Percepción de riesgo: el eslabón perdido entre el alarmismo y la minimización del coronavirus

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La percepción de riesgo es lo que nos permite cuidarnos sin caer en el alarmismo. [Foto: Getty Editorial]
La percepción de riesgo es lo que nos permite cuidarnos sin caer en el alarmismo. [Foto: Getty Editorial]

27 616. Son las multas que se han puesto en Italia desde el 11 de marzo a quienes incumplen la cuarentena, en un país que se está desangrando a un ritmo acelerado y que ya ha visto morir a más de 2 500 personas.

El escenario en España no es diferente. “A pesar de la prohibición, este domingo se ha podido ver a personas por las calles”, indicaban desde Moncloa y confirmaban que “el Cuerpo Municipal de Madrid se vio obligado a interponer 199 denuncias” y “se produjo una detención por resistencia a la autoridad”.

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En plena restricción de movimientos por la alarma nacional para frenar el ritmo de contagio del Covid-19, la policía ha tenido que interceptar a un hombre que andaba por la calle disfrazado de Tiranosaurio Rex y a otro que paseaba un perro de peluche.

Existen personas que, con sus inverosímiles acciones, no solo causan daños a otras personas, sino también a sí mismas […] Día tras día, con una monotonía incesante, vemos cómo entorpecen y obstaculizan nuestra actividad, apareciendo de improviso e inesperadamente en los lugares y momentos menos oportunos”, decía Carlo Cipolla refiriéndose a la estupidez - o inconsciencia - humana.

Sin embargo, dado que estamos luchando una batalla de todos y por todos, necesitamos preguntarnos por qué algunas personas no respetan la cuarentena e incumplen las medidas de protección.

La clave se encuentra en la percepción de riesgo

La percepción de riesgo determina las medidas que tomaremos para protegernos. [Foto: Getty Creative]
La percepción de riesgo determina las medidas que tomaremos para protegernos. [Foto: Getty Creative]

La percepción del riesgo es una evaluación subjetiva de la probabilidad de que nos ocurra un accidente o suframos una enfermedad. Estimamos el riesgo de que ocurra un incidente y, de ser así, analizamos cuán graves serían sus consecuencias.

Nuestra capacidad para evaluar el nivel de riesgo que entrañan diferentes situaciones es fundamental para tomar medidas de protección. Si creemos que no corremos peligro, nos quedaremos de brazos cruzados. Si creemos que estamos en riesgo, tomaremos medidas. Así de simple.

No obstante, el nivel de riesgo que percibimos depende de diferentes factores, como explica el Instituto Campbell, desde la sociedad donde vivimos y la cultura que compartimos hasta la presión grupal a la que nos vemos sometidos.

Los 3 niveles que influyen en nuestra percepción del riesgo.
Los 3 niveles que influyen en nuestra percepción del riesgo.

Dime en qué sociedad vives y te diré qué peligros te preocuparán

Los riesgos no existen con independencia de nuestras mentes y culturas. Aquello a lo que tememos es el resultado de un proceso cognitivo y emocional, pero también social. Por eso, la percepción de riesgo va más allá de cada uno de nosotros. Es una construcción social y cultural que refleja nuestros valores, símbolos, historia, ideología y políticas.

Un estudio desarrollado en la Universidad de Bergen reveló que los noruegos, por ejemplo, están más preocupados que los húngaros y los estadounidenses por las consecuencias de las drogas, pero les preocupan menos los accidentes de tráfico. Nuestra cultura y entorno determinan nuestras preocupaciones y la percepción del peligro.

Por eso, las diferentes estrategias que están adoptando los países para combatir el coronavirus y la rapidez – o tardanza – con la que están tomando medidas de aislamiento general terminan afectando nuestra percepción de riesgo.

Los primeros pasos de los gobiernos son esenciales para ajustar el miedo social y desarrollar una percepción de riesgo adecuada. Si esos primeros pasos no son transparentes y resueltos, la percepción individual del riesgo quedará tocada fluctuando entre el pánico y la indiferencia porque perderemos la confianza. Y la confianza en las personas que deben protegernos de un riesgo es esencial para afrontar asertivamente el mismo, según David Ropeik, especialista en la gestión de la percepción de riesgo.

Agente de la policía francesa parando a un ciudadano en la ciudad de Niza para que justifique las razones de su salida. [Foto: Getty Editorial]
Agente de la policía francesa parando a un ciudadano en la ciudad de Niza para que justifique las razones de su salida. [Foto: Getty Editorial]

Por supuesto, la cobertura mediática que ha recibido y continúa recibiendo esta crisis sanitaria también tiene un peso enorme en nuestra percepción de riesgo. El mensaje de que el coronavirus era “como la gripe” que se transmitió al inicio para restarle importancia no ayudó a que la sociedad tomara conciencia de la gravedad del asunto.

