Por mucho que fastidie, Djokovic ya es mejor que Nadal y Federer

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MELBOURNE, AUSTRALIA - FEBRUARY 22: Novak Djokovic of Serbia poses with the Norman Brookes Challenge Cup after winning the 2021 Australian Open Men's Final, at Brighton Beach on February 22, 2021 in Melbourne, Australia. (Photo by Andy Cheung/Getty Images)
Photo by Andy Cheung/Getty Images

Imaginemos por un momento que Djokovic fuera un tipo simpático. Que no destrozara raquetas en la pista, que no celebrara las victorias como si fuera Hulk Hogan o que su entorno no viviera en un continuo "nosotros contra el mundo" instalado en la prepotencia. Imaginemos que Djokovic no hubiera tenido que jugar desde su llegada a la élite el papel de "intruso", de presencia incómoda llamada a estorbar el camino de nuestros admirados Roger y Rafa, tan buena pareja que hacían, tan educados, tan sonrientes, tan perfectos. Si todo eso fuera así, si Djokovic no nos cayera tan mal y no hubiera hecho todos los esfuerzos del mundo por mantenernos en nuestro prejuicio, ¿sería posible pensar que no es el mejor jugador de la historia? Me parece muy complicado.

Todo tipo de clasificaciones de ese tipo tienen algo de concurso de popularidad que hay que tomar con mucho cuidado. De entrada, si alguien dijera "el mejor de la historia es Rod Laver" (ganó el Grand Slam completo dos años, no tiene 20 grandes simplemente porque pasó a profesionales antes de la Era Open) o "el mejor de la historia es Bjorn Borg" (se retiró con 25 años y 11 grandes, jugó 4 veces la final del US Open, solo se acercó una vez a Australia y no volvió por allí) tampoco le podríamos llamar loco. Sin embargo, la apabullante cantidad de torneos del Grand Slam que han acumulado Federer, Nadal y Djokovic... y el hecho de que hayan coincidido en el tiempo y no haya que apelar al "tenis-ficción" hace que los suyos sean los nombres que más se repiten cuando hablamos de tan codiciado galardón virtual.

Enumerar los méritos de cada uno sería larguísimo. Si los tres están en la discusión es porque los tres lo merecen. Nadie va a volver a ganar trece veces Roland Garros (y las que quedan). Nadie va a acercarnos a "la gran belleza" como Roger Federer deslizándose por la hierba de Wimbledon. Eso ya lo sabemos. Es momento de poner en perspectiva lo de Djokovic, porque es más contundente pero menos mediático. ¿Cómo puede ser mejor el serbio que sus dos grandes rivales si ha ganado dos torneos del Grand Slam menos que ellos? Bueno, pues porque no todo en la vida son grand slams, hay que buscar equilibrios. ¿Me parece una gran diferencia ganar 20 o ganar 18? La verdad es que llegados a esas cifras, poco importa. Desde la hinchada serbia, bien se podría decir que Federer ya había ganado once cuando Nole llegó a su primera final de un grande en el US Open 2007, con apenas 20 años. También se podría apelar al hecho de que, fuera de Roland Garros, Nadal "solo" haya ganado siete.

Si elegir al mejor consistiera en hacer una suma de grandes títulos, no harían falta grandes expertos en la materia. El asunto es todo lo demás. En el caso de Djokovic, "todo lo demás" es haber ganado absolutamente todos los Masters 1000, algo que nadie ha hecho en la historia, haber ganado la Copa Davis y haberse llevado cinco veces las ATP Finals (el "Masters" de fin de temporada de toda la vida). Y aun así, todo esto puede que no le llevara más que al empate, quizá incluso a una pequeña desventaja respecto a Federer y Nadal porque no voy a comparar Montreal con el US Open, obviamente. Lo que realmente diferencia a Djokovic de sus rivales, lo que le pone (de momento) un punto por encima son dos estadísticas para mí decisivas: de entrada, les ha ganado a los dos en los enfrentamientos directos (27-23 contra Federer, 29-27 contra Nadal) y si es cierto que ambas diferencias son escasas, no lo es menos que si contamos solo desde 2011, los diez años de esplendor del serbio, cuando por fin consiguió ponerse a la altura de los dos grandes dominadores, el parcial es de 22-10 y 22-11 respectivamente.

Como se puede ver, aquí ya la cosa cambia. Djokovic, en su esplendor de los últimos diez años, ha sido muy superior a un coetáneo como Nadal y a un veterano como Federer. El otro dato que consolida esa superioridad es que pronto el serbio se va a colocar como el tenista con más semanas en el número uno del mundo... y aún le quedan unas cuantas. Insisto en el mérito que tiene eso cuando hasta 2011 no llegó a lo más alto... y cuando sus rivales durante estos diez años casi han sido los otros mejores de la historia más un Andy Murray que siempre se ha mostrado batallador. Si eres el número uno de tu década, si has ganado dos de cada tres partidos a tus máximos rivales durante tus años de esplendor (que son diez, ojo, no dos) y si, de tus 18 grandes, les has ganado 8 a alguno de los dos (Rafa tiene el récord en ese sentido, con 11), ¿por qué no proclamarte el mejor? Les has batido en la cancha, les has desquiciado fuera de ella, no parece que tu final esté cerca como sí está el de Federer... ¿acaso no le daríamos el reconocimiento sin dudarlo si nos cayera mínimamente bien?

Ahora bien, insisto, decidir quién es el mejor jugador de la historia es un concurso de popularidad y Djokovic, popular, no es. Dirán de él que es mal deportista, que finge lesiones para cortar el ritmo al rival, que es altivo en sus declaraciones y en su comportamiento, que no representa bien a sus compañeros... Creo que solo hay una cosa que nos podría sacar definitivamente de dudas: teniendo en cuenta que ya le ha ganado tres finales de Wimbledon a Federer, Djokovic necesita ganarle de una vez una final de Roland Garros a Nadal. Ha tenido tres oportunidades para hacerlo y ni se ha acercado. La próxima vez que ambos se den cita en París uno tendrá como mínimo 35 años y el otro, 34. No son dos críos, precisamente. A Federer vamos a dejarle de momento fuera de la pelea porque sigue lesionado y los que cumple en agosto son 40. Cualquiera de ellos defendería el GOAT de manera ejemplar, pero hay que elegir a uno. O no. Igual el mejor jugador de la historia tiene tres cabezas y tres raquetas y tampoco pasa nada.

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