Los escraches a Iglesias y Montero en su casa, el arma arrojadiza entre izquierda y derecha

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Desde que se anunció que Pablo Iglesias e Irene Montero se mudaban a un chalet en la sierra de Madrid la vivienda en la que residen se ha convertido en un arma arrojadiza contra ellos al considerar (una parte de la opinión pública) que con esta adquisición traicionaban sus ideales de izquierdas. El chalet de Galapagar no ha dejado nunca de ser objeto de polémica o de uso político, pero lo cierto es que en los últimos tiempos ha vuelto a ser noticia por las concentraciones que desde hace semanas se registran a sus puertas en señal de protesta por la gestión que el Gobierno de Pedro Sánchez está haciendo de la crisis del coronavirus.

Los escraches a las puertas de la residencia de Irene Montero y Pablo Iglesias se han convertido en habituales. (Foto: Juan Naharro Gimenez/Getty Images)
Los escraches a las puertas de la residencia de Irene Montero y Pablo Iglesias se han convertido en habituales. (Foto: Juan Naharro Gimenez/Getty Images)

En las últimas horas, un parte de la actualidad informativa se ha trasladado de nuevo a Galapagar con el chalet en cuestión como centro neurálgico de una crispación con dos vertientes dependiendo del espectro ideológico desde el que se aborde. Por un lado está el hecho de que desde un medio, el diario La última hora, se haya identificado al supuesto organizador de los escraches en torno a la casa del vicepresidente del Gobierno y la Ministra de Igualdad.

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El citado medio, dirigido por la exasesora de Podemos Dina Bousselham, señalaba, en una artículo publicado el pasado día 10, a un vecino de otra localidad madrileña que cada día se montaría en el coche recorriendo la distancia que lo separa de la vivienda de la familia Iglesias-Montero para, armado con banderas y utensilios para hacer el mayor ruido posible, protestaría, junto al resto de participantes en las caceroladas, en la misma calle.

Coincidiendo en tiempos casi con la publicación de este perfil, en El Mundo, como parte de su contenido de pago, se han hecho eco del nuevo dispositivo que rodea la vivienda para aislarla y protegerla de lo que sucede fuera. Lo ha hecho bajo el titular de Una unidad de élite de la Guardia Civil blinda la casa de Pablo Iglesias e Irene Montero y destacando en el subtítulo que “una veintena de agentes especializados en el control de masas protege la vivienda del vicepresidente del Gobierno y la ministra”. La decisión de enviar esta dotación a la zona corresponde, según se desprende del texto inicial, al Ministerio del Interior, cuya cartera ocupa Fernando Grande-Marlaska.

Unos días antes, desde otro medio, Moncloa.com, aseguraban que fue el propio Iglesias quien había pedido que se reforzarse la seguridad en torno a su vivienda por los escraches. Una petición que le valió la crítica de la expresidenta de la Comunidad de Madrid, Cristina Cifuentes, quien, a través de su perfil en redes sociales, recordó al vicepresidente su frase de que “los escraches son el jarabe democrático de los de abajo” que tanto le ha sacado a colación durante el estado de alarma.

Dos informaciones, la del aumento de la seguridad en torno a la vivienda de Iglesias y Montero y la de la identificación del supuesto organizar de los escraches que van unidas la una a la otra y que han convertido a vicepresidente y ministra de nuevo en tendencia en redes sociales dividiendo en dos bandos según, se entiende, el signo ideológico. Una división y una lectura de lo que las informaciones publicadas que no son más que una muestra más de la polarización existente desde hace tiempo y que se ha visto incrementada especialmente en redes sociales, donde la tendencia a magnificarlo todo es una realidad.

Así, sobre la identificación de este ideólogo de los escraches contra Iglesias y Montero hay quien ha optado por aplicarle un escrache virtual difundiendo su foto y su nombre y apellido y quien, por el contrario, se ha posicionado a su favor mostrándole su apoyo. Y lo mismo en el caso del envío a Galapagar de un dispositivo de agentes especializados en el control de masas. Donde unos ven una decisión coherente dadas las circunstancias, otros ven un gasto innecesario y altamente criticable.


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