¿Por qué hay tanto odio contra los veganos?

Manifestación animalista en Lille, Francia, en 2018. (Sylvain Lefevre/Getty Images)
Manifestación animalista en Lille, Francia, en 2018. (Sylvain Lefevre/Getty Images)

Ser vegano es una opción que cada vez está más extendida, aunque eso no signifique que esté aceptada por la generalidad de la sociedad. Todo lo contrario. Aquellas personas que deciden prescindir de alimentos, vestimenta, medicamentos o cosméticos que provengan de animales no lo tienen fácil, ni por el estilo de vida que acuñan, ni por el extendido rechazo que sufren. Pero ¿por qué no solo se les mira raro, sino que se les discrimina abiertamente? ¿Cuál es la razón por la que existen tantas expresiones de negatividad ante aquellos que eligen este estilo de vida?

Nadie dijo que tener fuertes convicciones fuera fácil, sobre todo si éstas rompen con cánones establecidos y tan arraigados que llegan a inquietar a según qué personas. Considerados como elitistas, los veganos tienen una existencia complicada, ya que su visión de la humanidad es descorazonadora. Perciben la consumición de productos provenientes de los animales como una total injusticia que tiene su origen en el maltrato, mientras que los opositores a esta idea no soportan ser juzgados por consumir productos básicos como la carne o la leche. El resultado es una guerra abierta que en ocasiones traspasa el mundo de las ideas. Pero unos son mayoría y otros minoría, por eso existe discriminación.

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El activismo de los veganos ha llegado a extremos como el de una pareja francesa que destrozó e intentó quemar carnicerías y restaurantes ubicados en el norte del país galo, irrupciones como la sucedida en la Exposición Rural de Palermo, Argentina, o la invasión de una pizzería británica por parte de un grupo animalista que finalizó con la agresión de un consumidor a una de las manifestantes. Hay casos como el de una asociación en defensa de los animales que lanzó una campaña publicitaria en la que afirmaron que el “obligar” a los hijos a comer carne es abuso infantil. Las reacciones de los opositores a los activistas veganos no se quedan atrás. Tal es el caso de Gatis Lagzdins, quien no dudó en comerse a una ardilla durante una protesta en Londres. En otro acto hizo lo propio con una cabeza de cerdo. Otras expresión de esta ‘vegafobia’ fue la del crítico gastronómico, William Sitwell, que fue editor de la revista, Waitrose Food, hasta que se vio obligado a resignar después de que una escritora freelance con la que trabajaba filtrara un correo electrónico en el que Sitwell dijo que a los veganos había que “matarlos uno a uno”.

Carnicería en Tailandia. (Sergi Reboredo/VW Pics/Universal Images Group via Getty Images)
Carnicería en Tailandia. (Sergi Reboredo/VW Pics/Universal Images Group via Getty Images)

“Se necesita una persona fuerte para vivir con angustia existencial, por lo que mucha gente se resiste al mensaje del veganismo”, afirmó a Vice la psicóloga vegana, Clare Mann. “Los veganos tienden a ser más ‘sensibles' y toman decisiones a través de los valores y basándose en cómo se sienten, en comparación con las personas que son más ‘racionales', cuya preferencia para tomar decisiones es más lógica. La gran mayoría de las personas saben que algo está sucediendo, pero su umbral para sentir el dolor es muy grande”, agregó.

Y en esta oposición se acaba produciendo un fenómeno de discriminación, un término que hasta este momento solo se usaba ante el trato desigual a una persona o colectividad por motivos raciales, religiosos, políticos, de sexo, de edad, de condición física o mental. Estos prejuicios fueron tratados en un estudio dirigido por Cara C MacInnis y Gordon Hodson, que fue publicado en Group Processes & Intergroup Relations. En él se concluyó que los vegetarianos y los veganos, especialmente estos últimos, viven un tipo de discriminación comparable a la que sufren otras minorías. Los resultados fueron asombrosos e indicaron que los omnívoros evaluaron a los veganos de una manera igual o más negativa a las personas negras - conclusión ésta que evidenció un alto grado de racismo - siendo la población de ideología de derechas las que más rechazo mostraron contra los veganos.

“Hace siete años, un cinco por ciento de estadounidenses se identificó como vegetarianos y un dos por ciento como veganos. Aunque esto represente una ínfima parte de la población, se puede comparar con otras minorías como el número de homosexuales o de musulmanes en el mundo occidental”, señaló MacInnis en su análisis.

Las hostilidades contra los veganos tienen su origen en la incomprensión por una postura que los omnívoros consideran exagerada. Consumir carne de manera masiva no es saludable ni para el cuerpo ni para el medio ambiente, pero no comerla tampoco lo es. Las carencias alimenticias que enfrentan los veganos son una realidad, sin embargo, cada vez hay más personas que se unen a esta tendencia, ya sea de manera total o gradual, con el mero objetivo de reducir el consumo de productos que vengan de animales. Las grandes compañía saben a la perfección que esta inclinación genera dividendos y gigantes como Nestlé y Kellogg’s se están adaptando. Además, la publicación Vegetarian Times ya es un referente a nivel impreso y digital; la compañía, Beyond Meat, que crea hamburguesas veganas que saben a carne, ya está valorada en 3.4 mil millones de dólares y solamente lleva seis años comercializando sus productos.

Protesta en México contra las corridas de toros. (YURI CORTEZ/AFP/Getty Images)
Protesta en México contra las corridas de toros. (YURI CORTEZ/AFP/Getty Images)

Se trata de dos de los numerosos ejemplos en los que incluso estrellas del mundo del espectáculo invitan a sus seguidores a pasarse al veganismo, como el caso de Paul McCartney o Ellen DeGeneres. La tendencia vegana está incrementando a pasos agigantados y el consumo de carne está disminuyendo. Una de las consecuencias derivadas de esta conclusión es que ambas posturas están cada vez más polarizadas.

El término de ‘vegafobia’ se acuñó por primera vez en 2011, cuando los sociólogos Matthew Cole y Karen Morgan probaron los medios de comunicación británicos retrataban a los veganos de forma negativa. Con el tiempo, esta predilección se ha ganado el respeto de las publicaciones hasta el punto en que dos libros de recetas veganas se encuentran entre los más vendidos, según el New York Times. Por no hablar de la proliferación de este tipo de restaurantes. Esto no disminuye los episodios de discriminación percibidos en conversaciones cara a cara, comentarios de noticias o en redes sociales, sino que las alienta.

Ni ser vegano significa ser activista, ni ser omnívoro implica odiar por defecto a aquellos que deciden no consumir ni usar productos que provengan de los animales. No hay que olvidar que el origen de ser vegano es la justicia social, el orden medioambiental y su oposición a la producción masiva de alimentos o productos de proveniencia animal que cuenta con probados casos de maltrato. Es la intromisión de los veganos lo que molesta a aquellos que no tienen problema en consumir productos animales, su “intransigencia y su “mentalidad impositiva”. Ambas partes solamente quieren vivir su vida sin ser juzgados, aunque, a día de hoy, los más estigmatizados son los veganos. Otro gallo cantará si algún día dejan de ser minoría.

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