Nos roban “literalmente”

Si no han salido a la calle en los últimos días a manifestarse y prender fuego a cuanto se les ponga por delante, será por pereza. Motivos hay más que de sobra y hoy me he propuesto darles el más poderoso de todos: nos roban. Nos roban la palabra ‘literal’, concretamente.

Trato de no escribir muchos artículos como este, porque una cantidad increíble de gente confunde la preocupación por el uso del lenguaje con la intolerancia al error ajeno. Hoy me arriesgo con gusto a hacer una excepción que ni siquiera ha merecido la coma del vocativo, la gran maltratada en los titulares de la prensa deportiva española.

Creo que no había cumplido los nueve o diez años cuando en el colegio me explicaron la diferencia entre sentido literal y sentido figurado. No estamos hablando de episteme inasible ni pretendo yo aleccionarles desde mi atalaya de licenciado en Periodismo, que vaya birria de atalaya, por cierto. Cursaría 4º o 5º de EGB cuando nos enseñaron a distinguir lo literal de lo figurado, y yo diría que en clase nos quedó claro a todos. A usted también, imagino.

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La hecatombe comenzó cuando algún alumno que ese día no acudió a clase hizo carrera en nuestra prensa y comenzó a diseminar la idea contraria: llamar literal a lo figurado. Como nuestros medios, y en especial los deportivos, tienden al imitacionismo más perezoso y acrítico, el error derivó en plaga. En los últimos años, y más aún en los últimos meses, no paro de oír la expresión “literalmente” para referir cosas que no son literales sino justo lo contrario.

Luis Suárez celebra un gol, literalmente. (Foto: EFE/Javier Etxezarreta)
Luis Suárez celebra un gol, literalmente. (Foto: EFE/Javier Etxezarreta)

Hace un año creé un hilo de Twitter en el que he ido recogiendo unos cuantos navajazos al concepto. Casi todas derivan en delitos (“El jugador del Schalke le ha robado la cartera literalmente”, de Javier Véliz), sucesos (“El Coliseum se viene abajo literalmente” y “El banquillo del Valladolid se ha venido abajo, literal”, ambas de Isabel Forner) y toda suerte de atrocidades: de las desmembraciones (“Douglas Costa ha perdido literalmente la cabeza”, de Álvaro von Richetti) al canibalismo (“Marcelino ha salido a comerse literalmente a Guedes”, de Cristina Bea, “Djokovic se ha desayunado literalmente a Pouille”, de Manolo Lama, o “Los jugadores del Eibar se comieron literalmente a Odriozola”, de David Sánchez). “Literalmente” es el nuevo aumentativo, la coletilla que hay que emplear para dar énfasis a lo que decimos, sin pararnos a pensar que resulta una ridiculez. El pasado sabado, en los primeros compases del Eibar-Barcelona, Alfredo Martinez dijo en Onda Cero que Luis Suárez le había “hecho literalmente una sotana” a Arbilla.

De tanto pervertir la palabra “literal”, estamos a punto de hacerla desaparecer. De hecho, parece ya una batalla perdida ante la que sólo podemos reírnos. Es sólo cuestión de tiempo que la Real Academia Española, cuya filosofía no es proteger el lenguaje sino normalizar los malos usos, acabe admitiendo esta nueva acepción. Literal se convertirá en su antónimo y ni siquiera tendremos el consuelo de ser pioneros en ello. Es como si desapareciera la palabra ‘bajar’ porque utilizamos el verbo ‘subir’ de manera indistinta para ir arriba y para ir abajo. Y cuando alguien nos pida que subamos, no sabremos adónde ir. Literalmente.

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