¿Qué pierde Boca sin Centurión?

No es delantero, porque no tiene tanta llegada. Tampoco -salvo en este Boca- tiene tanto gol. Pero tampoco sería acertado catalogarlo como volante, a pesar de que allí fue dónde se lució en el Racing campeón con Diego Cocca. Ricardo Centurión es un poco de todo porque sabe adaptarse a lo que le piden sus entrenadores. Pero, también, porque en cada lugar que ocupa, no renuncia a su estilo.

Desde que llegó al Xeneize, Centu intentó adaptarse a los pedidos de Guillermo Barros Schelotto. Pasó por todos lados: jugó de interno, de volante por derecha, de mediapunta y hasta de nueve. En todos esos puestos cumplió, aunque, lógicamente, en algunos lo hizo mejor que en otros. Ahora, con la salida de Carlos Tevez, se le abrió un nuevo lugar: el de enlace. Él, un poco a propósito y un poco no, ocupa la posición que Carlitos dejó vacante.

Ricky no es un enganche clásico, ni necesariamente tiene por qué encasillarse en esa función. Sin embargo, sí cumple con una tarea básica: unir las líneas. En los últimos encuentros fue él quien se encargó de hacer los traslados y ser la conexión entre Bentancur o Gago y Pavón o Benedetto, ya sea por su banda o por el centro del campo. Ya se gambeteando o tocando. En su ausencia, el uruguayo o Pablo Pérez tendrán que hacerse cargo de esa labor.

Ante Talleres, como bien dijo el Mellizo, el equipo perderá generación cerca del área rival. "Es un jugador que tiene la capacidad para romper la defensa", explicó el DT, en pocas palabras. Y enseguida lo comparó con su reemplazante, Junior Benítez: "Puede crear mucho por afuera, tiene desborde y llegada". No son exactamente polos opuestos, pero lo que puede dar cada uno, al menos en la cabeza del entrenador, es bien distinto.

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