Omar Sívori, el primer Messi de la historia

La Juventus disfrutó del primer argentino zurdo de talento inclasificable que rompió moldes en Europa, antes de Maradona y Messi.

Mucho antes de la irrupción de Diego Armando Maradona primero y Leo Messi después, hubo otro argentino dotado de una zurda de oro que hizo bailar las defensas del fútbol italiano y europeo como solo el Pelusa y el rosarino serían capaces de emular. Pero él lo hizo en los cincuenta. Díscolo y vacilón como el ex del Napoli, muy probablemente el panorama futbolístico hoy en día sería muy distinto sin él. Se trata de Omar Sívori, un futbolista inolvidable que hizo carrera en la Juventus antes de salir por la puerta de atrás con el corazón en un puño tras la disputa que tuvo con el que fuera su entrenador, Heriberto Herrera, que lo envió a Nápoles sin pensarlo dos veces a pesar del profundo amor que 'el Cabezón' siempre profesó por la 'vecchia signora'.

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Llegó sin hacer ruido pero no tardó en llamar la atención, especialmente por su manía de jugar siempre con las medias bajadas. "Los defensas dudan antes de entrarle a un tío que se presenta tan desprotegido, y esto me da ventaja" solía decir Sívori, al que le encantaba la bronca. Si podía tirarle dos caños a su marcador, mejor que uno. Enzo Bearzot, técnico de la Italia campeona del mundo en 1982 y antiguo defensa del Torino, decía de él que "es un mierda entre los mierdas, pero sabe ser honesto", pues nunca vacilaba a quien no lo merecía. Se lo pueden preguntar a Pachín, defensa del Real Madrid de los años cincuenta, al que le partió la nariz por haberle llamado "indio" antes de un partido.

Otros tuvieron menos suerte. En 1961, Grani, del Catania, le amenazó con partirle la pierna si Sívori se excedía en sus caños y vaciles. Fue el argentino el que le partió la pierna al central del equipo siciliano, apenas cuatro minutos después de aquel comentario. Sin embargo, y a pesar de su carácter, era la fantasía de aquella inolvidable Juventus que entre 1958 y 1965 gozó de uno de los mejores tridentes atacantes del mundo, con el goleador galés John Charles y el capitán, hoy presidente de honor juventino, Giampiero Boniperti. Había llegado procedente de River Plate y se fue llorando después de estos siete años en los que forjó su leyenda.

No por casualidad el palco de honor del Juventus Stadium lleva hoy su nombre. Por la Juventus han desfilado algunos de los mejores futbolistas de la historia, desde Dino Zoff y Gaetano Scirea a Zinedine Zidane, Roberto Baggio, Andrea Pirlo y Paulo Dybala, pasando por la mencionada generación de los cincuenta y los sesenta. Sívori siempre fue distinto a todos, el único que ponía algo más que fútbol a sus actuaciones. Solía decir que "es imposible conseguir que los espectadores se diviertan si tú no lo haces", una máxima demasiado extrovertida para una Juve que ya entonces se comportaba como una fábrica de motores, seria y eficaz. La magia y el desparpajo del argentino al final hastiaron a Herrera, que lo envió a Nápoles veintiún años antes de la llegada de Maradona.

Se marchó de la Juventus anotando la friolera de seis goles en su último partido y la primera vez que se midió a los 'bianconeri' con la camiseta del Napoli dio la asistencia del gol que marcaría José Altafini, mérito que consideró suficiente para apoderarse del balón, acercarse a la zona de banquillos y soltarle un zurdazo a Herrera, un gesto que recordaba su eterno amor por la Juventus. Sívori falleció en 2005 pero su recuerdo permanece imborrable en Turín, especialmente cuando hay partidos en los que sus más directos herederos, Messi y Paulo Dybala, se ven las caras.

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