"No importa qué pase, confía en Dios": Los misteriosos carteles que aparecen en Miami, invitándonos a creer

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"Ahora, que a nadie le tengo miedo, y a nada le tengo fe". 

Pau Dones 

"Trust God, no matter what" ("No importa qué pase, confía en Dios"). Los carteles se multiplican casi desapercibidos por esquinas veredes de Miami. Es un mensaje silente, sin un llamado específico.
"Trust God, no matter what" ("No importa qué pase, confía en Dios"). Los carteles se multiplican casi desapercibidos por esquinas veredes de Miami. Es un mensaje silente, sin un llamado específico.
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¿Sería maravilloso, no creen? Que no importara qué problema estuviéramos atravesando sintiéramos esa certeza: que podemos confiar en Dios.

"Trust God, no matter what". Los carteles se multiplican casi desapercibidos por esquinas veredes de Miami. Es un mensaje silente, sin un llamado específico. Misterioso como, imagina uno, se expresaría Dios si decidiera confesar su existencia.   

Y no faltará quien, en medio de la pandemia, perciba estos recados como un sinuoso atenuante de procedencia divina. Y nada influye más en nuestra concepción de la vida, dicen ya médicos y paranormales, que nuestras propias creencias. 

De hecho, hasta hace nada -en términos históricos,- la vida humana era gobernada por ellas. Hasta que, alrededor del siglo XV, los seres humanos empezaron a darse cuenta de que la vida podía ser mejor si se dejaban llevar más por sus descubrimientos y creaciones, y menos por las representaciones absolutas de la fe.

No faltará quien, en medio de la pandemia, perciba estos recados como un sinuoso atenuante de procedencia divina.
No faltará quien, en medio de la pandemia, perciba estos recados como un sinuoso atenuante de procedencia divina.

El Renacimiento se convirtió en un antes y un después. A partir de ahí, la ciencia y las artes, la economía y la política, los individuos y la comprensión de la vida toda, iniciaron una carrera meteórica que nos ha traído hasta aquí, un tiempo caótico y lleno de taras (cuál tiempo no), pero que ha avanzado horrores para combatir enfermedades, esparcir la educación, celebrar la libertad, aspirar a que lo que nos toque (la economía) sea al menos justo. Dios ha ido dejando de ser el centro de nuestras vidas, y nuestros poderes creadores han ido ocupando peso específico.

Incluso los ateos, que son más cientificistas que otra cosa, se cierran en su escepticismo cuando se plantan los misterios. Porque ante los misterios, los seres humanos no hemos podido.

Sin embargo, habernos dado cuenta de nuestras facultades, considerar nuestros derechos y capacidades como individuos, abrirle la puerta a nuestra creatividad y al conocimiento, si bien nos ha dado una perspectiva mucho más promisoria como especie, tampoco ha sido una panacea.

Mientras más descubrimos y elaboramos, más parece que entendemos que es mayor lo que ignoramos. La naturaleza nos lo hace saber a diario. No sólo con sus fenómenos naturales, tan hermosos como homicidas, sino con el sinfín de hechos inexplicables que ocurren en nuestra diminuta cotidianidad.

Desde el azar de las conexiones neuronales hasta la muerte repentina: sabemos cómo llueve, pero no por qué llueve. Hemos registrado las vías de los vientos alisios, pero no su inicio, su propósito y su destino final.    

Incluso los ateos, que son más cientificistas que otra cosa, se cierran en su escepticismo cuando se plantan los misterios. Porque ante los misterios, los seres humanos no hemos podido.

La mayoría sigue pensando que hay un Dios, un ente, que tiene consciencia y nos hurga, nos dispone, nos pone pruebas, nos da premios.

Algunos dioses son menos maniqueístas y más evolutivos, como los orientalistas, que desde el hinduismo más primitivo hasta el zen más occidentalizado en general le añaden a la visión de la vida varias perspectivas y dimensiones que, en el peor de los casos, hace que nos narremos de forma más poética.

El carte misterioso en las calles de Miami dice: "No importa qué pase, confía en Dios"
El carte misterioso en las calles de Miami dice: "No importa qué pase, confía en Dios"

Los románticos o los que pasan por fases románticas afirman que Dios es amor, en todas sus fases, y que el amor, a su vez, es una expresión de lo divino.

Algunos agnósticos podemos tener una percepción extrasensorial de que a veces parece haber un orden, pero es una visión tan etérea que no tenemos acceso a descifrarle. Aunque, en general, la vida es una permanente interrogante que en ocasiones nos frustra, en otras nos maravilla, y a veces no tiene significado en el momento, aparece después, o nunca.

Pero sí, sería hermoso pensar que, como en los letreros que están apareciendo en las calles de Miami, no importa en qué lugar de la vida nos encontremos, confiemos en Dios.   

PD: El misterioso cartel que aparece y desaparece por esquinas de la ciudad, podría pertenecer a la iglesia United, que en su página web usa el mismo slogan para promocionar una iniciativa que recaba fondos para homeless en época de Coronavirus. Pero no hay nada concreto que pruebe ésta relación.   

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