Acusan a Djokovic de machista por olvidarse del tenis femenino al hablar de "la mayor rivalidad de la historia"

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Novak Djokovic y Rafa Nadal se dan la mano tras jugar la final de Roland Garros.
Novak Djokovic (derecha) saluda a Rafa Nadal tras la final de Roland Garros el pasado domingo. Foto: Xinhua/Gao Jing via Getty Images.

Novak Djokovic lleva un año 2020 particularmente desafortunado, más todavía que el común de los mortales. Hay que reconocer que hay veces que se las busca, como cuando dio crédito a teorías conspiranoicas sobre el coronavirus y las vacunas e incluso él mismo acabó infectado tras organizar una fiesta. Otras pueden considerarse pura mala suerte, léase la vuelta a la competición en el Open de Estados Unidos que se vio truncada porque dio la casualidad de que lanzó sin mirar una pelota y justo fue a pegar en una juez de línea, motivo por el que le descalificaron. Y en Roland Garros hizo un buen torneo en el que tuvo un mal día: el de la final contra Rafa Nadal, donde no es ya que el mallorquín fuera superior (que también), sino que el serbio estuvo muy lejos de su mejor nivel y no opuso resistencia.

La fatalidad se ha instalado en el cuerpo del tenista balcánico, hasta el punto de que ya las lía hasta sin darse cuenta y, probablemente, sin tener la menor intención. De hecho, al contrario, lo que parece que pretendía era alabar al oponente que acababa de derrotarle. Porque le reconoció como su “mayor rival” y recordó que se había enfrentado a Nadal más que a cualquier otro jugador del circuito, y por tanto su duelo personal es “el mayor de la historia de este deporte”.

Hay que hilar fino para sacar algo criticable de tales declaraciones. Pues no falta quien lo consigue. Se trata de Chris Evert, jugadora que estuvo en activo en el circuito femenino entre 1972 y 1989, y que ha considerado conveniente replicar contando su propio caso.

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Bueno, es cierto... en tenis masculino... Martina Navratilova y yo jugamos 80 veces.

Evert alude precisamente a la lucha por el primer puesto mundial que mantuvo durante los años ‘70 y ‘80 del siglo pasado contra Martina Navratilova, nacida en lo que entonces era Checoslovaquia pero más tarde nacionalizada estadounidense. De los 39 Grand Slams disputados entre 1978 y 1987 (el de Australia de 1986 no se celebró por una reorganización en las fechas), entre las dos ganaron todos menos once, incluyendo todos menos uno entre 1982 y 1986. Además, entre 1975 y 1987 ellas dos monopolizaron el liderato del ranking todo el tiempo salvo 23 semanas.

Las dos fueron jugadoras extraordinarias, aunque a la hora de compararlas hay que reconocer que la estadística sale ligeramente favorable a Martina. En los 80 enfrentamientos directos la praguense se impone 43-37, y si nos quedamos solo con las finales es 36-24. En la cantidad total de Grand Slams ganados están empatadas a 18; Evert era particularmente dominante en Roland Garros (7) y el Open de Estados Unidos (6), mientras que el territorio favorito de Navratilova era Wimbledon (9). Todas estas cantidades son, todavía, récords absolutos en cada torneo, aunque el norteamericano está compartido con Serena Williams.

Todo esto es contando solamente títulos individuales, porque ambas, sobre todo Martina, eran también bastante fuertes en dobles. De hecho, se da la circunstancia de que alguna vez compitieron juntas: de hecho, se proclamaron campeonas de Wimbledon en 1976.

Chris Evert (izquierda) y Martina Navratilova sujetan el trofeo de dobles de Wimbledon que ganaron juntas en 1976.
Chris Evert (izquierda) y Martina Navratilova sujetan el trofeo de dobles de Wimbledon que ganaron juntas en 1976. Foto: S&G/PA Images via Getty Images.

Simplemente a efectos comparativos, Nadal y Djokovic se han enfrentado por ahora 56 veces, de las que el belgradense ha ganado 29 y el mallorquín 27. Teniendo en cuenta que Rafa tiene 34 años y Novak uno menos, no parece muy probable que les dé tiempo a alcanzar las cifras de las dos mujeres que les precedieron hace ya 40 años. Eso sí, en su defensa hay que reseñar que ha habido una tercera superestrella, Roger Federer, que también ha tenido su gran cuota de protagonismo en este tiempo, mientras que el apogeo de Evert y Navratilova se produjo cuando las figuras anteriores (Evonne Goolagong, Margaret Court, Billie Jean King) estaban en pleno declive y las posteriores (Steffi Graf, Monica Seles, incluso Arantxa Sánchez Vicario) todavía no habían llegado a la élite.

Juzgue el lector si, en un deporte en el que (como en casi todos) la competición está separada por sexos, era realmente necesario matizar que Djokovic se refería al cuadro masculino en el que él participa porque no se podía sobreentender, o si la omisión de Navratilova y Evert es un simple descuido o un intento consciente de minusvalorar el deporte femenino. De momento, la réplica de Chris se ha llevado abundantes aplausos y contestaciones que se muestran en la misma línea que ella.

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Y por trillonésima vez se da un dato que olvida a los habitantes femeninos del planeta. ¡80 veces! ¡Impresionante! Aplausos.

Por alusiones, la propia Martina Navratilova se ha metido en el debate... por un lado para decir que no, no se sobreentiende nada:

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— Creo que todo el mundo sabía que hablaba de tenis masculino. Por suerte, no hace falta mencionar “tenis masculino” o “tenis femenino” cada vez que hablamos de un partido (solo por ser políticamente correctos).

— Salvo porque lo hacen cada vez que hablan de mujeres: tenis femenino, baloncesto femenino, etcétera. Con los hombres no se dice... la mayoría de las veces... podemos hacerlo mejor.

Y por otro, para tratar de desmontar un argumento que se da a menudo con intención de quitarle mérito al tenis femenino con respecto al masculino: que los partidos son más cortos (a tres sets en vez de a cinco):

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— Absolutamente correcto, pero la diferencia inexplicable es que los hombres juegan al mejor de cinco sets y las mujeres a la mejor de tres. Soy un corredor de larga distancia e ironman... todos competimos sobre la misma distancia y recorrido. El tenis da el mismo dinero en premios de Grand Slam por competiciones radicalmente diferentes.

— Estoy harta de esta historia. ¡Siempre lo mismo! Nos ofrecimos a jugar cinco, pero la Federación Internacional de Tenis dijo que no. Los hombres deberían jugar a tres, en mi opinión, pero eso nunca va a ocurrir...

Dadas las circunstancias, lo mejor que puede pasar es que Djokovic cierre la boca hasta, por lo menos, que empiece el año que viene. Así minimizará el riesgo de meterse en otro conflicto, aunque sea sin darse cuenta. No obstante, con una figura tan controvertida como la suya nunca se sabe: no sería sorprendente que se diera alguna circunstancia en la que simplemente el hecho de quedarse callado generara polémica.

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