Pau Gasol y el sueño de pasarse un año más cerrándonos la boca

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16 Pau Gasol of FC Barcelona during the Liga ACB playoff 3rd match of the semi final between FC Barcelona and Lenovo Tenerife at Palau Blaugrana on June 11, 2021 in Barcelona, Spain.  (Photo by Xavier Bonilla/NurPhoto via Getty Images)
Pau Gasol pide calma en el partido de semifinales ante el Tenerife (Photo by Xavier Bonilla/NurPhoto via Getty Images)

Yo quiero empezar pidiendo perdón porque reconozco que no entendía nada. No entendía que aquel hombre de casi 41 años que se grababa vídeos con los amigos jugando pachangas pudiera competir a nivel de élite europea. No entendía que el que estaba siendo el mejor equipo de Europa recurriera a él para "hacerle un favor", para "ayudarle a preparar los Juegos", como rezaba la versión oficiosa. No entendía siquiera qué hacía Sarunas Jasikevicius dando el visto bueno a todo eso. Actué como si Pau Gasol no nos hubiera sorprendido a todos mil veces y me comí el engaño por completo: Pau era mucho más que el tipo de los vídeos que tiraba triples o posteaba frente a defensores de 1.80.

El balance de Pau Gasol en el Barcelona ha sido tan inesperado que uno puede sentir la tentación de irse al otro lado y presentarlo como la gran estrella del equipo. No ha sido para tanto. Pau ha tenido partidos malos, ha sufrido en defensa y no ha estado tan rápido en ataque como cuando tenía veinticinco años. Pero es que no tiene veinticinco años. En apenas unos meses ha demostrado tres cosas: en primer lugar, que tiene un sitio en el Barcelona del año que viene, si así lo decide; en segundo lugar, que su presencia en los Juegos no va a ser ningún regalo, y en tercer lugar, que su capacidad para aportar cosas al equipo sigue siendo descomunal incluso en una versión reducidísima de su físico. Hasta cierto punto, recuerda lo que hizo Sabonis en el Zalgiris en 2004 pero mitigado. Al fin y al cabo, Sabonis fue el MVP de aquella Euroliga.

¿Cómo ha conseguido Pau Gasol dar la vuelta a los pronósticos y acompañar al Barcelona a un sufrido triunfo de liga (tres partidos contra Joventut, otros tres contra Tenerife) y una disputada final de la Euroliga ante el mejor equipo de los últimos dos años? Con modestia. Aprendiendo. Pau ha tenido que ver partidos enteros desde el banquillo y no ha dicho ni media palabra. Sabiendo como sabe que toda la prensa estaba a su favor, jamás tuvo la tentación de utilizarla para pedir más minutos. Cuando vio que necesitaba disimular sus carencias defensivas, hizo lo posible por disimularlas. En ataque, no se limitó al tiro exterior sino que poco a poco fue aumentando su juego al poste bajo y en la final incluso le vimos corriendo la cancha para machacar como "trailer".

Esa conciencia de jugador de equipo, no de superestrella a la que rendir pleitesía -el ejemplo contrario de J.J. Barea nos viene muy a mano aquí- fue clave. Pau Gasol llegó casi como un junior, pero un junior al que todos admiraban. Pau Gasol se negó a ser "Pau Gasol", el campeón de la NBA, el perenne All Star, la estrella que dominó el baloncesto europeo de selecciones durante quince años. Pau Gasol se resistió a las comillas y se presentó tal y como era, tal y como es: un tipo humilde, normal, al que le encanta este deporte. Las imágenes de Mirotic y Oriola pidiéndole por favor que levantara él la copa de campeón, esos gestos en los que se mezcla la alegría y la devoción, lo dicen todo de su paso por el Barcelona.

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No hay duda de que por la cabeza de Pau tienen que estar pasando ahora mismo muchas cosas: ha luchado durante dos años para llegar aquí. Ha sido mucho trabajo físico y mucho trabajo mental. Muchas operaciones, incluso. Ahora, por fin, ha vuelto a la élite, o, como poco, ha vuelto a disfrutar del baloncesto de élite sin sentirse un lastre. En pocas semanas, Sergio Scariolo lo convocará para los Juegos y empezará la preparación y luego la competición en Tokio. ¿Qué hacer después? A poco que Pau cumpla con España, y España consiga un resultado decente metiéndose en cuartos de final o incluso en semifinales, parecería el momento ideal para retirarse en todo lo alto, para que el espectador se lleve una última imagen de Pau triunfante y solvente.

Ahora bien, tantas sesiones individuales, tanto tragar saliva, tanto esfuerzo... ¿solo para unos cuantos meses? Nada hace indicar que Pau vaya a ir a menos el año que viene. Su evolución ha sido más bien la contraria: perdido en los primeros encuentros, perfectamente encajado en los últimos. ¿Por qué no seguir un año más en el Barcelona y aspirar a ganar la Euroliga, el único gran título que le falta junto a los Juegos Olímpicos? Pau Gasol ha ganado la liga española, la Copa del Rey, la Korac, la NBA, el Eurobasket, el Mundial... pero nunca ha podido ganar la Euroliga. Con el equipazo que tiene el Barcelona, ¿por qué no atreverse a ello? 

Hay algo más: el público. Cuando jugó en el Palacio de los Deportes de Madrid, Pau se llevó una ovación porque nadie puede silbar a Pau Gasol y ser aficionado al baloncesto. Es incompatible. Sería bonito ver eso en todos los campos. Sería bonito ver una despedida de verdad, un adiós compartido. La última temporada de Kareem Abdul-Jabbar en la NBA fue así: en cada pabellón, sus rivales de toda la vida le rendían un homenaje. Eso no impidió que el viejo Kareem, a sus 41-42 años, llegara a la final de la NBA. Le trataban como a un abuelo y él les ganaba como la estrella que era. ¿Por qué no atreverse a intentarlo, Pau? Callar bocas un año más. ¿No sería algo precioso?

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