Expulsado de la grada del estadio por leer un libro sobre Marx

Luis Tejo
Aficionado en las gradas del estadio del Palmeiras leyendo un libro sobre Marx. Foto: Twitter @BoiadeiroVirto
Aficionado en las gradas del estadio del Palmeiras leyendo un libro sobre Marx. Foto: Twitter @BoiadeiroVirto

“Marx, ciencia y revolución” (“revolução” en su versión original en portugués) es una obra del filósofo brasileño Márcio Bilharinho Naves que pretende analizar y explicar en lenguaje actual las principales ideas del teórico que, en el siglo XIX, fundó el comunismo tal como lo conocemos. Es un libro ligero, apenas 160 páginas, y los que lo han leído dicen que no cuesta mucho trabajo despacharlo. Aun así, nunca había trascendido mucho más allá del ámbito académico de su país de publicación.

Pero de repente este texto, muy alejado de ser un best seller o un hito de la literatura universal, se ha convertido en el libro del que más se está hablando en un ámbito completamente inesperado: el deporte. Y la culpa la tiene el señor que sale en la foto que encabeza este artículo, de quien solo se sabe que se llama Edílson, que tiene 67 años y que eligió un lugar muy extraño para dar rienda suelta a su pasión por la lectura: el estadio del Palmeiras.

La historia es aún más rara, porque por ahora no dejaría de ser uno de tantos personajes excéntricos como pueblan las gradas de todo el mundo y que tan bien vienen para llenar minutos de televisión. Lo más sorprendente es que la actitud que mantuvo el cultísimo caballero durante todo el primer tiempo del juego del pasado domingo le valió ser expulsado de la tribuna en el descanso. Por lo visto otros hinchas del equipo verdiblanco de São Paulo se sintieron incómodos por su actitud silenciosa y pidieron a la seguridad que le sacaran de allí.

Porque leer es una actividad en la que todos estamos más o menos de acuerdo en que no hay nada de malo. La intriga es entender qué estaba haciendo Edílson con su libro (y con uniforme de marinero) mientras delante de sus narices, sobre el césped del Allianz Parque, el equipo local recibía ni más ni menos que al Flamengo, recientemente proclamado campeón de la Copa Libertadores. Sobre esto hay varias teorías.

Algunos especulan con que se trataba de una forma de protesta por la situación actual del Palmeiras. Porque el que es uno de los clubes con mayor palmarés e hinchada más numerosa de todo Brasil no va demasiado bien últimamente. Aunque va tercero en la clasificación del Brasileirão que está a punto de terminar (y así es probable que acabe, puesto que a falta de dos jornadas tiene muy difícil alcanzar al Santos, segundo), sus resultados en los últimos tiempos dejan que desear.

El encuentro contra el Flamengo se saldó con derrota 1-3, la tercera seguida, el quinto partido consecutivo sin ganar. La torcida se queja, además, de que el plantel en el que destacan nombres como Luiz Adriano (ex Shakhtar y Milan) o Felipe Melo (quien hace una década militó en equipos españoles como el Racing, el Mallorca o el Almería) está desarrollando un juego muy aburrido, lo que le ha costado el puesto al entrenador Mano Menezes. Se podría interpretar el gesto como una manera de transmitir que hasta leer sobre filosofía política es más entretenido que ver al Verdão.

Pero hay quien ha querido hilar más fino y cree que el desencadenante de su desalojo, más que el hecho de leer, es el contenido. Porque es público y notorio que entre los seguidores del Palmeiras se encuentra también Jair Bolsonaro, el presidente de la República desde enero de este mismo año, famoso por su ideología ultraderechista y por ser muy hostil a todo lo que huela a comunismo. El mandatario nació en Glicério, un pueblo a 500 kilómetros de São Paulo, y su familia procede de inmigrantes italianos, misma comunidad a partir de la que surgió el equipo; de hecho, el nombre Jair se le puso en homenaje a un futbolista que destacó mucho en los ‘50 en el club. El año pasado ya se le vio en las celebraciones del título de campeón nacional ganado poco después de su triunfo electoral.

Pudiera ser que alguien se diera cuenta de que la palabra Marx aparecía en el título y le pareciera inaceptable un gesto así en pleno feudo de Bolsonaro. La opinión pública brasileña, extremadamente polarizada y dividida entre la admiración incondicional y el odio absoluto a su presidente, ve en esta actuación de la seguridad del Palmeiras una medida razonable para evitar disturbios o una censura inaceptable. De momento nadie ha sido capaz de contactar con Edílson para que dé su versión, y del Palmeiras lo máximo que ha salido es un comunicado en el que se manifiesta “en contra de la intolerancia” (pero se refiere a otro incidente que hubo entre aficionados en otra zona del estadio), así que las motivaciones últimas de este caso seguirán envueltas en el misterio.

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