No dejan jugar con sus compañeras a una niña con síndrome de Down por pasarse de la edad

Jugadoras del equipo infantil del CV Esplugues. Foto: Instagram @clubvoleivolesplugues
Jugadoras del equipo infantil del CV Esplugues. Foto: Instagram @clubvoleivolesplugues

Algo muy extraordinario tiene que pasar para que la Copa de España de voleibol en categoría infantil femenina llegue a las páginas de la prensa nacional. Tan extraño mérito corresponde al club Esplugues, de esta ciudad en la provincia de Barcelona, o más bien a una de sus jugadoras, de nombre Laia. Aunque estamos completamente seguros de que es protagonista totalmente en contra de su voluntad.

Laia forma parte de la plantilla del Esplugues, con la que ha jugado durante toda la temporada en la liga regional catalana sin impedimento alguno. Sin embargo, al llegar al torneo nacional que se disputará en diciembre en Guadalajara, la Real Federación Española de Voleibol (RFEVB) ha vetado su participación. Su argumento, aparentemente, es irreprochable: el nivel infantil está reservado para adolescentes entre 12 y 13 años, así que Laia, que tiene 14, debería competir en cadetes, el nivel superior.

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Pero hay un matiz que lo cambia absolutamente todo. La joven voleibolista tiene síndrome de Down. El Esplugues la ha incluido en el equipo no por aprovechar ninguna hipotética ventaja competitiva, sino como parte de su proyecto de integración e inclusión de colectivos sensibles que lleva poniendo en marcha desde hace varias temporadas. Tal como recuerdan desde el club, “lo importante es participar”.

¿Por qué en un equipo de edad menor al que le corresponde? El Esplugues lo ha explicado en un comunicado a través de sus redes sociales. Los informes pedagógicos han determinado que, para tener un mejor aprovechamiento de sus capacidades, Laia necesita ir un curso por detrás del que le correspondería. Así lleva haciéndolo desde que tenía tres años tanto en el colegio como en otras actividades de ocio y tiempo libre, voleibol incluido, lo que le permite “aprender, afianzar conocimientos y crecer al ritmo que ella necesita”.

Y de hecho en los torneos catalanes participa sin ningún impedimento por parte de la federación territorial. Por eso, el club notificó a la RFEVB, de cara a la Copa, que pretendía contar con ella. Pero la respuesta fue negativa: se exigía a Laia que, si quería formar parte, debía hacerlo con las chicas de su grupo de edad correspondiente.

Ante las críticas surgidas, la RFEVB ha emitido otro comunicado en el que pretende aclarar la situación. Considera “absolutamente falsa” y “vil” la acusación de que prohíben jugar a la niña por el hecho de sufrir síndrome de Down, y recuerda que podría competir “sin ningún problema” en categoría cadete, ya que su ficha está tramitada con toda normalidad. Añade, además, que es “impropio de los tiempos que corren” descender a Laia a las infantiles, “relegándola a participar con un equipo de categoría inferior y privando a la deportista de la plena inclusión a la que tiene derecho”.

El club, sin embargo, insiste en la conveniencia de que Laia juegue con el equipo infantil en lugar del cadete, recalcando que lo que buscan no es mayor rendimiento en la pista, sino que la niña pueda disfrutar del deporte con sus compañeras de siempre. Incluso, tal como cuenta en su Instagram, “ha propuesto dar todos los partidos por perdidos, puesto que el objetivo primordial en estas edades es favorecer el crecimiento personal, fomentar el trabajo en equipo y, por supuesto, divertirse”.

Pero, protesta el Esplugues, “Parece ser que tanto la RFEVB como la Copa de España valoran más las normas que el beneficio común. Porque de la inclusión nos beneficiamos todos”. Y la opinión pública, en general, parece estar de su parte. De hecho, se ha creado el hashtag #LaiaJuega, que agrupa peticiones para que la Federación reconsidere su postura y permita a la joven seguir con sus compañeras.

Está por ver si los dirigentes federativos hacen caso al clamor. Porque es cierto que las normas se conocían de antemano y se promulgan con buenos motivos (fundamentalmente evitar que se hagan trampas). Pero en casos particulares como este no costaría nada hacer una excepción que no perjudicaría a ningún rival, permitiría a Laia disfrutar de su juego favorito con sus amigas de siempre, a las que ya conoce y con quienes se siente cómoda tras mucho tiempo juntas... y además, siendo puramente pragmáticos, daría muy buena imagen para un deporte que, en España, tiene su cuota de popularidad pero vive a la sombra de otros.

¿Tú qué crees? ¿La Federación hace bien en exigir que las reglas se cumplan? ¿O en este caso especial tendría que abrir un poco la mano? ¡Da tu opinión en los comentarios!

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