Cómo la pandemia ha acabado con el mejor Peter Sagan

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LE LUDE, FRANCE - APRIL 06: Peter Sagan of Slovakia and Team Total Energies prior to the 68th Circuit Cycliste Sarthe - Pays de la Loire 2022 - Stage 2 a 174,7km stage from Le Lude to Le Lude / #CircuitSarthe / on April 06, 2022 in Le Lude, France. (Photo by Dario Belingheri/Getty Images)
Peter Sagan fue una luz de diversión en un ciclismo aburrido y predecible. Foto: Dario Belingheri/Getty Images

Antes de los Van der Poel, de los Van Aert o de los Pogacar, el mundo del ciclismo era el coto privado del equipo Sky-Ineos, que decidía cada año con quién iba a ganar el Tour (cuatro veces le tocó a Froome, una a Wiggins, Thomas y Bernal). Un ciclismo de ataques en el último momento para intentar hacerse con una etapa o subir al quinto puesto de tal general. Un deporte con sus momentos de emoción, pero en general bastante más aburrido que el actual, en el que la uniformidad acababa aburriendo y pocos hombres nos hacían saltar de nuestros asientos, entre ellos, el eslovaco Peter Sagan.

Sagan no solo era un ganador, sino que era un ganador carismático. Llegado a la élite extremadamente joven, Sagan destacaba por su facilidad para resolver cualquier tipo de carrera: grupos pequeños, escapadas en solitario, esprints masivos... Aunque en su palmarés solo podemos encontrar dos monumentos -su mala suerte en este tipo de clásicas da para un libro-, Sagan logró ganar tres campeonatos del mundo consecutivos entre 2015 y 2017, algo que nunca se había visto en el mundo del ciclismo.

Si había una bajada vertiginosa antes de meta, ahí estaba Sagan apurando en las curvas; si la carrera se decidía cuesta arriba, ahí estaba Sagan tirando de riñones; si era un sprint puro y duro, ahí estaba Sagan luchando contra los Kristoff, Kittel o Greipel de turno. Sagan era ubicuo y, sobre todo, era divertido. Siempre con una sonrisa en la boca, era imposible que Sagan te cayera mal. Lo tenía todo: no era uno de esos ganadores arrogantes -al revés, su colección de segundos puestos invitaba a la empatía-, corría para el espectador -sus famosos "wheelies" eran una de las grandes atracciones en las etapas de montaña-, y tenía esa alegría de la juventud que hacía olvidar el negro pasado del ciclismo durante las dos décadas anteriores.

Aparte de ganar multitud de clásicas, Sagan se llevó doce etapas en el Tour de Francia y ganó el maillot de la regularidad en siete ocasiones, superando en una a Erik Zabel. La última de ellas, en 2019, coincidiendo con su último gran pico de forma y con el principio de la era Van Aert-Van der Poel. Aquel año, Sagan ganó poco -una etapa en el Tour, otra en Suiza, otra en California, otra más en Australia...- pero logró un total de 34 "top tens" incluyendo un quinto puesto en Roubaix, un cuarto en San Remo y otro quinto en los Campeonatos del Mundo. Una marcianada.

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Sagan tenía por entonces 29 años y nada hacía apuntar a ningún declive de ningún tipo. Hasta que llegó la pandemia. En 2020, un año de por sí acortado por las circunstancias, el eslovaco solo obtuvo una victoria (una etapa en el Giro de Italia), pero mantuvo un número aceptable de puestos de élite. Seguía siendo competitivo, vaya. Al menos, hasta que en febrero de 2021 dio positivo en Covid-19 y la preparación de la temporada se le vino abajo.

A eso se le juntaron los problemas de renovación con su equipo, el Bora, y la evidencia de que el espectáculo ya no lo ponía él sino que quedaba en manos de otros. Cuando llegaban San Remo, Flandes o Roubaix, la gente ya no hablaba de Sagan como favorito. Aparecía, como mucho, en las segundas filas de candidatos, detrás de medio equipo Quick Step, los mencionados Van Aert y Van der Poel, el polifacético Alaphilippe... y una nueva generación dispuesta a todo en cualquier terreno.

El segundo año de pandemia no fue mucho mejor para Peter Sagan: ganó más veces, pero eran islas dentro de un mar de mediocridad. En su terreno favorito, las clásicas, apenas se le vio. Solo acabó entre los diez primeros en San Remo. Se llevó el maillot de la regularidad del Giro ante la ausencia de rivales de entidad, pero aquel era un Sagan de puestómetro, de aguante más que de exhibición. Nada que ver con lo que estábamos acostumbrados. Se volvió a ir del Tour de vacío (unos dolores insistentes de rodilla) y anunció su marcha al Total Energies, encantados por hacerse cargo de uno de los contratos más altos del pelotón.

¿Y qué pasó nada más llegar al Total Energies? Un nuevo positivo por Covid. Desde entonces, ha podido correr trece días: en dos, ni pudo acabar la carrera y en nueve no consiguió acabar entre los cincuenta primeros. Solo se salva un cuarto puesto en un sprint de la Tirreno-Adriático y el quinto puesto en la Milán-Torino. Ayer mismo, tuvo que abandonar en el Circuito Ciclista de La Sarthe. No podía respirar, no se encontraba bien. El nombre de Sagan parece cosa del pasado, pero ¿es debido a las enfermedades respiratorias, a los problemas en las rodillas o al cansancio físico y mental de tantos años en la élite?

Gente como él no sobra nunca en ningún deporte. Muchos le están dando por muerto, pero ojo a las resurrecciones. Ahí está el Cavendish del año pasado como ejemplo. De momento, toca recuperarse y centrarse en nuevos objetivos. Ya se perdió Flandes y parece que se perderá Roubaix. Tal vez lo más sensato sea esperar a 2023, solo queda saber si tendrá ganas y fuerzas para tanto. Esperemos que sí.

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