Por qué es injusto sospechar de Djokovic cada vez que se lesiona

  • ¡Vaya!
    Se ha producido un error.
    Vuelve a intentarlo más tarde.
Guillermo Ortiz
·5 min de lectura
  • ¡Vaya!
    Se ha producido un error.
    Vuelve a intentarlo más tarde.
Serbia's Novak Djokovic reacts after a point against Canada's Milos Raonic during their men's singles match on day seven of the Australian Open tennis tournament in Melbourne on February 14, 2021. (Photo by David Gray / AFP) / -- IMAGE RESTRICTED TO EDITORIAL USE - STRICTLY NO COMMERCIAL USE -- (Photo by DAVID GRAY/AFP via Getty Images)
Photo by DAVID GRAY/AFP via Getty Images

Cualquier deportista sabe lo que es jugar con dolor. El deporte profesional es básicamente eso: una sucesión de molestias constantes a las que te vas sobreponiendo. El que mejor lo hace acaba ganando. No hay nada saludable en esta industria, cada día de tu vida llevas a tu cuerpo a unos umbrales de exigencia completamente brutales. Aun así, es raro que un deportista de élite reconozca que está lesionado porque eso envalentona al rival. En serio, no hay ninguna ventaja en reconocer una debilidad. Puedes exagerar en medio de un partido, puedes intentar cambiar el ritmo del juego o el del rival, desconcentrarle... pero inventarte de la nada una lesión y amenazar con la retirada de un torneo del Grand Slam cuando en realidad estás como una rosa es inconcebible.

Y, sin embargo, buena parte de los aficionados lo conciben cuando se trata de Novak Djokovic. Es cierto que el serbio tiene un historial de tiempos muertos médicos en momentos complicados... pero también lo tiene de lesiones que le han obligado a competir a un nivel muy inferior al habitual. Desde que empezara con sus problemas de codo, hombro y espalda allá por 2017, da la sensación de que el serbio juega lesionado siempre. No hay más que verle sacar para confirmarlo. Nunca, desde su transformación de 2011, ha sido tan inseguro en el saque como en los últimos dos-tres años, lo que le exige una concentración al resto casi inhumana. Djokovic juega lesionado y a veces necesita parar y a veces, no. Normalmente, cuando estás tan lesionado como para tener que parar un partido, coincide que vas perdiendo o que has perdido dos o tres juegos seguidos. No hay nada raro en ello.

Que la gente no lo entienda o que tantos fans piensen que a Djokovic en realidad no le pasa nada y que se fue a los cinco sets con Taylor Fritz sin apenas moverse durante una manga y media por puro capricho, da una idea de la magnitud del odio que existe en el entorno del tenis hacia el serbio. Es complicado encontrar un caso parecido de campeonísimo con tan mala prensa. Incluso entre sus compañeros, el australiano Nick Kyrgios ha aprovechado para cargar contra él e insinuar que, efectivamente, es un farsante y un mentiroso. Curiosamente, Rafa Nadal, que está en la misma situación, que lleva desde el primer partido diciendo que no está en condiciones y que probablemente tenga que retirarse en cualquier momento, ha llegado a cuartos de final sin perder ni un solo set y nadie está poniendo en duda su lesión. Todos sabemos que Rafa vive con las lesiones y lo aceptamos, pero cuando le toca a Nole... las dudas se disparan.

Más curioso aún es que todo esto pase en un torneo que Djokovic ha ganado ocho veces desde aquel primer triunfo en 2008. Debería ser todo un héroe en Australia, y el tipo lo intenta: siempre ha dicho lo especial que es el torneo para él, siempre ha dado lo máximo de su tenis en un momento complicado por lo pronto que está colocado en el calendario, siempre ha intentado lo que no consigue: caer bien. Incluso en el partido contra Fritz, al menos en la parte en la que el público estaba presente, porque luego lo desalojaron, se vio cómo la grada se ponía de parte del estadounidense por puro enfado con el serbio. Es como si todos estuviéramos esperando el más mínimo error, el más mínimo problema, para echarnos encima del número uno del mundo. Como si le quisiéramos dejar bien claro que ese no es su sitio, que está de alguna manera usurpando un lugar en el panteón que solo pertenece a nuestros queridos y perfectos Roger y Rafa.

Que Djokovic no lo lleva nada bien, lo sabemos. Que su entorno lo vocaliza demasiado, también. Esto crea un círculo vicioso que no ayuda a resolver la situación: el jugador se sumerge cada vez más en su burbuja de adeptos y estos cada vez le dejan más claro que está solo contra el mundo, que en realidad solo puede contar con ellos, que todos los demás le odian. Es curioso que no haya mayor simpatía por un hombre que lleva quince años dejándose la piel en la cancha, que conjuga el talento con la lucha como quizá solo Rafa Nadal lo haya hecho en este deporte y que llevaba camino de convertirse en el jugador con mejor palmarés de la historia... precisamente cuando las lesiones le empezaron a impedir disputar tres torneos seguidos al máximo nivel.

Nadie sabe lo que pasará en este Open de Australia. Puede que Djokovic pierda su próximo partido contra Alexander Zverev, y en cuyo caso se le recordará que sigue a tres grandes de Federer y Nadal o puede que lo gane, en cuyo caso se insistirá en que lo ha hecho con malas artes, haciendo creer a su rival que sufre una lesión que no es tal. En el fondo, igual que Parker Lewis nunca perdía, Novak Djokovic casi nunca gana. Quizá tengan que pasar años y años para que llegue una nueva generación de aficionados al tenis que no le vieran jugar, para apreciar su grandeza. Porque sí, Novak es un grande, y lleva tres, casi cuatro años jugando lesionado... y, por supuesto, es desesperante: sus gurús, su prepotencia, sus quejas, sus celebraciones excesivas, toda esa burbuja que mencionábamos antes. Pero de ahí a considerarle un mentiroso y un farsante va un mundo. Que se haga con cierta impunidad, sorprende.

Otras historias que te pueden interesar: