Los chistes que evidencian que el racismo está metido hasta las entrañas en Oxford, la universidad de la élite

Javier Taeño
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La universidad de Oxford es uno de los centros académicos más importantes del mundo. Desde sus orígenes, allá por el siglo XI, se ha ido ganando una reputación de excelencia que ha conservado hasta nuestros días. El lugar ha jugado un gran papel en la educación de cuatro reyes británicos, y al menos ocho extranjeros; 47 ganadores del Premio Nobel, 25 primeros ministros británicos; 28 presidentes y primeros ministros extranjeros; 7 santos u 86 arzobispos.

Por sus muros ha pasado lo más granado de la sociedad del Reino Unido. Un carácter elitista con un perfil muy marcado que desde hace años le viene pasando factura. Tradicionalmente es un centro de poder y dominio inherentemente blanco.

La universidad de Oxford ha estado en el centro de la polémica por racismo en los últimos años. (REUTERS/Toby Melville)
La universidad de Oxford ha estado en el centro de la polémica por racismo en los últimos años. (REUTERS/Toby Melville)

Y uno de los temas que más preocupan es el legado de racismo que aún está muy presente en la institución, que cuenta con hasta 39 colleges. Las polémicas han sido numerosas en los últimos años y han afectado a la reputación del centro.

Sin duda, una de las más sonadas se produjo en junio de 2020 y tuvo que ver con el asesinato del adolescente George Floyd a manos de la policía en Estados Unidos. El caso provocó una oleada de protestas raciales en todo el país en el que miles de personas salieron a las calles a exigir que las vidas negras importen, bajo el lema Black Lives Matter. El asesinato se coló también en los muros de Oxford, pero lo hizo de una forma un poco macabra.

Melanie Onovo, una estudiante de uno de los colleges más importantes de Oxford, el Christ Church, convocó una moción para debatir una donación al fondo de libertad de Minnesota. Durante este encuentro también se iban a votar los puestos del comité en este centro. Una de las asistentes, que terminó retirando su candidatura, pronunció unos comentarios polémicos en los que bromeaba con la muerte de Floyd y la trivializaba.

“Estados Unidos se enfrenta a dos crisis muy importante en este momento: el curioso incidente de George Floyd y la escasez de harina. Me gustaría presentar una moción para que se hable de estos dos incidentes, no solo de uno. La escasez de harina conduce a disturbios, lo que lleva a la muerte y al racismo. Y el racismo conduce a la muerte, lleva a disturbios y eso produce escasez de harina”, manifestó.

Onovo no solo se encontró el silencio de sus compañeros cuando se pronunciaban estas palabras, sino que recibió rechazo, insultos y muestras de odio en la Red después de denunciarlo.

Protestas raciales en Oxford tras el asesinato de George Floyd. (Joe Giddens/PA via AP)
Protestas raciales en Oxford tras el asesinato de George Floyd. (Joe Giddens/PA via AP)

De hecho las declaraciones fueron tan controvertidas que obligaron a la universidad de Oxford a publicar un comunicado en el que mostraban su rechazo al racismo y se comprometía a “abordar el racismo sistémico allá donde se encuentre, incluyendo nuestra propia comunidad”.

Los comentarios de la estudiante pueden parecer aislados, pero lo cierto es que en los últimos años la universidad se ha tenido que enfrentar a varios casos similares, lo que sugiere que efectivamente puede haber un problema endémico con la raza que no se está logrando solucionar.

No hay que echar mucho tiempo la vista atrás, solo hasta noviembre de 2019, para recordar el caso de un estudiante negro ciego que fue sacado violentamente de la Unión de Oxford (sociedad británica de debate asociada a la universidad) por los guardias de seguridad.

Ebenezer Azamati, de origen ghanés y alumno de Relaciones Internacionales, había llegado pronto para coger un asiento reservado para personas discapacitadas, se fue a cenar y cuando volvió, poco antes del comienzo del debate, fue cogido por los hombros y expulsado de la sala. Un acto que fue muy criticado y que ya levantó ampollas en su momento.

También cuestionado fue el caso del estudiante que decidió disfrazarse de miembro del Ku Klux Klan en una fiesta. El evento ocurrió en el año 2016 y provocó reacciones muy negativas en su momento, viéndose obligado el alumno a disculparse.

Sin embargo, su apología de esta organización caracterizada por la supremacía blanca y por la persecución a razas o ideologías distintas no ha tenido consecuencias graves para su carrera. Este hombre se acaba de graduar y la polémica ha terminado siendo apenas un destello en su experiencia universitaria.

Los ejemplos poco ejemplares

Estos casos suelen crear controversia y mala reputación temporal para la universidad, pero una vez que pasa el ruido terminan quedando en el olvido, manteniéndose el problema de fondo. Durante muchos años la universidad de Oxford ha reproducido la violencia colonial. Ya fuera a través de grandes donaciones o con los homenajes realizados a grandes imperialistas como Cecil Rhodes, Chistopher Codrington o Benjamin Jowett, entre otros.

Estatua de Cecil Rhodes en la fachada de Oxford. En los últimos meses muchos estudiantes han pedido su retirada. (Photo by Christopher Furlong/Getty Images)
Estatua de Cecil Rhodes en la fachada de Oxford. En los últimos meses muchos estudiantes han pedido su retirada. (Photo by Christopher Furlong/Getty Images)

El centro se suele caracterizar por defender su complicidad en la expansión y preservación del racismo, el colonialismo y el imperialismo como errores del pasado, al mismo tiempo que ahora se intenta presentar como ejemplo de diversidad. Lo que olvida es que mientras que no haya un rechazo claro y rotundo a estas prácticas y se deje de ensalzar a aquellos que las secundaron se seguirán transmitiendo unos valores equivocados, que perpetúan las desigualdades.

Esta situación está provocando un desarraigo total entre los estudiantes de raza negra, que se ven decepcionados por el racismo inherente a la institución. En este sentido, la sociedad BAME revela que los alumnos se han desilusionado tanto que no se sienten cómodos trabajando en programas de divulgación para atraer a otros a seguir sus pasos.

Si no se fomenta un entorno más inclusivo y antirracista, la universidad va a tener complicado seguir presumiendo de un ambiente diverso. Parece pues que Oxford tiene todavía un largo camino por delante. Y es que en pleno siglo XXI la excelencia va más allá de sacar unas calificaciones brillantes.

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