Por qué están permitidas las peleas a puñetazos en el hockey sobre hielo y cómo ayudan a prevenir lesiones

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TORONTO, ONTARIO – AUGUST 12: Tom Wilson #43 of the Washington Capitals and Anders Lee #27 of the New York Islanders fight during the first period in Game One of the Eastern Conference First Round during the 2020 NHL Stanley Cup Playoffs at Scotiabank Arena on August 12, 2020 in Toronto, Ontario, Canada. (Photo by Elsa/Getty Images)

Decía Dana White, el presidente de la UFC de artes marciales mixtas, que si en una habitación hay personas jugando al fútbol en una esquina, al baloncesto en otra, al fútbol americano en una tercera y peleando en la restante, todo el mundo irá a ver la pelea. Según él está en el ADN del ser humano. Las peleas nos gustan, nos llaman la atención, nos escandalizan o nos producen morbo, pero las prestamos atención. En el caso del hockey sobre hielo, en el que está permitido que dos jugadores lleguen a las manos, sucede algo parecido. Un mal partido puedo transformarse en bueno si hay una o varias tanganas, y un buen encuentro se convierte en magnífico por el mismo motivo. Pero, ¿por qué están permitidas las peleas en la NHL? Hay una explicación.

Mientras que en otros deportes, la mayoría, se castiga con dureza, expulsión y sanciones el hecho de que dos jugadores lleguen a las manos, en el hockey sobre hielo norteamericano se toleran las peleas y sólo se penalizan, en su mayoría, con cinco minutos de aislamiento en box de penalizaciones por la Regla 56 de su libro de normas (la conocida como regla de los puñetazos). Según Gary Bettman, comisionado de la NHL, explica los dos motivos principales para no eliminar estos combates en mitad de los partidos: previenen lesiones serias y son un termómetro de lo que sucede en el terreno de juego. Y no le falta razón.

¿Prevenir lesiones? ¿No será al contrario?

Pues no, no es al contrario. El propio comisionado lo ha explicado en más de una ocasión. Los jugadores profesionales de hockey sobre hielo pueden patinar rondando los 45 km/h, y lo hacen con un stick en la mano. Golpear a alguien, con o sin dicho utensilio, a esas velocidades puede ser realmente peligroso. Hacerlo con mala intención o como venganza por alguna acción previa, pique o rivalidad puede ser, simple y llanamente, mortal. Por lo tanto, si se permite que dos jugadores se líen a puñetazos para saldar cuentas y posteriormente vayan ‘al rincón de pensar’ durante cinco minutos, se pueden evitar males mayores importantes.

Para entender esto sólo hace falta remontarse cinco años en el tiempo. En un partido entre los San Jose Sharks y los Anaheim Ducks perteneciente a la temporada 2015-16, Raffi Torres causó una conmoción cerebral a Jakob Silfverberg al golpearle por el lado ciego. Fue expulsado automáticamente y posteriormente recibió una sanción ejemplar. La NHL le castigó sin jugar durante 41 partidos, media temporada, en lo que fue la pena más alta de la historia de la competición. Dicha acción marcó la carrera de un Torres al que la liga volvió la espalda hasta el punto de que terminó retirándose. Por eso cuando alguien pide que se eliminen las peleas de la NHL, como se hizo en muchas ligas extranjeras o el hockey internacional, la respuesta de la Liga siempre es no. “¿No recordáis lo que pasó cuando intentamos prohibir las peleas? Los ‘luchadores’ se mostraron en contra, al igual que la Asociación de Jugadores. Eliminar las peleas significaría eliminar el trabajo de los ‘luchadores’ [enforcers], que provocaría que estos no pudiesen tener una carrera en la NHL”, explicó Gary Bettman cuando se le preguntó al respecto hace un par de años.

No todo vale

Que las peleas sean parte del juego no quiere decir que no estén reguladas. Los árbitros se mantendrán al margen de la tangana siempre y cuando se cumplan una serie de normas e intervendrán cuando no sea así para detenerla. Para empezar, ambos jugadores deben soltar sus sticks y quitarse los guantes de juego. De este modo se evita el uso de objetos contundentes y se limite la potencia de los puñetazos (el uso de guantes hace que los golpes sean más fuertes, pues el daño sufrido en las manos es mucho menor). Es un enfrentamiento de mano descubierta, en el que sí está permitido agarrar el uniforme del rival. Cuando uno de los dos contendientes caiga al suelo o manifieste no tener intención de pelear, la acción debe detenerse, al igual que si alguno de los involucrados sufre algún corte de consideración o es claramente inferior a su oponente. Será entonces cuando los colegiados entren en escena y separen a los ‘púgiles’ y, evidentemente, golpear a un árbitro está terminantemente prohibido. En ese momento, se acabó una fiesta a la que no puede unirse ningún otro jugador y en la que, por supuesto, está terminantemente prohibido que alguien abandone el banquillo para entrar en la trifulca que tiene lugar en el hielo.

La figura del enforcer y ‘el código’

No todos los jugadores de hockey sobre hielo están preparados para una pelea. Algunos por razones de relacionadas con la condición física, otros por una cuestión de agallas o actitud. Sin embargo todos los equipos cuentan con la figura del enforcer en su plantilla. Un jugador no especialmente bueno técnicamente o relativamente falto de talento, pero con una misión muy clara: evitar que sus compañeros que sí tienen esas cualidades sufran daño alguno. Es una especie de guardaespaldas dispuesto a defender a aquellos que visten su mismo uniforme. Odiado por los jugadores y fans rivales y amado por los propios. El miembro del roster que entiende mejor que nadie las reglas no escritas del hockey que dicen que no se deben producir ciertos contactos peligrosos o golpes a traición, que no se debe abusar de un rival inferior o que no se puede atacar deliberadamente a la estrella del conjunto opuesto… Aquel que nos las cumpla tendrá que vérselas con él y posiblemente pagar las consecuencias de saltarse el ‘código’ que dice “si vas a por mi compañero, yo iré a por ti”.

Jugadores como Rob Ray (379 peleas y 3.207 minutos de penalización a lo largo de toda su carrera), Chris ‘Knuckles’ Nilan (329 peleas y 3.043 minutos de castigo), Tie Domi (339 peleas y 3.515 minutos de penalización), Joey Kocur (359 peleas y 2.519 minutos de castigo) o Bob Probert (304 peleas y 3.300 minutos de penalización) son varios de los nombres que salen a relucir cuando se habla de los mejores enforcers de la historia y tanto sus equipos como la NHL presumen de ellos… como lo hacen de las peleas sobre hielo.

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