El presidente de un club fue suspendido de por vida por besar a un árbitro

Martin Uriel Goldberg

​ El presidente del Club Sfaxien, Moncef Khemakhem, fue noticia esta semana de los medios tunecinos  luego de confesar en la victoria de su equipo  por 3-2 ante el Etoile du Sahel en un partido con un final muy polémico.


Y es que el máximo mandatario del club saltó al campo de juego luego del empate del equipo visitante para protestar la jugada solo que lo hizo de una forma nunca antes vista.

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Khemakhem presumió luego del partido que el árbitro le regaló un penal gracias a que él había besado 2 veces sus mejillas y pellizcado las nalgas del asistente para que pitaran más adelante el penal con el que conseguirían el gol de la victoria.


Esta actitud le valió no sólo de una multa  30.000 dinares (12.000 euros), sino que la Federación de Túnez  (FTF)  suspendió a  Khemakhem de por vida por lo que no podrá volver a estar vinculado al fútbol en el futuro.


Esto supone una sanción  ejemplar nunca antes visto para un dirigente aunque también en una situación atípica  que ninguna Federación del mundo había tenido la oportunidad de resolver y que exigía un castigo de esta magnitud.


En el comunicado que realizó la FTF menciona que el presidente tuvo un  “comportamiento peligroso y antideportivo“, “atentado contra el pudor” y “falta a las buenas maneras", además de realizar  “gestos obscenos contra un árbitro asistente” con el objetivo de “presionar al arbitraje”.




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