Por qué Túnez y Libia no pueden ser una solución al conflicto del Open Arms como muchos defienden

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Casi dos semanas después del rescate, la situación en el Open Arms es cada vez más angustiosa. El barco español continúa a menos de 30 millas náuticas de Lampedusa (Italia), una distancia muy pequeña a priori, pero que hasta ahora se ha revelado como insalvable ante el rechazo del Gobierno italiano y de Malta a abrir sus puertos.

Aún quedan a bordo 151 personas rescatadas en el Mediterráneo que sufren la falta de espacio, el racionamiento de agua o los conflictos normales de convivencia. La desidia de los dos países más cercanos al buque para encontrar una solución unida al desinterés de las demás naciones europeas ha provocado que la situación se alargue, aunque la Comisión Europea ya está tratando de lograr un consenso y está en permanente contacto con las principales capitales continentales.

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Los rescatados en el Mediterráneo esperan en el Open Arms una solución. (AP Foto/Valerio Nicolosi)
Los rescatados en el Mediterráneo esperan en el Open Arms una solución. (AP Foto/Valerio Nicolosi)

Mientras Europa piensa cómo acabar cómo acabar con una situación que ya se ha alargado demasiado en el tiempo, cada vez suenan más las voces que piden que Túnez o Libia sean los puertos de destino de estos inmigrantes. Los últimos han sido Marcos de Quinto, diputado de Ciudadanos, y Antoni Camps, coordinador de Vox en Menorca. Ambos han pedido que el buque atraque en el país tunecino. Sin embargo, ninguno de los dos estados norteafricanos son opciones posibles por diferentes motivos.

A priori Túnez podría ser una solución por sus características: es el país más estable de la región, es el único que ha sido capaz de hacer una transición pacífica hacia la democracia y hay unas ciertas libertades y derechos para sus ciudadanos, aunque en el año 2018 Amnistía Internacional alertó de los ataques contra la libertad de expresión.

Su gran punto débil, sin embargo, es la ausencia de una ley de asilo. Pese a que el país firmó la Convención Internacional de los Refugiados, no ha impulsado aún una norma que la incorpore a su ordenamiento jurídico, lo que deja a estas personas en un limbo.

Es cierto que la tarjeta de refugiados de ACNUR hace que Túnez no les deporte, pero en la práctica no pueden beneficiarse de los servicios públicos de educación y sanidad ni tampoco trabajar de forma legal, lo que da pie a numerosos abusos; al cobrar en negro, los jefes pagan menos que a los tunecinos y no están amparados por ningún derecho laboral.

Miedo a la UE

Hace ya algunos años, tras la Primavera Árabe y la llegada de una nueva Constitución, se registró una propuesta de ley de asilo en el Parlamento, pero hasta ahora no se ha aprobado y parece que va a ser difícil que salga adelante. Los expertos coinciden en decir que no se ha hecho por el temor de las autoridades tunecinas a que Europa les presione para firmar un acuerdo que les obligue a recibir a los inmigrantes interceptados en el mar.

Así pues, queda claro que es el propio Túnez el que no está dispuesto a resolver problemas como el del Open Arms y mientras que esa ley de asilo siga sin aprobarse, la estancia de los inmigrantes en el país supondría una violación de los derechos de los refugiados.

Migrantes tras ser rescatados por Libia. (REUTERS/Ismail Zetouni).
Migrantes tras ser rescatados por Libia. (REUTERS/Ismail Zetouni).

Descartado Túnez queda entonces Libia, aunque su situación política actual hace que rápidamente se descarte esta posibilidad. El país norteafricano vive un gran conflicto interno desde el 2014 que provoca que no haya un Gobierno estable, sino varias facciones en lucha por el control del poder. Un escenario imposible para acoger a personas que como bien dice la definición de refugiados necesitan protección.

Asociaciones de derechos humanos como Amnistía Internacional se muestran muy críticos con Libia y recogen en sus informes violaciones graves del derecho internacional y abusos contra los derechos humanos. Los secuestros, detenciones o torturas contra los civiles son frecuentes y continuados.

A pesar de estos condicionantes, la Unión Europea llegó a un acuerdo con el país para frenar la llegada de refugiados a Europa. Tal y como denuncian las ONG’s, el saldo tras dos años en vigor ha sido de miles de ahogados en el Mediterráneo y acoso a las organizaciones de rescate.

Sin Libia y Túnez en la mesa, la solución pasa inevitablemente por Europa. En casos similares, como el del Aquarius en 2018 o el Sea Watch 3 en 2019, se distribuyeron los inmigrantes entre distintos países europeos como España o Francia. Lo que parece claro es que sin una estrategia común europea que regule las llegadas, el problema va a persistir, más allá de que el Open Arms pueda por fin encontrar puerto.

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