Cuando la seguridad de Novak Djokovic se convierte en soberbia

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PARIS, FRANCE - OCTOBER 11: Finalist Novak Djokovic of Serbia, winner Rafael Nadal of Spain during the trophy ceremony of the Men's Final on day 15 of the 2020 French Open on Court Philippe Chatrier at Roland Garros stadium on October 11, 2020 in Paris, France. (Photo by John Berry/Getty Images)
Novak Djokovic cree que este año podrá derrotar a Rafa Nadal en Roland Garros. Foto: John Berry/Getty Images

Llega la temporada de tierra batida y se produce una especie de reseteo físico y mental. Los cuerpos se adaptan a la nueva superficie y las cabezas tienen que cambiar el chip, armarse de paciencia y acostumbrarse a sufrir. Hay algo de cíclico en este proceso que se repite todos los años: en principio, todos empiezan de cero pero hay uno que parte con la ventaja del dominio absoluto de las últimas quince temporadas. Rafa Nadal lleva desde 2005 arrasando en la primavera europea: no solo ha ganado Roland Garros en trece ocasiones sino que se ha impuesto once veces en Montecarlo, otras once en el Godó, nueve en Roma y cinco en Hamburgo/Madrid.

Y a su vez, a lo largo de estos dieciséis años, la némesis de turno -Federer hasta 2011, Djokovic desde entonces- se empeña en repetir a la prensa, con mayor o menor convicción, que por fin las cosas van a cambiar, que ellos saben lo que tienen que hacer, que se están preparando como nunca y que el objetivo es llegar a París a tope de forma y no caer en los errores anteriores. El serbio, de hecho, no deja de repetirlo estos días, más o menos con esas mismas palabras. Es curioso que a punto de cumplir 34 años, alguien siga tropezando en la misma piedra porque, obviamente, no hay receta mágica para ganar en Roland Garros ni para ganar a Rafa Nadal... y si la hay, Djokovic no la tiene.

Todo esto recuerda a la última vez que se enfrentaron en París. Fue la final de 2020, un día desapacible de otoño, y Djokovic llegaba como número uno y candidato a coronarse como el mejor jugador de todos los tiempos. Con 17 grandes en su haber por entonces, ganar en la Philippe Chartrier a Nadal sería la confirmación de su reinado en la última década. Al fin y al cabo, desde que se hiciera profesional en 2005 Nole solo había ganado una vez a Rafa en su torneo estrella: cuartos de final de 2015, el año que perdió la final contra Stan Wawrinka. Poco antes de aquel partido de 2020, su asesor Goran Ivanisevic dijo aquello de "Nadal no tiene ninguna opción contra Djokovic" y al final Djokovic solo ganó siete juegos en todo el partido y aún tuvo que dar gracias.

Todo ese "ya sí sé lo que hay que hacer" a estas alturas resulta molesto, la verdad. Djokovic tiene muchas virtudes, pero en el duelo directo con Rafa en París siempre ha hecho aguas. Si dependiera de él, no habría perdido siete veces de ocho disputadas. El perfil bajo quizá le vendría mejor porque este generar expectativas solo puede volverse en su contra si el resultado de (casi) siempre se repite. Es cierto que los grandes campeones cimentan su dominio en la seguridad en sí mismos pero a veces parece como si Djokovic se sintiera en una clase aparte de todos los demás tenistas cuando no lo está: ni Federer merece los ataques constantes de su entorno, ni Nadal ha sido accesible en los diversos asaltos del serbio a Roland Garros.

MONTE-CARLO, MONACO - APRIL 14: Novak Djokovic of Serbia plays a forehand shot during their Round 32 match against Jannik Sinner of Italy during day four of the Rolex Monte-Carlo Masters at Monte-Carlo Country Club on April 14, 2021 in Monte-Carlo, Monaco. (Photo by Alexander Hassenstein/Getty Images)
Djokovic jugando en tierra batida Foto: Alexander Hassenstein/Getty Images.

La imagen imprecisa de Rafa Nadal

Tal vez sería mejor salir a decir: "Bueno, Rafa va a ganar por decimocuarta vez" y cubrirse las espaldas de la sorpresa. Es difícil saberlo. No deja de ser curioso que Djokovic quiera a la vez dar la imagen de campeón soberbio, inmisericorde, que no le teme a nadie y se considera superior a todos... y pretender que la gente le quiera por ello. Es una combinación que no suele cuadrar bien. Este verano, al parecer, el serbio sacará su propio documental, suponemos que para mostrar su "lado humano", como hacen todos los deportistas de élite con estos encargos. Será interesante ver cómo lo consigue y cómo sale de esa burbuja en la que todo el mundo le repite "eres el mejor, eres único, nadie está a tu altura".

En una época única en la historia del tenis, a lo más a lo que puede aspirar Djokovic es a ser un primus inter pares y probablemente lo esté consiguiendo, pero parece que no le basta. Hay algo de desprecio encubierto en ese mensaje público respecto a Rafa Nadal, una especie de "pierdo con él porque yo hago algo mal" en vez de "pierdo con él porque él es mejor". Es un prejuicio que Rafa se encuentra a menudo: mucha gente se cree que gana por casualidad, porque corre mucho, porque pega muy fuerte, porque es un luchador... Todo eso está muy bien, pero no da para diecisiete años en la élite. Luchadores en el tenis hay muchos. Luchadores que ganen 6-1, 6-3, 6-0 una final de Grand Slam a Roger Federer en 2008 y ganarle 6-0, 6-2, 7-5 a Djokovic doce años después solo hay uno.

Y puede que tenga que ver con que Rafa sí sabe cómo ganar Roland Garros y eso incluye a Djokovic y a cualquiera que se le ponga delante. La imagen de exuberancia física del primer Nadal, el del puño en alto y el "¡vamos!" siempre en la boca ha eclipsado al Nadal táctico, inteligente, que sabe perfectamente dónde mandar el siguiente golpe, cómo molestar al contrario, cómo apurar al máximo cualquier opción competitiva incluso en situaciones en las que físicamente era muy inferior a su oponente. A Nadal le da igual si Djokovic llega a París más concentrado o menos. Oírle repetir al serbio el monótono "aquest any, sí" como si fuera el Barcelona de los 80, en vez de crearle dudas a Rafa, probablemente le motive aún más. Y luego el tenis decidirá porque al fin y al cabo esto es un juego, pero cuando a ese juego gana siempre el mismo, mejor es conformarse con un elegante segundo plano.

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