¿Cómo piensa Sampaoli a su futuro cuerpo técnico?

Identificado con el peronismo, el entrenador de la Selección argentina considera al "Descubrimiento de América" un genocidio. Su historia política.

La vida no le parecía agobiante a Jorge Sampaoli a los 34 años. A las 9.45 entraba a trabajar a un banco, a la tarde iba a Renato Cesarini y a la noche a Alumni. La primera parte era para darle de comer a su hija y a su hijo. La segunda y la tercera para darle de comer a su alma. Su hermano, Marcelo, todavía es parte de la Comisión Directiva del club de Casilda donde estaba de noche: su espacio, sus colores, su primer equipo y el lugar donde cumplió su sueño de hacer tocar a La Renga. Renato era una cosa distinta: armado por Jorge Solari, la institución reunía grandes cerebros de la pelota y él fue ahí para formarse. Gratis.

En 1994 conoció a su primer cuerpo técnico: se cruzó con Jorge Desio y con Pablo Sánchez. El primero, todavía, es su preparador físico. El segundo es el profe del Celta de Eduardo Berizzo que va por la Europa League. Con ellos, empezó a armar su mesa chica, mientras corría por ahí, discutiendo con su dios de esa época, Marcelo Bielsa. Muchos años después, gracias a Claudio Vivas, conoció a Sebastián Beccacece, un pibe que, como él, no había llegado a ser un jugador reconocido y que, guiados por el espíritu bielsista, intentaban sacar diferencia, en la pelota, vía el intelecto y la obsesión con el trabajo. Veinte años después de ese primer paso, con toda esa base, apabulló, en el Maracaná, a España, llegando a los octavos de final del Mundial de Brasil 2014.

Después de ganar la Copa América de 2015, en Chile, la vida le cambió a Sampaoli. Gabriel Milito viajó a Santiago de Chile a conocer las instalaciones del predio Pinto Durán y, en el intercambio, el Zurdo de Casilda se animó a pedirle un favor: que lo llevara a conocer a Pep Guardiola. La conversación con el catalán le detonó la cabeza en el momento exacto en que le pidió prestada una planificación de entrenamientos y el entonces entrenador de Bayern Munich le aclaró: "Acá todos los días armamos de nuevo el entrenamiento. No planificamos nada".

Sampaoli se cansó del bielsismo que le invadía la cabeza . Rompió el paradigma. Se agotó de lo arquitectónico. "Las charlas técnicas cansan y a veces terminan siendo más para los entrenadores que para los jugadores. A veces, simplemente, se me ocurre mandarle algunos videos por Whatsapp a algunos jugadores, durante la semana, y ni se los comento. A otros sí. No hay trato más desigual que tratar a todos por igual. Cada uno es distinto. Uno tiene miedo, otro tiene valor. La generalidad de un discurso frente a un grupo a veces sirve solamente para justificar la profesión. Pero no tiene que ser así", empezó a decir para cambiar y entendió que los métodos debían ser otros. Por eso, dejó de trabajar, para su etapa en Sevilla, con Sebastián Beccacece y lo cambió por Juan Manuel Lillo, dándole un rol de mayor protagonismo a Matías Manna, cerebro que Guardiola quería robarse para Manchester City. 

La aparición de Argentina cambió, de nuevo, los parámetros. Mucho más que en el estilo, la clave en una Selección tiene que ver con aprovechar el tiempo. Para eso, la metodología es determinante. Y la metodología, para Sampaoli, radica en el rol del número 2 del cuerpo técnico. Ese que él pone detrás suyo y llama "el arquitecto". 

El carisma lo busca en el número 3 del cuerpo técnico. Pablo Aimar floreció como opción y sirve para ejemplificar de qué se trata: es un rol más sensible, con mayor obligación de transmitir al jugador, con capacidad de observación de detalles, con experiencia dentro del césped.

Esos dos números son los que enloquecen al entrenador de Sevilla. Porque esos nombres los cambió antes y no tiene problemas en volver a cambiarlos. Sampaoli dejó lo cuadrado para volverse flexible y cambiará cuantas veces haga falta. La imaginación, incluso en los métodos, le parece un arte. Eso, además, se recuesta en que vendrá a Argentina con dos pilares clave que lo sostienen: Desio y Manna, uno clave para llevar los ritmos físicos, otro determinante para el seguimiento de jugadores.

La cantidad de nombres que circulan para los puestos son detalles: algunos reales, como Milito, quien declinó la opción; otros mentira, como Ariel Holan, a quien Sampaoli nunca vio en su vida. Otros, muchos otros, son intenciones u opciones que se han vuelto verdad en la falta de rigurosidad a la hora de expresar información. El de Casilda no tiene definido su cuerpo técnico para Argentina, pero sí tiene en claro cuál será su filosofía. Aunque, en este caso, por las urgencias, necesita de un remiendo: en tal caso, esta etapa será de arquitectura libre.

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