Por qué las pruebas de diagnóstico de covid-19 no explican el aumento de los casos en EEUU, como afirma Trump

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En varias regiones de Estados Unidos la pandemia comienza a mostrar un alarmante repunte, sobre todo en varios estados del sur y suroeste que han emprendido la reapertura. Pero muchas personas, desde ciudadanos comunes hasta las más altas autoridades, al parecer prefieren voltear a otro lado.

Eso sucede, por ejemplo, en Alabama, Arizona, Florida, Georgia y Texas, entre otros, donde el crecimiento del número de casos confirmados ha ido en paralelo a las relajaciones de las restricciones y, también, a una cierta displicencia que hace que muchos no practiquen apropiadamente el distanciamiento social y rechacen el uso de mascarillas.

Eso ha llevado a un fenómeno de alto riesgo: en esos estados las medidas para contener la infección se están relajando. Máxime cuando autoridades de varios niveles, incluidos el presidente y gobernadores, ofrecen explicaciones que resultan equívocas y no plantean cabalmente la realidad.

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El cartel de un centro de pruebas de diagnóstico de covid-19 en Miami, Florida. (AP Photo/Lynne Sladky)
El cartel de un centro de pruebas de diagnóstico de covid-19 en Miami, Florida. (AP Photo/Lynne Sladky)

El propio Donald Trump y el vicepresidente Mike Pence han atribuido el alza del número de casos registrados al hecho de que se realizan actualmente más pruebas de diagnóstico. Esa versión es difundida también por otras autoridades, por ejemplo el gobernador de Florida, Ron DeSantis. Pero los tests son apenas una parte de la realidad. Afirmar que hay más casos solo porque se están haciendo más pruebas implica, en su lógica, que la epidemia no se está agudizando sino que simplemente se está cubriendo un espectro mayor de la población, y no es cierto.

Hay otros factores clave que el presidente, convenientemente, no incluye en su ecuación: las tasas de resultados positivos y el número de hospitalizaciones por covid-19 también están al alza. Como se comenta en Time y The Washington Post, en Arizona, Florida y Texas, por ejemplo, los positivos y el número de contagios por cada 1,000 habitantes han ido al alza en semanas recientes, lo que plantea que claramente la cantidad de infecciones está en aumento y acelerándose.

Si el incremento de casos fuese solo causado por el incremento en la cantidad de pruebas realizadas, no habría un alza en el número de casos por cada 1,000 habitantes ni tampoco en el porcentaje de pruebas que dan positivas, un índice que, se indica en el Post, en realidad había ido a la baja en general en el país en la medida en que se ha incrementado el número de pruebas.

A escala nacional, la cantidad de positivos es del orden del 5%. Llegó a ser del 21% en abril, cuando se realizaban menos pruebas. Pero esa tasa está en el 17% en Arizona, 10% en Florida y 9% en Texas, y ha crecido desde finales de mayo hasta ahora. Es decir, en esos y otros estados el coronavirus se está esparciendo y produciendo contagios más rápido ahora que en semanas recientes y por este motivo la incidencia de nuevos casos en esas regiones se ha incrementado.

El alza de las hospitalizaciones sería también un indicador que la pandemia estaría agudizándose en algunas áreas del país.

Así, si bien a escala nacional la cantidad de nuevos casos había estado a la baja en semanas recientes, aunque en una proporción menor que en Europa, las cifras han vuelto a subir en junio, en buena medida impulsadas por el alza en nuevos casos en estados que han relajado de modo más amplio las medidas de control.

La cantidad de muertes ha estado, en contrapartida, cayendo de modo notorio, pero el riesgo de una reagudización de los fallecimientos es latente en la medida en que más infecciones tengan lugar.

El colofón de ello es claro: voltear la vista (peor aún si es por razones políticas) no ayudará a encarar la pandemia, que sigue muy activa, ni a mitigar al máximo posible la cantidad de nuevas infecciones y fallecimientos. Si en aras de reactivar la economía se relajan de modo excesivo las restricciones, y no se cumplen  medidas básicas como el distanciamiento social y el uso de mascarillas, el covid-19 podría estallar nuevamente e imponer un nuevo confinamiento, una cuota trágica aún mayor y la pérdida de lo recuperado en materia económica.

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