Lo último que necesita la ACB son las dudas de Mirotic con el coronavirus

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Photo by Joan Valls/Urbanandsport/NurPhoto via Getty Images
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Cuando la Euroliga anunció que renunciaba a acabar su temporada y que, por tanto, el cetro europeo quedaría vacante por primera vez desde la fundación del torneo en 1958, muchos pensaron que aquello era el fin del baloncesto en Europa como poco hasta septiembre. En la decisión de la Euroliga pesaron los conocidos problemas logísticos de reunir a equipos de diferentes países con diferentes situaciones epidemiológicas... pero sobre todo pesó el hecho de que algunos de los más importantes jugadores de la competición como Shane Larkin mostraran su temor y su intención de no participar en una fase final apresurada.

Comoquiera que buena parte de estas estrellas ya estaban en equipos cuyas ligas se habían dado por acabadas y a menudo habían vuelto a sus domicilios en Estados Unidos o donde correspondiera, a los equipos y a la patronal no les quedó más remedio que perder un buen montón de dinero y cancelar. Sin embargo, a nivel nacional siempre se pensó que podría acabarse la competición de alguna manera. Hay que entender que la situación del baloncesto ACB es tan precaria en lo económico que perder el dinero que aporta Movistar resulta inconcebible en este contexto. Después de barajar varias sedes, se eligió Valencia para alojar a los doce mejores equipos de la competición, dividirlos en dos grupos y decidir la semifinal y final a partido único. Una especie de Eurobasket casero.

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La decisión no encontró en principio reparo alguno. Ni siquiera la noticia del positivo de Francis Alonso parece haber torcido demasiados gestos. Se ha apartado al jugador y punto. Ahora bien, la historia de Alonso es curiosa porque no es nueva. Alonso dio positivo nada más llegar a Málaga desde Oviedo, donde había pasado el confinamiento. Pese a todo, al considerar que ya había pasado la enfermedad -al parecer, al positivo le siguió un negativo, aunque no se especifica si por test de anticuerpos o por reactivos (PCR)-, se le dejó entrenar con los demás compañeros. De hecho, según el Diario Sur, el rumor ya se había extendido por toda la ACB, pero no se conocía el nombre del jugador.

Si Francis ha estado entrenando durante todo este tiempo es porque, según los médicos, “ya no puede contagiar”. No se especifica más. El caso es que Alonso ha vuelto a dar positivo antes de viajar a Valencia y se le ha apartado ya definitivamente de la expedición. Tampoco se aclara en qué test ha dado positivo ni en qué cantidad. El comunicado del jugador no ayuda: habla a la vez de PCR y de anticuerpos. ¿Es posible dar positivo por PCR una vez pasada la enfermedad como tal? Sí, pero eso no tiene nada que ver con los anticuerpos sino con la carga viral que haya aún en el organismo y no deja de ser una interpretación.

Puede que esta ambigüedad, este secretismo, sea lo que ya haya colmado el vaso de la paciencia de algunos jugadores. Por ejemplo, Nikola Mirotic comentaba en Twitter la noticia y le añadía este expresivo gesto:

Mirotic está mosqueado y, salvo que se comparta todo el historial médico del jugador, tiene motivos para ello. Unicaja de Málaga y Barcelona comparten grupo y por lo tanto se enfrentarán en la fase inicial. Por mucho que se intente tranquilizar a los jugadores, el hecho de que un jugador positivo en anticuerpos haya estado en contacto físico con sus compañeros, hace que tengamos que tener especial cuidado. Es de entender que el protocolo incluye pruebas PCR a todos los que vayan a participar en la competición, pero también hay que tener en cuenta que ese test tiene problemas para detectar al virus en sus primeras fases, las presintomáticas. Y que esa fase puede durar tres días como dos semanas, aún no tenemos información fiable al respecto.

Si el tuit hubiera venido de otro jugador o de alguien de la prensa, probablemente habría pasado desapercibido, pero que venga del jugador más caro de la historia de la liga, estrella de uno de los dos clubes que manejan el cotarro de la ACB, habrá creado una pequeña conmoción interna. Más que nada porque tenemos el precedente de la Euroliga y convendría cuanto antes aplacar cualquier conato de rebelión por parte de los jugadores. ¿Cómo se hace eso? Convenciéndolos de que su seguridad no está en riesgo. ¿Es eso fácil? No, no lo es. Y no es lo mismo el riesgo que está dispuesto a correr un jugador de un equipo modesto al que le va su carrera en que se dispute esta competición que el que va a correr una superestrella con millones de dólares en su cuenta bancaria.

Aunque, por supuesto, no ha habido reacciones aún por parte de clubes ni de patronal, lo cierto es que la situación es objetivamente preocupante. Tanto que un segundo positivo por parte de otro jugador de Unicaja que se pudiera vincular directa o indirectamente con el de Francis Alonso, podría obligar a la suspensión de la fase final o, al menos, a la retirada del equipo malagueño de la misma. Esta misma circunstancia puede pasar en cualquier otro equipo, por supuesto, y no es lo deseable, pero esta divergencia en resultados de tests no apunta a nada bueno al menos en materia de comunicación.

Si esas explicaciones no convencen a Mirotic ni al Barcelona, si no convencen al Real Madrid o al Baskonia o a cualquiera de los grandes, la situación peligrará. Los pequeños, probablemente no puedan plantearse el lujo de la duda. El show, ya se sabe, debe continuar.

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