Disturbios anti-confinamiento en Holanda: cuando siembras vientos, recoges tempestades

Javier Taeño
·6 min de lectura

El continente europeo se encuentra sumido en una tercera ola de coronavirus que bate récords de contagios. La mayoría de países, en mayor o menor medida, se han visto obligados a aplicar restricciones con el objetivo de contener la pandemia, mientras que intentan avanzar con la vacunación. Es también el caso de Países Bajos.

Pese a que durante muchos meses del 2020 su Gobierno se negó a aplicar medidas duras para sus ciudadanos, apelando a la madurez de sus habitantes, lo cierto es que el aumento de positivos ha obligado a las autoridades a tragarse sus palabras. Una marcha atrás que no ha sido muy entendida por la sociedad.

Protestas en Países Bajos contra el confinamiento. (Photo by Stringer/Anadolu Agency via Getty Images)
Protestas en Países Bajos contra el confinamiento. (Photo by Stringer/Anadolu Agency via Getty Images)

Para conocer el origen de esta historia hay que viajar al pasado, concretamente a marzo de 2020. Los casos de covid-19 crecían en todo el continente y muchos de los países optaron por el confinamiento domiciliario de las sociedades, así como el cierre de la mayor parte de negocios. Fue el caso por ejemplo de España, Francia o Italia.

Sin embargo, los holandeses optaron por otro camino. Con el objetivo de intentar lograr la inmunidad de rebaño, el Ejecutivo apostó por implantar muy pocas restricciones y confiar en la responsabilidad social para frenar los contagios. Lo denominaron “confinamiento inteligente”.

Así, mientras que casi todas las naciones comunitarias se encontraban en sus casas, en Países Bajos los negocios no esenciales permanecieron abiertos, las personas podían salir libremente a la calle a comprar o a pasear y bares, cafés o restaurantes tenían la opción de ofrecer sus productos para llevar. Sí que se cerraron colegios y universidades y negocios que requieren contacto como peluquerías.

Este enfoque arriesgado recibió muchas críticas en el resto del continente, pero sus autoridades lo defendieron a capa y espada. Muy recordadas son las palabras del primer ministro Mark Rutte que definió a Países Bajos como “un país adulto”.

“Lo que escucho a mi alrededor es que a la gente le alegra que los traten como adultos, no como niños”, manifestó en unas polémicas declaraciones que ahora se le han vuelto en contra.

Al igual que en el resto de países del entorno a partir de mayo se vio un descenso en los contagios que significó el fin de la primera ola. Y aunque el número de fallecidos fue alto (con un pico de 234 muertos en un solo día), lo cierto es que se consideró como normal, ya que Bélgica, que sí que había confinado, tuvo datos similares.

El problema fue que tanto insistió el Gobierno en la unicidad de los holandeses y en sus diferencias con el resto de países, esa madurez especial que no tienen los demás, que la sociedad se las terminó creyendo. Después de que el mundo entero se haya confinado y tú no, ¿aceptarás más adelante medidas más restrictivas?

La lógica, tal y como se ha terminado demostrando, apuntaba al no. Y ese exceso de confianza, con un virus que ha mostrado su capacidad de mutar para hacerse más infeccioso en numerosas ocasiones, se puede pagar caro.

Países Bajos ha ido imponiendo cada vez restricciones más duras.(AP Photo/Peter Dejong, File)
Países Bajos ha ido imponiendo cada vez restricciones más duras.(AP Photo/Peter Dejong, File)

A partir del mes de septiembre volvieron a subir los contagios en el país, pero hubo diferencias con el brote anterior. Si en la primera ola el pico de contagios se situó por debajo de 1.400, en la segunda se alcanzaron los 11.000 positivos en solo 24 horas, es decir diez veces más. Cabe recordar que la población del país es de apenas 17 millones, por lo que son unas cifras exageradamente altas.

Otro cambio respecto a marzo fue el de tener la certeza que no se podría alcanzar la inmunidad de rebaño. Más allá de que el coste de vidas sería enorme, los expertos coinciden que la única manera de superar el virus es con la vacunación. Así, Países Bajos se encontraba con una sociedad confiada, con unos casos de récord y con un plan inicial que ahora no se podía repetir.

Desde ese mes de septiembre hasta ahora, enero de 2021, el país ha pasado de la segunda a la tercera ola, pero en ningún momento ha tenido los casos bajo control. En el punto más bajo, entre que acababa una y empezaba otra, se reportaban más de 4.000 contagios diarios. Así que la solución ha sido ir imponiendo cada vez medidas más duras.

Desde septiembre los contagios en Países Bajos están disparados. (Worldometers.info).
Desde septiembre los contagios en Países Bajos están disparados. (Worldometers.info).

Cierre de guarderías, colegios e institutos, cierre de toda actividad no esencial (gimnasios, prostíbulos, comercios, museos…), máximo un visitante por hogar al día, obligatoriedad de mascarilla en espacios cerrados… Medidas estas con las que todo el continente ha tenido que vivir intermitentemente desde hace un año. Sin embargo, son las más duras aplicadas en suelo holandés desde que empezó la pandemia.

La sociedad no ha entendido el cambio de rumbo

Este cambio de situación ha ido soliviantando a una sociedad que durante meses se consideraba diferente al resto, pero que ahora ve reducidas sus libertades pese a que sus gobernantes siempre hablaban de su responsabilidad individual. Pero la gota que ha colmado el vaso ha sido la imposición de un toque de queda, otra herramienta común en el continente desde hace meses, a las 21 horas.

Su entrada en vigor ha tenido como consecuencia varios días de protestas muy violentas en las que se han quemado contenedores y bicicletas, se han producido saqueos a tiendas y enfrentamientos graves con las autoridades.

Mientras tanto, el Gobierno se encuentra en funciones tras dimitir en una calculada maniobra electoral por un escándalo de ayudas y los casos siguen disparados, ya que el país está cerca de alcanzar el millón de contagiados desde el inicio de la pandemia.

Así pues, Países Bajos se encuentra en un momento muy delicado y está sufriendo las consecuencias de ir a contracorriente en la primera ola de la pandemia. Está por ver si los ánimos se calman o si por el contrario las tensiones se mantienen con las elecciones de marzo de 2021 como gran termómetro del sentir general.

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