Las excusas de Paula Badosa solo sirven para engañarse a sí misma

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LONDON, ENGLAND - JULY 04: Paula Badosa of Spain speaks in a press conference following their defeat against Simona Halep of Romania during their Women's Singles Fourth Round match on day eight of The Championships Wimbledon 2022 at All England Lawn Tennis and Croquet Club on July 04, 2022 in London, England. (Photo by AELTC/Joe Toth - Pool/Getty Images)
Paula Badosa, en rueda de prensa, tras su derrota contra Simona Halep en los octavos de final de Wimbledon (Photo by AELTC/Joe Toth - Pool/Getty Images)

La rueda de prensa de Paula Badosa después de ganarle solo tres juegos a Simona Halep en octavos de final de Wimbledon no mostró a una jugadora angustiada. De eso nos alegramos porque recientemente se la había visto demasiado tensa, demasiado exigida. Al parecer, ha decidido irse por completo al lado contrario. No había sensación de urgencia en las declaraciones de la catalana, como si no hubiera perdido una opción espectacular de ganar un Grand Slam. Y, sin embargo, exactamente eso era lo que había sucedido.

Badosa se había plantado en octavos de final de un torneo en el que, para variar, de las dieciséis primeras cabezas de serie, solo dos seguían en competición. Con la eliminación de Swiatek y, en general, la irregularidad del circuito WTA, encontrarte en una situación así, con el segundo ranking más alto de las supervivientes, es una oportunidad dorada. Vale que a SImona Halep no se la puede juzgar por su ranking actual sino por su condición de campeona de Roland Garros en 2018 y de Wimbledon en 2019... ahora bien, la rumana venía de una lesión y de una sorprendente derrota en segunda ronda de París. Imbatible no era.

La facilidad con la que Badosa se quitó la responsabilidad de encima sorprende. "Yo no soy Rafa Nadal ni lo seré nunca", dijo en un momento dado, refiriéndose a sus derrotas tempranas en los grandes. "En España nos hemos malacostumbrado mucho", añadió. A ver, no creo que nadie esté exigiendo a Paula Badosa que gane 22 grandes, ni que se mantenga 17 años entre los diez mejores del mundo. No le estamos pidiendo que encadene decenas de partidos ganados ni esperamos que a los 36 años esté a un paso y medio de completar el Grand Slam en una sola temporada.

No, a Paula Badosa la estamos exigiendo como lo que es: la número cinco del mundo. Una no puede esperar que no haya presión deportiva cuando se llega tan alto, es completamente irreal, una manera como otra cualquiera de engañarse a sí misma. Badosa no es Nadal, ya lo sabemos. Si ganara un grand slam ya lo festejaríamos a lo grande, pero el asunto es que no acaba de acercarse siquiera... y nos choca. Nos choca porque ella es muy buena y porque los grand slams en el circuito femenino han tenido todo tipo de ganadoras y finalistas en los últimos cinco años.

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De hecho, el problema de Badosa es que ni siquiera es Garbiñe Muguruza. La hispanovenezolana está atravesando un momento terrible, pero cuando se retire siempre podrá decir que, como mínimo, ganó Roland Garros, ganó Wimbledon, ganó las WTA Finals y fue número uno del mundo. Si alguien puede quejarse de que no se reconoce su trabajo o que se espera demasiado de ella, es Garbiñe, no Paula. Paula fue la gran revelación del año pasado y todos estamos esperando que se confirme como estrella, más que nada porque tiene el tenis para ello.

Lo que no puede hacer es dejar pasar oportunidades y aparentar que le da igual. Si Badosa hubiera ganado a Halep, habría tenido un camino de lo más limpio hasta la final. ¡La final de Wimbledon! Si una ni se altera cuando pierde en una situación así, tiene un problema muy serio. En la rueda de prensa, la española también apeló al "ya sabéis por lo que he pasado", haciendo referencia a los problemas de salud mental que la impidieron destacar antes en profesionales pese a sus condiciones. Me temo que eso tampoco sirve como excusa, o no a nivel público.

Si lo que nos quiere decir Badosa es "mirad, he estado en el infierno y, comparados con el infierno, los octavos de final de Wimbledon me saben genial", si el asunto es puramente personal, una cuestión de recompensas privadas, estupendo. Ahora bien, ella sabe que su tenis no va a ser juzgado por su propio nivel de satisfacción sino por el impacto que tenga sobre el deporte. Y, en ese sentido, hay cosas en Paula que es normal que nos dejen fríos: sus 25 retiradas en partidos como profesional... o una cierta sensación de falta de seguridad en los momentos clave de los encuentros decisivos.

Eso ella lo puede analizar por lo que es (un problema a resolver) o montarse en su cabeza una excusa por la que le estamos pidiendo no sé qué. No es verdad. No se pide a Badosa nada que no le pediríamos a cualquier otro deportista de élite. Eso tiene que interiorizarlo. Ha llegado a lo más alto y ahora no vale culpar a los demás del vértigo. A la número cinco del mundo se la pide que llegue lejos en los slams. Pues claro. Se llame Badosa o se llame Kontaveit. Si no lo hace, llegarán las preguntas. Es lo normal y no tiene nada que ver con que estemos bien acostumbrados o mal acostumbrados por Nadal ni por nadie.

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