Tennis Australia sigue embarrando el caso Novak Djokovic desde su fantasía

Novak Djokovic fue obligado a abandonar Australia y posee una prohibición de tres años. Foto: REUTERS/Loren Elliott
Novak Djokovic fue obligado a abandonar Australia y posee una prohibición de tres años. Foto: REUTERS/Loren Elliott

Pocas historias de fantasía y autoengaño como la de Tennis Australia, organizadora del Open de Australia, y principal responsable de todo lo sucedido en el caso Djokovic. Recordemos que, por muy ambicioso (y muy tramposo y muy mal asesorado) que haya estado el serbio en este asunto, todo parte de la promesa de Craig Tiley, presidente del consorcio, de que podría venir sin vacunarse solo con haber pasado la enfermedad en los días anteriores. Todo esto, como sabemos, sin consensuarlo con las autoridades federales y provocando un escándalo tremendo con un claro perjuicio para el mundo del tenis en general.

Tiley vive en su mundo y crea sus reglas. Si quiere a Djokovic, da por buena una PCR con código cambiante y fuera de plazo, y le dice que coja las maletas y se venga con todo su equipo -¿también con exención, ellos sí vacunados?- para acabar retenido en un hotel de mala muerte. Si a Djokovic le quitan el visado, le echan del país y le caen tres años sin poder pisar suelo australiano, a Tiley le da igual: ya anda por los medios prometiendo que Nole estará en 2023 y que, además, en ningún momento presentará demanda alguna contra los que le han metido en este lío.

Lo segundo puede entenderse como un acuerdo con el serbio y sus abogados, solo que con Tiley de por medio, igual se lo ha inventado. Es un mago de lo que en inglés llaman "wishful thinking", algo así como "pensamiento mágico". Cree que con decir las cosas, estas ya se cumplen. Más que nada porque lo primero no hay nadie que lo pueda asegurar. Es un nuevo exceso de confianza que no hace sino volver a embarrar el caso cuando por fin parecía que nos estábamos olvidando de él. Es cierto que la prohibición de tres años para entrar en el país puede revertirse. Igual de cierto es que eso no lo decide Tennis Australia.

El primer ministro Scott Morrison ya ha dejado claro que, si no se vacuna, Djokovic no va a pisar su país. Si se vacuna, probablemente, sí, porque a nadie le amarga un buen reclamo publicitario. Esto puede cambiar en un año según las variantes y los contagios, pero ahora mismo es imposible saberlo. Por no saber, no sabemos ni si Morrison seguirá siendo el primer ministro del país, puesto que hay elecciones en Australia antes de verano que pueden cambiar todo el panorama legislativo.

Australian Open tournament director Craig Tiley removes his mask during the draw for the Australian Open tennis championship in Melbourne, Australia, January 13, 2022. Mark Baker/Pool via REUTERS
Craig Tiley, el errático director del Open de Australia (Mark Baker/Pool via REUTERS)

La gestión que el Open de Australia está haciendo de la pandemia es bochornosa. No es cuestión de entrar en qué protocolos habría que seguir o no. La NFL deja que sus jugadores sigan jugando aunque den positivo... siempre que no presenten síntomas. De hecho, es que, si no se encuentran mal, ni les hacen un test. Bueno, es una manera de afrontarlo y al menos van de cara. En Australia obligan a todo el mundo a vacunarse, pero siempre hay una exención a mano para los poderosos. No puedes competir si das positivo... pero, como dijo Alexander Zverev, el testeo corre a cargo de los jugadores y nadie verifica los resultados.

Es más, y esto no afecta solo a Tennis Australia sino al país en general, Andrei Rublev se plantó en el aeropuerto, dio positivo y le dijeron "pase, pase..." como si nada. ¿Qué sentido tiene prohibir la entrada a alguien sano y dejar entrar a alguien potencialmente enfermo? ¿A qué vienen luego tantos golpes en el pecho y tanta lucha por las vacunas y tanto escandalizarse y sentar ejemplo? No sabemos cuántos tenistas han competido en Melbourne con coronavirus sin que nadie se enterase, pero suponemos que habrán sido varios: Australia ha vivido en las pasadas dos semanas una explosión de casos ómicron, como el resto del mundo, y los contagios han batido récords.

No es solo eso. Insisto en que cada uno puede aplicar el enfoque que considere oportuno siempre que sea legal. Lo que saca un poco de quicio es insistir en lo muy en serio que te tomas la pandemia y dejar que Nick Kyrgios le pegue un trago a la cerveza de un espectador cualquiera. No hay medidas de separación en las gradas, siempre abarrotadas, apenas hay mascarillas, y nadie se preocupa de comprobar si eso está provocando un efecto negativo o no. Simplemente, cuando alguien esté hecho polvo en la pista, como Bernard Tomic hace un par de semanas, dirá: "Creo que tengo Covid" y se retirará motu proprio o aguantará hasta el final del partido para dar positivo a la mañana siguiente.

Lo dicho, allá cada cual con sus decisiones, pero sería bueno actuar con un poco de coherencia. Si esto es la fiesta del coronavirus porque "no es más que un catarro", ¿por qué no está jugando el número uno del mundo? Si es necesario mandar un mensaje de concienciación respecto a la necesidad de las vacunas y la gravedad de las consecuencias de la pandemia, ¿a qué viene todo este cachondeo? En el mundo de Tiley, no hay positivos nunca, todo el mundo es perdonado y la realidad se configura según sus deseos. Luego pasa lo que pasa, claro.

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