"Recurrir a prostitutas es muy común en el fútbol, y menos arriesgado que citarte con una civil"

Luis Tejo
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Nicklas Bendtner saluda al público durante un partido con el FC Copenhague.
Nicklas Bendtner durante un partido con el FC Copenhague la temporada pasada. Foto: Lars Ronbog / FrontZoneSport via Getty Images.

Los deportistas profesionales, sobre todo los que se dedican a actividades muy populares como el fútbol, están sometidos constantemente al escrutinio de la opinión pública. Como dicen en las películas de abogados, “cualquier cosa podrá ser utilizada en su contra”, así que muchos de ellos procuran mantener un perfil bajo para evitarse disgustos y polémicas innecesarias, y que no se hable de ellos más que por su rendimiento en el césped. Luego en su vida privada quién sabe las que pueden llegar a liar, pero al menos de cara a la galería son bastante discretos.

Por suerte para quienes nos dedicamos a contar historias, hay otros que más bien hacen todo lo contrario. Aprovechan que son jóvenes, famosos y ricos para disfrutar de la vida (cayendo a veces en excesos) y no solo no se molestan en disimularlo, sino que algunos hasta presumen abiertamente de sus andanzas. Mitos como George Best o Ronaldinho, eternas promesas como Guti o Mario Balotelli, elija cada uno a su juerguista favorito. Nosotros hoy nos quedamos con Nicklas Bendtner.

Y le escogemos por un buen motivo. El delantero, antiguo internacional danés que hoy, a sus 32 años, mata el tiempo en el Tårnby (un equipo de la cuarta división de su país en un suburbio de la capital) tras desvincularse el pasado invierno del FC Copenhague, publicó el año pasado su autobiografía, titulada Ambos lados; su lectura ayuda a comprender por qué el hombre que parecía que iba a ser la gran estrella del Arsenal de este siglo tuvo una carrera tan irregular, con multitud de cesiones y sin llegar de consolidarse en ningún sitio. Ahora va dando entrevistas en las que explica con aún más detalle algunos asuntos escabrosos.

En la última, concedida al diario inglés The Sun, relata que entre los futbolistas profesionales es absolutamente normal, y hasta rutinario, contratar prostitutas. “Es un fenómeno muy común. Todo el mundo en este negocio ha oído de alguien que lo ha hecho, especialmente en Inglaterra, donde es una tradición muy antigua”. Preguntado por casos célebres (como cuando Ronaldo Nazário, en 2008, fue acusado de contratar y no pagar los servicios de tres travestis), Nicklas considera que el brasileño y otros que se vieron involucrados en casos parecidos tuvieron “mala suerte” de que les pillaran “con las manos en la masa y los pantalones bajados”.

Muchos se preguntarán qué necesidad tienen jóvenes atléticos, físicamente atractivos, y con un buen trabajo y la economía resuelta para varias generaciones de recurrir a la prostitución. Bendtner tiene una explicación: el miedo. Según explica, “es menos arriesgado que citarte con chicas cuando sales por la ciudad. Y si ya estás en una relación y tienes tendencia a la infidelidad, como leí que le ocurre al 46 por ciento de los daneses, raramente te atreves a quedar con una ‘civil’ nunca más. No cuando eres un futbolista famoso”.

Nicklas Bendtner, en sus tiempos en el Arsenal, celebrando un gol.
Nicklas Bendtner, en sus tiempos en el Arsenal, celebrando un gol. Foto: John Walton/PA Images via Getty Images.

El atacante continúa su relato: “Conozco muchos incidentes con prostitutas, pero conozco la misma cantidad de extorsiones a través de las redes sociales. Hablamos de cazafortunas del ambiente nocturno que quieren pasar la noche contigo pero luego te sacan una foto cuando estás durmiendo desnudo. Con el as en la manga de esas fotos, luego pueden pedir cosas a cambio de mantener la boca cerrada. Y lo hacen”.

Por si te lo estás preguntando, sí, a él le ha ocurrido. Los hechos se remontan a 2009, cuando aún estaba en el Arsenal y era titular con cierta regularidad. “Una de las chicas con las que había estado volvió y me dijo que estaba embarazada. Que si quiero que ella haga algo al respecto, hay un precio que tengo que pagar. ¿A qué se refería? Le pregunté y me dijo que tenía que hacerme cargo de su operación de aumento de pecho. Así que acabé teniendo que pagar su viaje al cirujano plástico”.

Y hay más casos. “Otra noche, una chica tiró una piedra contra la ventana trasera de uno de mis Porsches. Yo estaba arriba en mi apartamento, oyéndola gritar y chillar, pero no salí. No había nada de lo que hablar. Ella se enfadó porque yo no quería seguir viéndola. Y una tercera noche con otra chica, ella se puso a revisar mi teléfono. Supongo que descubrió que tenía otras a las que veía aparte de ella. Así que a la mañana siguiente se había ido. Y con ella, mi ropa. La había tirado por la ventana y estaba en la acera”.

Para huir de todo eso, asegura, los futbolistas de élite recurren al sexo de pago. “Aunque tampoco sea la opción más segura del mundo, al menos las prostitutas tienen un negocio que mantener”. Está absolutamente normalizado: “Lo he visto de primera mano. Incluso el día anterior a un partido, cuando el equipo está en el hotel en algún lugar perdido en el mapa”.

De hecho, una forma común de entretenimiento durante estas concentraciones es practicar todo tipo de juegos subidos de tono. Bendtner recuerda una anécdota, aunque no ha querido especificar ni protagonistas ni ubicación o fecha: “No nos volvíamos a casa hasta el día siguiente, y en cuanto notamos que el pasillo del hotel se había quedado en silencio, dos de nosotros nos bajamos al bar. Nos pusimos a hablar con chicas locales”.

“De repente decidimos bañarnos desnudos en la piscina climatizada, que resulta que tenía un tobogán. Antes de que nos diéramos cuenta habíamos empezado una competición: una pareja tenía que juzgar a la otra mientras se deslizaba teniendo sexo en todas las posiciones posibles. Al día siguiente mi compañero apareció en el entrenamiento con las rodillas de color rojo brillante, de las rozaduras que se hizo con el tobogán cuando tenía a la chica a cuatro patas”.

Estas revelaciones vienen a ampliar las que ya había hecho en su libro, en el que repasa todo tipo de momentos, incluido el abuso sexual que sufrió a los 16 años. También muestra su arrepentimiento por haber desperdiciado su carrera dedicándose a la buena vida, con episodios como una borrachera tremenda, al borde del coma etílico, a los 18 años para celebrar que la selección danesa le había convocado por primera vez. La obra, escrita en colaboración con el periodista danés Rune Skyum-Nielsen, no está traducida aún al castellano; el nombre original en la lengua escandinava es Begge Sider, pero si dominas el inglés, la podrás encontrar fácilmente con el título Both Sides.

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