El intento de minimizar su impacto afirmando que ataca fundamentalmente a los ancianos, a pesar de que no es así, tampoco fue de gran ayuda. Como resultado, es comprensible que una parte de la población esté asustada y otra se muestre indiferente, sintiéndose al seguro y al margen de lo que ocurre, saltándose las normas de aislamiento.

Ambos extremos son la expresión de una percepción de riesgo inadecuada, ya sea por exceso o por defecto. Y ambos extremos terminan poniendo en riesgo nuestra salud.

Sesgo de confirmación: la presión del grupo cambia tu percepción

Las Fallas se seguían celebrando mientras los casos de Covid-19 crecían por todo el país. [Foto: Getty Editorial]
Las Fallas se seguían celebrando mientras los casos de Covid-19 crecían por todo el país. [Foto: Getty Editorial]

La presión de grupo o la comunidad es otro factor que influye en nuestra percepción de riesgo. Si conocemos a personas conscientes de los riesgos, que se informan adecuadamente y saben transmitir el nivel de peligro real, seremos más objetivos y racionales a la hora de valorar nuestro riesgo.

Al contrario, si formamos parte de grupos en los que existe una percepción de riesgo muy baja, nos empezaremos a cuestionar si nuestras preocupaciones son válidas. Nos preguntaremos si no estaremos exagerando. Entonces es probable que seamos víctimas del sesgo de confirmación.

En 1951 el psicólogo Solomon Asch ideó un experimento muy interesante. Mostró la imagen que aparece a continuación a un grupo de personas y les preguntó: la línea O, ¿se parece más a la A, B o C?

Experimento de las líneas de Ash
Experimento de las líneas de Ash

En condiciones normales todos responderíamos que la línea O corresponde a la A. Sin embargo, cuando el grupo en el que estamos decide que la respuesta es la B o la C, tenemos la tendencia a plegarnos a su opinión, aunque creamos que se equivocan.

El sesgo de confirmación nos lleva a creer o hacer ciertas cosas basándonos únicamente en lo que otras personas piensan o hacen. Por tanto, si vemos a miles de personas manifestándose por el Día Internacional de la Mujer o celebrando las Fallas con normalidad, pensaremos que nuestra percepción del riesgo es infundada.

Como resultado, el decreto de alarma y el confinamiento de la población a sus hogares ha tomado a muchas personas desprevenidas, con una percepción de riesgo muy baja. Esas personas necesitarán un poco de tiempo para ajustar su percepción y comprender la verdadera magnitud de lo que está ocurriendo.

La inalienable cuota de responsabilidad individual

La decisión final está en nuestras manos. [Foto: Getty Creative]
La decisión final está en nuestras manos. [Foto: Getty Creative]

La percepción del riesgo, sin embargo, sigue siendo una experiencia profundamente personal, aunque rara vez sea racional. Evaluamos los riesgos sopesando evidencias y usando la lógica, pero también dejándonos llevar por nuestra intuición y/o las emociones del momento.

Por desgracia, “cuando se trata de tomar decisiones sobre nuestra salud y seguridad, no siempre nos preocupamos más por las amenazas más apremiantes”, indicó un estudio publicado en Environmental Health Perspectives. Por eso podemos adoptar una actitud despreocupada y no acatar las medidas de aislamiento, incluso en situaciones de alto riesgo.

En sentido general, las personas menos informadas sobre un peligro tienden a correr más riesgos, mientras que aquellas que poseen más conocimiento asumirán medidas preventivas más eficaces y podrán mitigar mejor el riesgo.  

Sin embargo, no podemos olvidar que todos, en mayor o menor medida, podemos ser víctimas de un sesgo optimista. Pensar que “no me va a pasar a mí” puede hacernos sentir inmunes, lo cual nos llevaría a desarrollar comportamientos de riesgo.

Antes del atentado del 11 de septiembre, solo el 36 % de los estadounidenses temía que se produjera un ataque terrorista serio, pero luego esa cifra se disparó. Aunque el 80 % afirmaban que un ataque similar podría repetirse, solo el 24 % pensó que podría ocurrir en su ciudad, según un estudio publicado en The Public Opinion Quarterly.

Esa es otra de las razones por la que muchas personas evaden las medidas de aislamiento. No creen que puedan enfermar. No creen que puedan sufrir síntomas graves. No creen que puedan morir.

Sin embargo, hoy los médicos de la UCI publicaron un plan de contingencia en el que indicaron que, si no se hubiesen tomado medidas de contención, la cifra de fallecidos en España podía haber oscilado entre los 36 000 y 87 000.

Eso significa que - sin alarmismo y con mucha responsabilidad - todos y cada uno de nosotros debemos cumplir nuestra misión social. Y si esa misión es quedarse en casa, nos quedamos en casa. No solo por nosotros, sino por todas las personas vulnerables y por aquellos que se están exponiendo para garantizar los servicios básicos. Esta es una guerra de todos. Y solo podemos ganarla con una percepción de riesgo adecuada que apuntale la conciencia social.

 

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