La política de los Juegos: qué hay detrás del boicot diplomático a Pekín 2022

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Protestas contra los Juegos de Invierno en China (Photo: NurPhoto via Getty Images)
Protestas contra los Juegos de Invierno en China (Photo: NurPhoto via Getty Images)

Los Juegos de Invierno más calientes en décadas. Pekín 2022 será el epicentro de la polémica en febrero, una cita olímpica que se celebrará inmersa en un boicot diplomático de potencias como EEUU, Reino Unido, Canadá o Australia. El deporte, por ahora, queda en un segundo plano, superada por las tensiones sobre los derechos humanos en China.

La administración de Joe Biden anunció recientemente su rechazo a enviar delegación oficial, una decisión seguida por varios aliados y que de momento sopesa la Unión Europea. La imagen recuerda, 40 años después, a las obstrucciones entre bloques occidental y soviético durante la Guerra Fría. No obstante, las diferencias son palpables.

“Esto una señal, un toque de atención a China y su población, pero un aviso con tensión controlada”, apunta Mario Esteban, investigador principal para Asia-Pacífico del Real Instituto Elcano. “Lo que se vivía en Moscú’80 o Los Angeles′84 sí eran boicot completos, también deportivos. Esto es otra cosa, que no se quiere llevar a un conflicto total, porque todos son conscientes de que vivimos en un mundo más globalizado e interdependiente”.

¿Qué busca EEUU con su jugada?

“El anuncio, ser los primeros, refuerza a EEUU como líder del mundo libre”, expone Oriol Farrés, coordinador del anuario del CIDOB, otro relevante think tank español. “Es una competencia muy táctica en la apuesta de Biden por los derechos humanos, entrando a campos que quizás con Trump no se profundizaron tanto; él planteó un enfrentamiento con China más frontal”.

En concreto, la Casa Blanca se refirió “al genocidio y los crímenes contra la humanidad en curso” en la provincia de Xinjiang, verbalizando una posibilidad que el propio Biden manejaba desde hacía semanas.

El anuncio, ser los primeros, refuerza a EEUU como líder del mundo libreOriol Farres, coordinador del anuario oficial del CIDOB

“El boicot no irá a más porque es solo un paso más dentro de un contexto más amplio que sí va a más”, prosigue Farrés. Expone cómo “EEUU está generando alianzas en dos dimensiones: una con Corea del Sur, Australia, India o Japón orientadas a cuestiones de seguridad y otro tipo de geometrías más centradas en derechos humanos. Y es aquí donde la UE se puede sumar”.

De una opinión similar es Mario Esteban, que evidencia cómo Biden ha reforzado la batalla por los derechos humanos, no solo en la cuestión de la etnia uigur. “En China los frentes son variados: el trato a los uigures por supuesto, pero está la cuestión de las relaciones con Hong Kong en la previa de las elecciones, la crisis abierta en Taiwán, la desaparición de la tenista china Shuai Peng... todo suma”, considera.

“Lo que se vivía en Moscú’80 o Los Angeles′84 sí eran boicot completos, también deportivos. Esto es otra cosaMario Esteban, investigador principal para Asia-Pacífico del Real Instituto Elcano

″Sinceramente, lo que veo muy difícil es que el paso dado por EEUU y aliados sirva para lograr una mejora real en la cuestión humanitaria. La experiencia demuestra que una decisión así aporta porque visibiliza el problema, pero pensar que pueda salir algo más es complicado. De hecho diría que se consiguen más réditos en la dirección contraria, más de conciliación”, complementa el investigador del CIDOB.

La esperada reacción de China

Para Oriol Farrés, China va a plantear la estrategia de que EEUU juega a los derechos humanos con doble rasero y usándolos como arma política. “Ellos defenderán un mensaje de que nos intentan minar pero no nos plegamos a sus presiones, que es una parte habitual de su discurso”.

Por ello, espera respuesta de Pekín, “algún gesto”, aunque no se atreve a predecir su intensidad. “No se puede saber, pero hasta ahora los chinos han buscado ser proporcionales. Hay y habrá una fuerte movilización de opinión política y no descarto que se intenten dificultar algunas conversaciones diplomáticas con EEUU y otras potencias”, remata.

Su colega Mario Esteban también considera posibles algunas réplicas, “pero es que realmente el proceso de ataque-contraataque es constante. Se ve en las redes, en los medios. Estamos en una batalla ideológica, de lo que se considera el soft power o‘poder blando’, más cotidiano. Habrá que vigilar qué hace China durante y después del boicot”.

La pelota está ahora sobre el tejado de la UE, que se plantea un tema “muy difícil de consensuar”, matiza Esteban. “Todo lo que sea coordinarse con los socios tradicionales de la UE es positivo, pero para mí la línea roja es ver si las democracias de Asia-Pacífico como Japón o Corea del Sur se suman al boicot. Entonces sí, creo que la UE no debería mantenerse al margen, porque ante una cuestión de EEUU o Reino Unido sí puede quedarse un poco al lado. Lo que dudo, pase lo que pase, es que los 27 sean capaces de llegar a un consenso en este tema”.

Y el deporte qué pinta en todo esto

“Mucho”, comenta Farrés, que cita al deporte como uno de los ejes de ese soft power. “El deporte da muchísimo poder y estados como Brasil o Catar lo han sabido jugar para mostrar más poder del que quizás tengan. En unos Juegos tenemos que pensar que la política existe desde su cuna en Grecia. Compiten deportistas, pero compiten estados y cuando hay estados hay dimensión política”.

El boicot no afectará a ningún deportista de los países en contra de Pekín. La propia Casa Blanca remarcó su “apoyo total” a la fuerte delegación olímpica estadounidense. Aunque la administración Biden se niega a “contribuir a la fanfarria del juego” no ve “un paso correcto” impedir la participación a sus atletas, reconoció la secretaria de prensa, Jen Psaki.

De las cinco naciones que han anunciado su boicot —EEUU, Reino Unido, Canadá, Australia y Lituania—, “todos son potencias en los Juegos de Invierno salvo Lituania”, precisa la periodista Paloma del Río. Canadá y EEUU, de hecho, acabaron en tercer y cuarto lugar en el medallero de 2018, muy por delante de China.

La voz olímpica de RTVE considera que el deporte quedará al margen de las tensiones geopolíticas. “Las represalias de China habrá que verlas, pero a los deportistas no les afectará”, cita. “Ellos bastante tendrán con las restricciones de movilidad a causa del covid, que será similar (o peor) a las vividas durante Tokio 2020”, apunta.

“Y al Comité Olímpico Internacional tampoco no le interesa posicionarse, aunque imagino que gracia no le hará este tipo de presiones”, añade Oriol Farrés. “Ellos lo que querrán es sacar unos Juegos lo más neutrales y lo más exitosos posibles, que es de lo que va su tarea”.

Este artículo apareció originalmente en El HuffPost y ha sido actualizado.

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