La autodestrucción del equipo Movistar como fenómeno televisivo

Guillermo Ortiz
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Photo by Chris Graythen/Getty Images
Photo by Chris Graythen/Getty Images

El año pasado, el equipo Movistar ganó la clasificación por equipos de las tres grandes vueltas. No solo eso: también se hizo con la individual del Giro (Richard Carapaz), colocó tres corredores entre los nueve primeros del Tour (Alejandro Valverde, Nairo Quintana y Mikel Landa) y peleó la Vuelta a España con los propios Valverde y Quintana hasta el antepenúltimo día, aquel de la caída de Roglic y los insultos de “Supermán” López.

Explicado así, uno podría imaginarse un año plácido, feliz, lleno de elogios y reconocimientos... pero fue justo todo lo contrario. Al equipo Movistar -único español en el World Tour y eso no ayuda- le cayeron palos por todos lados y buena parte de ellos justificados: los fans de Nairo acusaban al equipo de favoritismo hacia Valverde y Landa por ser españoles. Los de Landa no entendían que Nairo compartiera jefatura de filas. Los de Marc Soler se indignaban cuando le ordenaban sacrificar todos sus objetivos personales... y los de Valverde... bueno, los de Valverde estaban a Valverde y el resto les daba un poco igual. El “Bala”, con 39 años, sabe muy bien cómo esquivar cualquier fregado. Suficientes ha tenido en su carrera.

La suerte ha querido que este año de éxitos deportivos y fracaso comunicativo, esté recogido de inicio a final en el documental ‘El día menos pensado’, producido por TBS y ejecutado por el magnífico José Larraza, director durante años y años de “Informe Robinson” incluidos aquellos documentales sobre el éxito de la selección española de fútbol en la Eurocopa de 2008 y el Mundial de 2010. Supongo que en algún momento, en la dirección del equipo ha valorado la posibilidad de meter mano en el montaje o de directamente cancelar el acuerdo. No lo han hecho. Y el resultado es uno de los mejores “insiders” que un aficionado puede recordar.

En ‘El día menos pensado’ no hay concesiones. No es el típico homenaje adulcorado al héroe victorioso. No. Son todos humanos y de tanto desbordar humanidad, desbordan también imperfección a partes iguales. Los deportistas y los que los rodean tienen pánico a que la gente olvide que no son dioses y no se entiende bien. Ya sabemos que no lo son aunque los medios lo pretendan... y si les escuchas, si les comprendes, si vives con ellos esas imperfecciones, es mucho más fácil que después les admires.

La propia narrativa del año facilitó la del documental: empieza con el éxito de Carapaz y Landa en el Giro. Con la bonhomía de Chente García Acosta, el buen rollo constante, el sacrificio de los peones más jóvenes en beneficio de sus líderes... y luego va decayendo como decayó el propio equipo. Luego, en resumen, aparece Nairo Quintana. Y alrededor de Nairo Quintana y su lucha por el Tour de Francia, se va construyendo una espiral de mal rollo que nadie oculta. Ni él quería estar ahí ni ninguno de sus compañeros querían que él estuviera. La relación es gélida, sin más, inexistente. Llena de malentendidos y suspicacias. Aquel fue el Tour que empezó con una pésima contrarreloj por equipos y un Carlos Verona en baja forma y, ¿qué muestra el documental? Exactamente, eso. Directores deportivos destrozando a Verona, reconociendo falta de planificación, corredores que se acusan entre sí de no hacer las cosas como se debe...

Esa autodestrucción de las relaciones personales, esa incapacidad de comunicar al exterior lo planificado, permea cada minuto del reportaje. Si el vídeo que subió el equipo en plena ronda francesa para mostrar lo bien que se llevaban los líderes fue ridículo, en el documental se dice: lo dice Valverde, lo dice el veterano Eusebio Unzúe, lo dicen todos. No hay ni un segundo para la autocomplacencia. Todos los planes salen mal. O casi todos. Cuando salen bien, al día siguiente a alguien le da una pájara: Nairo, ya decimos, se siente arrinconado; Landa, desmotivado ante su “mala suerte”; Valverde, en su mundo, ajeno a todo. Carapaz... bueno, Carapaz es el único que parece feliz y es justo el primero que se va del equipo.

Porque nada de la autodestrucción del Tour se puede comparar con la de la Vuelta. La Vuelta en la que Carapaz iba a salir de líder y acabó con el hombro magullado y repudiado por todo su equipo. “Desleal”, le llama su director Lastras, y Carapaz ahí, aguantando el plano, con una media sonrisa. El relato que sigue es descarnado hasta lo cruel. Arrieta llamando “puto crío” a Marc Soler, Pablo Lastras, de nuevo, acusándole de no escuchar y no obedecer. Se lleva tortas hasta Pedrero por no gestionar bien una fuga. “Si no fuera por respeto a Unzúe, le bajaba de la bici y no se montaba más”, dice uno de los jefes. Descoordinación, caídas, incomprensión, soledad...

Esos desayunos tensos, silenciosos. Esas confesiones al masajista. Ese olvidarse por completo de que una cámara graba. El equipo de Landa, Quintana y Carapaz que va desgastándose y desapareciendo hasta convertirse en el equipo de Marc Soler (sí, el vapuleado Marc Soler) y Enric Mas. La necesidad imperiosa de un nuevo comienzo. Estoy convencido de que todo esto beneficiará al equipo en su complicada relación con el aficionado. Les querremos como lo que son: imperfectísimos seres humanos que no tienen miedo de mostrarse así. En ese sentido, la mejor defensa comunicativa del Movistar ha sido lanzar un buen ataque y no parece mala estrategia.

Por otro lado, abrirá heridas. A nadie le gusta que le falten al respeto pero en cualquier estructura profesional, eso se da mil veces. Ahora bien, que tu jefe lo venda a una tele y lo pase ante cientos de miles de aficionados... no sé si se entenderá tan bien. Lo bueno del “timing” es que hasta dentro de mucho no habrá carreras. Quizá para entonces todo el mundo haya olvidado este documental. De momento, es el gran fenómeno televisivo de los últimos años. Un prodigio inesperado. Lo pueden ver en Netflix... y en Movistar Plus, por supuesto, para redondear la ironía.

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