Peligrosos movimientos de ultraderecha buscan sacar espurio provecho de las manifestaciones antirracistas

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Un hombre abrió fuego contra dos guardias de seguridad frente a una corte federal en Oakland, matando a uno de ellos e hiriendo gravemente al otro. El ataque se dio el  29 de  mayo, mientras en esa ciudad se desarrollaban intensas manifestaciones en repudio de la brutalidad policiaca, el racismo y la injusticia estructural.

Pero ese letal atentado nada tuvo que ver con las protestas que repudiaban la muerte de George Floyd a manos de policías de Minneapolis. En realidad, investigaciones del FBI identificaron que el responsable del ataque contra los oficiales no fue uno de esos manifestantes antirracistas sino un sargento de la fuerza aérea vinculado a un movimiento extremista de ultraderecha denominado “los chicos boogaloo” o simplemente “boogaloo”.

Miembros del movimiento de ultraderecha Boogaloo, fuertemente armados, protestan contra el cierre de actividades para frenar el coronavirus frente a la sede del gobierno de New Hampshire. (AP Photo/Michael Dwyer)
Miembros del movimiento de ultraderecha Boogaloo, fuertemente armados, protestan contra el cierre de actividades para frenar el coronavirus frente a la sede del gobierno de New Hampshire. (AP Photo/Michael Dwyer)
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De acuerdo a The Washington Post, los seguidores de ese movimiento antigubernamental y de ideología de extrema derecha han buscado aprovechar “las pacíficas protestas contra la brutalidad policiaca para difundir su visión extremista marginal y encender una guerra racial”.

El acusado del ataque a los oficiales federales, y del asesinato de uno de ellos, se llama Steven  Carrillo, sargento de la Fuerza Aérea de 32 años, que en efecto, según el FBI, pretendió sacar espurio provecho de las protestas en Oakland  para crear desestabilización y conflicto. El atentado contra los oficiales federales sería parte de ese ominoso afán.

En tres vehículos usados por Carrillo, que ya fue arrestado, se hallaron armas de fuego, munición, equipo para fabricar bombas, un escudo del movimiento boogaloo y tres mensajes escritos con sangre: “Me he vuelto irrazonable”, “Boog “ y “Paren el duopolio”.

De acuerdo al East Bay Times, “Paren el duopolio” es una alusión al sistema bipartidista Demócrata-Republicano dominante en Estados Unidos; “Boog” es una abreviación de boogaloo y “Me he vuelto irrazonable” es una suerte de lema usado en las redes sociales por seguidores del movimiento boogaloo que cita a Martin Heemeyer, quien en 2004 protagonizó en Colorado un ataque con un bulldozer modificado  con el que destruyó varios edificios públicos y privados hasta quedar atrapado y optar por el suicidio.

Heemeyer se volvió un icono de los grupos ultraderechistas y habría escrito “siempre busqué ser razonable hasta que tuve que se irrazonable”.

El sargento de la Fuerza Aérea Steven Carrillo, sospechoso de haber disparado contra oficiales federales, y matado a uno de ellos, en Oakland. (Alguacil del Condado Santa Cruz / AP)
El sargento de la Fuerza Aérea Steven Carrillo, sospechoso de haber disparado contra oficiales federales, y matado a uno de ellos, en Oakland. (Alguacil del Condado Santa Cruz / AP)

Carrillo enfrenta graves cargos penales y en relación a su ataque contra los oficiales federales el gobierno ha dicho que “el Departamento de Seguridad Interior continuará su misión de acabar con el extremismo violento en  todas sus formas”.

Una de esas formas, y en realidad la más peligrosa en Estados Unidos, es el extremismo de ultraderecha, con frecuencia vinculado a propósitos violentos. El movimiento boogaloo, según Forbes, es un grupo variopinto de personas de ultraderecha que creen que una nueva guerra civil es inminente, defienden la posesión y portación de armas de fuego y tienen una ideología antigubernamental. Quienes participan de esas creencias con  frecuencia profesan también otras como el supremacismo blanco, tienen tendencias antigubernamentales y tonos racistas y xenófobos.

Otras expresiones ominosas de la ultraderecha fue la gran reunión de neonazis y supremacistas que sucedió en 2017 en Charlottesville, Virginia.

Los boogaloo son, así, parte de un fenómeno que ha cobrado auge en años recientes en Estados Unidos, en el que milicias armadas hacen desplante público de sus arsenales como forma de presión. Aunque no necesariamente cometen violencia, sí practican una punzante intimidación y presión. Eso se constató, sin violencia pero con enorme tensión, cuando hace unas semanas hombres armados irrumpieron en el Capitolio estatal de Michigan para exigir la reapertura de las actividades suspendidas para contener el Covid-19.

Milicianos o vigilantes de ese tipo se han presentado también en otras protestas contra el cierre de actividades para frenar la epidemia del coronavirus o para realizar contramanifestaciones en marchas y mitines contra el racismo y la brutalidad policiaca.

Un miembro del movimiento Boogaloo, con un rifle de alto poder, se mezcla con manifestantes que protestan contra el racismo y la brutalidad policiaca en Charlotte, Carolina del Norte. (Getty Images)
Un miembro del movimiento Boogaloo, con un rifle de alto poder, se mezcla con manifestantes que protestan contra el racismo y la brutalidad policiaca en Charlotte, Carolina del Norte. (Getty Images)

Pero en Oakland y en otras localidades, se ha en efecto vinculado a individuos vinculados al boogaloo con actos violentos o planes de cometerlos.

Y durante las protestas actuales contra el racismo, individuos vinculados a grupos e ideologías de ultraderecha se han plantado para realizar contraprotestas o para actuar como “vigilantes”. Un caso extremo es el de Steven Carrillo y, también, el de Steven Ray Baca, quien al parecer disparó en Albuquerque contra manifestantes que intentaban derribar una estatua del conquistador español Juan de Oñate, hiriendo a uno de ellos. Baca fue arrestado y se le ha vinculado a milicias armadas, de acuerdo a la radio pública NPR.

Y en general los desplantes de esas milicias de ultraderecha, incluso sin cometer actos violentos, son amenazantes y potencialmente desestabilizadores.

La presencia pública pacífica de esos grupos fuertemente armados es permitida en ciertos casos por la Constitución estadounidense, si bien hay regulaciones sobre esas armas dependiendo de cada estado, pero no por ello resultan menos amenazantes y conflictivos. No todos incurren necesariamente en violencia, pero sí son parte de un amplio espectro de grupos extremistas, algunos de los cuales, con ideologías y acciones violentas, han sido considerados grupos de odio.

Y aunque también existen grupos de ultraizquierda proclives a la violencia, son los de ultraderecha los que más peligro representan, a juicio de las autoridades, para la sociedad estadounidense. En el caso del movimiento boogaloo, como se comenta en The Washington Post, la actividad violenta o potencialmente violenta de sus seguidores detectada por las autoridades ha sido creciente en varios estados y también  ha tenido una expresión muy activa en redes sociales.

Ante ello,  y por su peligrosidad y amenaza antisocial, varios gobiernos estatales han comenzado a actuar para desactivar a esos grupos, con arrestos de “chicos boogaloo” que habrían perpetrado delitos y realizado o planeado actividades ilegales. En la actual lucha por justicia, contra el racismo y por la preservación y expansión de los derechos, la democracia y las oportunidades para todos, cualquier movimiento que promueva el odio e incurra en violencia va en contracorriente de la legalidad y de las aspiraciones de paz, libertad y progreso común.

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