Novak Djokovic no está para dar lecciones de coronavirus al Open de Australia

Guillermo Ortiz
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Men's singles world number one tennis player Novak Djokovic of Serbia sits on his hotel balcony in Adelaide on January 18, 2021, one of the locations where players have quarantined for two weeks upon their arrival ahead of the Australian Open tennis tournament in Melbourne. (Photo by Brenton EDWARDS / AFP) / -- IMAGE RESTRICTED TO EDITORIAL USE - STRICTLY NO COMMERCIAL USE -- (Photo by BRENTON EDWARDS/AFP via Getty Images)
Photo by BRENTON EDWARDS/AFP via Getty Images

Australia es uno de los pocos países del mundo que no tiene que preocuparse por cuántas vacunas recibe y cuántas administra porque ya ha doblegado al virus o al menos lo tiene ahí acorralado. Sus cifras son espectaculares en comparación con Europa o Estados Unidos y en rigor solo pueden compararse con las de Nueva Zelanda, donde se ha seguido la misma doctrina de combatir al virus y no “convivir” con él. ¿Cómo lo han conseguido? Bueno, pues controlando mucho las fronteras -es fácil siendo una isla-, obligando a todos los recién llegados a cuarentenas estrictas y no saltándose ninguna norma dentro de su estricto proceder. En Australia, no hay excepciones y la ley es igual para todos. En cuanto se descubre un minúsculo brote, se cierra todo el área durante dos semanas. Si el área tiene 250.000 habitantes, como sucedió recientemente con las playas de Sydney, les da igual. Es el método y funciona y punto.

Quizá la única gran excepción que se haya hecho durante estos meses por parte del departamento de Victoria, con capital en Melbourne, es permitir que se celebre el famoso Open de Australia. Durante mucho tiempo, no estuvo nada claro que las autoridades lo fueran a permitir, pero, en fin, los patrocinadores, la imagen, el dinero... todo eso influye mucho en cualquier decisión. Ahora bien, las exigencias a la organización fueron claras: los tenistas y sus acompañantes serían tratados exactamente igual que cualquier otro ciudadano que visitara el país: al llegar, catorce días de cuarentena vigilada. Exigencia de PCR negativo en todo momento. Control absoluto de movimientos a partir de ahí tanto de los deportistas como de su entorno.

Muchos se borraron de tanta exigencia, Roger Federer entre ellos. Otros han preferido ir y pasar por todo eso, que no es poco. Les compensa. Insisto, hay mucho dinero y mucho prestigio en juego. Ahora bien, cuando estás en una situación así, cualquier giro de mala suerte lo cambia todo y complica aún más las cosas. Mientras los mejores tenistas del mundo volaban en vuelo exclusivo a Adelaida para hacer ahí su cuarentena en buenos hoteles preparados por la organización, con calendarios de entrenamiento escasos pero existentes, el grueso de los participantes voló directamente en charters de la organización a Melbourne, con la mala suerte de que varios de ellos -72 para ser exactos- coincidieron en sus vuelos con otros pasajeros que han dado positivo a la llegada. Desde ese momento, el departamento de Victoria les considera “contactos estrechos” y la cuarentena ha de ser total. No pueden salir de sus habitaciones... y las quejas se han multiplicado, claro.

¿Tienen sentido esas quejas? Sí y no. Hay muchas capas que analizar aquí. Desde el punto de vista legal y sanitario, no hay nada que hacer. Roberto Bautista ha acusado a las autoridades de “no entender nada de tenis”, pero es que ese no es su trabajo. Su trabajo es seguir un protocolo que ha librado a su país de miles de muertos. Ahora bien, dicho esto, no parece que las condiciones de confinamiento sean las ideales: aunque probablemente la foto del ratón en una de las habitaciones sea anecdótico, la idea de pasarte 24 horas metido en un habitáculo cuando eres un deportista joven, acostumbrado al ejercicio físico constante debe de ser muy frustrante. Aparte, hay un agravio comparativo claro: ¿por qué unos pueden estar entrenando ahora mismo en la Rod Laver Arena, otros están jugando exhibiciones y la mayoría no puede ni bajar a tomar el desayuno? ¿Cómo afrontará cada uno el torneo cuando llegue el momento?

A esto se ha referido Novak Djokovic como presidente del sindicato de jugadores y número uno del mundo en una carta a las autoridades, pidiendo que entiendan que ellos son distintos y que necesitan para trabajar unas condiciones que ahora mismo no disponen. Bueno, Djokovic sí dispone de algunas de ellas, pero otros no. En su carta, pedía al departamento de Victoria seis cambios en las medidas actuales que consideraba claves para los afectados. Sin entrar en si estos seis puntos son lógicos o no, vamos a pensar un momento en el señor que lleva la política contra el coronavirus en Victoria, que lleva un año luchando porque la cosa no se salga de madre, que lo ha conseguido aunque sea movilizando toda clase de recursos y confinando poblaciones... y ve que el que le pide que haga una excepción es Novak Djokovic. El mismo Novak Djokovic que se deja fotografiar sin mascarilla. El mismo que organizó este verano el AdriaTour, con sus fiestas nocturnas incluidas.

Obviamente, la respuesta a todas las peticiones ha sido un rotundo “no”. La ley es la ley para todos. Otra cosa son las condiciones de vida, que obviamente tendrán que ser mejoradas por la organización si así se requiere, pero un contacto estrecho de un positivo ha de quedar aislado, no hay otra. En Europa funcionamos de otra manera y no lo entendemos, pero no nos ha ido mejor, precisamente. ¿Hubiera cambiado mucho la cosa si esa carta la hubiera enviado Rafa Nadal? Quiero pensar que no, pero no puedo evitar una cierta sensación de que se lo hubieran pensado dos veces. Algunos colegas acusan a Djokovic de “postureo”, de no poner demasiado empeño en realidad en sus protestas... pero Djokovic no pinta nada como no pinta nada Tennis Australia. Insisto, no hay atajos.

El mundo del tenis se empeñó en celebrar su primer torneo del Grand Slam del año y todo apunta a que lo va a conseguir. Ahora bien, no va a ser a cualquier precio. Si hay un desagravio deportivo -y sin duda lo hay-, tendrá que corregirse de alguna manera u optar por un boicot. Entiendo que muchos de estos veinteañeros digan “¿Para qué voy a pasarme aquí dos semanas, perder mi estado de forma y caer en primera ronda contra uno de los privilegiados que está ahora mismo entrenando cuando puedo volverme a mi país y seguir con mis rutinas?”. Es probable que bastantes, de hecho, se vuelvan. Da la sensación de que alguien no ha sido claro en todo esto, como si se les hubiera dado esperanzas que no eran tales o como si los tenistas hubieran asumido que la “burbuja” australiana iba a ser tan “férrea” como la del US Open o el Roland Garros, donde no pasó nada de milagro. En Melbourne, no se ve a esta comitiva con admiración sino con miedo. Así ha sido desde que se anunció que venían. Hay cosas mucho más importantes que el deporte, aunque quizá sea lógico que los deportistas no piensen lo mismo.

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