Si el planteamiento de Zidane lo hubiera hecho Guardiola en el Barça...

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Hace tiempo que se observa una tendencia en Zidane, que es que en cuanto puede, pone el máximo de centrocampistas posibles. De talento, a poder ser, un poco a imagen y semejanza de lo que él era como jugador. Cuando llegó al Real Madrid, con la BBC en pleno apogeo, no pudo hacerlo en exceso, pero aprovechaba cada lesión (de Bale, principalmente) para meter un cuarto medio, que solía ser Isco.

Era la pizarra de Zidane, la que poca gente le quiso y quiere reconocer, y que dejó maravillas como la final de la Champions ante la Juventus de 2017 o ganar al Liverpool en 2018, ese equipo que ahora arrasa por donde pasa pero que no pudo en aquel entonces con un Madrid... con cuatro centrocampistas de inicio.

En su regreso, el galo ha estado varios meses haciendo pruebas para acabar dándose cuenta de lo que a él le gusta realmente, que es salir con mucho jugón en el medio, con artistas del balón que además no escatiman, en general, con el esfuerzo. Al menos en las grandes noches.

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La plaga de lesiones le hizo llegar a la Supercopa sin Bale ni Benzema, y tampoco estaba Hazard. Así, Zidane se inventó un quinteto de medios que ha maravillado a todos pasando por encima de un Valencia que venía mostrando un grandísimo nivel pero que ante el Madrid empequeñeció. Ante el Madrid de los cinco centrocampistas. Todos esperaban a Vinícius o Rodrygo, pero Zizou tenía otro plan en la cabeza.

Isco celebra junto a Modric el segundo gol del Madrid al Valencia (REUTERS/Sergio Perez).
Isco celebra junto a Modric el segundo gol del Madrid al Valencia (REUTERS/Sergio Perez).

Al técnico galo se le escatiman casi todo los elogios, nunca se le reconoce nada que no sea su buen carácter y su mano izquierda con los futbolistas. Cuando es Guardiola el que hace una apuesta similar, un planteamiento parecido plagando el centro del campo de talento, todo el mundo se deshace en elogios y los piropos van de 'mejor entrenador del mundo' para arriba. Un visionario.

Con Zidane, sin embargo, la nada, al día siguiente se hablará de las maravillas de Isco, de la exhibición de Modric, del manejo de los partidos de Kroos o de la potencia y claridad de Fede Valverde, pero nada se dirá del entrenador que decidió ponerlos todos juntos, con Casemiro, con un título en juego. Aunque tampoco hay que esperar demasiado, son muchos los que achacan sus tres Champions consecutivas a la suerte, a su flor. La ignorancia es atrevida.

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