Guardiola, el temerario: ya ha destrozado cuatro coches en Manchester

Guardiola al volante, peligro constante. Foto: Lennart Preiss/Bongarts/Getty Images.
Guardiola al volante, peligro constante. Foto: Lennart Preiss/Bongarts/Getty Images.

Conducir, guiar, manejar, dirigir... son verbos que, con matices, se pueden considerar sinónimos. Y en todos ellos Pep Guardiola se puede considerar experto. Como jugador, con el 4 del Barça a la espalda, era el eje en torno al que se movía el equipo que en los ‘90 ganó varias ligas, copas, supercopas e incluso una antigua Copa de Europa y una extinta Recopa. Más tarde, desde los banquillos, ha sido capaz de llevar a la gloria a los equipos que ha comandado como entrenador, tanto el propio Barcelona como el Bayern o ahora el City. Incluso algunos le reconocen, en su afán por comandar, como uno de los dirigentes de más renombre del independentismo catalán.

Todo lo conduce Guardiola y todo lo conduce bien. Todo, menos lo que se conduce en el sentido más literal. Cuando al genial estratega, al magnífico diseñador de tácticas, al prodigio de la planificación deportiva, le sientas ante un volante y le das las llaves, se convierte en un peligro público. Al menos eso es lo que dice el diario inglés The Sun, que informa de que el técnico ya se ha cargado ni más ni menos que cuatro vehículos en los tres años y medio que lleva viviendo en Manchester.

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No hablamos precisamente de un SEAT Panda. El prestigio de Pep como entrenador le hace tener un sueldo bastante generoso, que se estima en más de 23 millones de euros por temporada. Como cabía esperar, el de Santpedor puede permitirse el lujo de comprar (y maltratar) coches de altísima gama con el que el resto de mortales ni soñamos.

De hecho, la primera víctima de su falta de pericia es toda una joya: un Bentley GTX700 plateado valorado en 200.000 libras (casi 235.000 euros). El número en el modelo hace referencia a la potencia en caballos de su motor, que le permite alcanzar velocidades punta de más de 335 kilómetros por hora y pasar de 0 a 100 en apenas tres segundos y medio. Quizás Guardiola, más acostumbrado a un juego de toque y posesión, sea incapaz de controlar semejante derroche de energía, digno del más feroz de los contraataques.

Su lista de bajas incluye también un Range Rover, del que no se especifica el modelo pero a juzgar por su valor estimado (150.000 libras) podría ser el Vogue, un todoterreno que, en su versión actual, da 250 caballos y llega a 217 kilómetros por hora...

...y un Mercedes GLE negro de 80.000 libras, otro SUV de enorme cilindrada.

Y bueno, hay que reconocerle a Guardiola también que no es nada clasista, ya que, puestos a destrozar, no hace ascos a modelos más baratos. The Sun también asegura que entre sus catástrofes hay un Mini Cooper relativamente asequible, valorado en 30.000 libras (unos 35.000 euros). En total su balance en pérdidas sobre ruedas se acerca al medio millón.

Las fuentes del diario dicen, textualmente, que “Pep es brillante en muchas cosas, pero conducir no es una de ellas”, y por lo visto su falta de pericia es legendaria y se remonta a sus años de azulgrana. Según Lu Martin y Pol Ballus, autores de una biografía que analiza sus años de éxito en el noroeste de Inglaterra (donde ha ganado dos Premier Leagues y un tercer puesto en tres temporadas), los espejos retrovisores de sus coches acostumbran a durar poco tiempo en su sitio antes de que los reviente involuntariamente chocando contra algún obstáculo. Los escritores relatan que el Range Rover quedó inutilizado porque a Guardiola se le olvidó que su motor era diésel y lo llenó con gasolina.

Las ruedas de sus vehículos también han sufrido mucho con los abundantes baches que hay en las carreteras cercanas a Manchester. Pero no hay mayor problema, porque si se queda sin un coche, pronto consigue otro. El Daily Mail dice que últimamente se le ha visto acudir a los entrenamientos a bordo de un Nissan Leaf, un modelo 100% eléctrico con prestaciones más discretas: no pasa de 145 kilómetros por hora. Dado su historial, hace bien: le conviene evitar el riesgo de un accidente grave que, por suerte, aún no ha ocurrido (y esperemos que no pase).

En vista de las circunstancias quizás habrá que aconsejarle al técnico catalán que renuncie a conducir y opte por el transporte público; así, de paso, tendría ocasión de cruzarse con los aficionados y tomar nota de su opinión sobre la marcha del equipo, este año no tan brillante como otras veces. O quizás podría optar por elegir a alguno de sus descartes habituales y, a falta de minutos sobre el césped, reconvertirle en chófer particular. En todo caso, parece claro ahora por qué en su momento Guardiola adoptó medidas polémicas, como prohibir a los jugadores del Barça acudir a los entrenamientos en coches de lujo. En su momento dijo que era para dar imagen de jugadores trabajadores, pero está visto que era por envidia de que sus subordinados los supieran llevar y él no.

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