buenos jugadores, sin más, que competirán contra otros enormes jugadores de otros países. No puedes afrontar una competición profesional con un enfoque tan amateur.

De repente, la puerta se ha abierto para muchas selecciones y muchos jugadores que jamás soñaron con ser campeones olímpicos. Entre ellos, por supuesto, los españoles, que tienen en el oro olímpico el único borrón en un palmarés de escándalo. Si a los tres europeos, los dos mundiales y las tres medallas olímpicas que ha conseguido esta generación le suma un oro en Tokio, pocos podrán dudar de que hablamos de la mejor selección FIBA de la historia. Si Estados Unidos no se lo quiere tomar en serio, que no se preocupe, alguien lo hará por ellos. Quedan cinco días para empezar a salir de dudas.

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