Presión descoordinada y falta de pegada, el Barça de Valverde sigue atrapado en Anfield

Luis Suárez se lamenta tras fallar una clara ocasión de gol. (Foto Lukas Kabon/Anadolu Agency via Getty Images)
Luis Suárez se lamenta tras fallar una clara ocasión de gol. (Foto Lukas Kabon/Anadolu Agency via Getty Images)

El Barça acudía a Praga con la convicción de repetir sensaciones, dominio y la continuidad en el juego que logró contra el Eibar ante un rival que, desde el principio, iba a convertir el partido en una guerra de guerrillas. Velocidad, presión intensa, muchos duelos individuales y una batalla por el centro del campo. El conjunto checo, caracterizado por ser el que más kilómetros corre de la Champions League 2019/20 sacó a relucir, de nuevo, todos los problemas que arrastra el conjunto de Ernesto Valverde en las grandes noches de UCL desde Roma. Incapaz de imponer su ritmo de juego ante presiones muy agresivas y liquidar al contrario al contragolpe, volvió a sufrir mucho más de lo que por calidad individual le tocaría.

“Hay momentos en los que toca bajar al barro y defender”. La frase corresponde a Ernesto Valverde en rueda de prensa tras finalizar el partido. La realidad es que el Barça anduvo entre lodazales durante todo el partido, cayó en las trampas que le preparó Jyndrich Trpisovsky y fue inferior a su rival pese a su mayor talento futbolístico. Desde la pizarra y la táctica, el equipo checoslovaco se permitió soñar con la victoria por la falta de pegada azulgrana, pero también por la carencia de control desde el dominio del balón.

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El Slavia de Praga prioriza protegerse en el centro del campo a cambio de dejar libres a Gerard Piqué y Clément Lenglet.
El Slavia de Praga prioriza protegerse en el centro del campo a cambio de dejar libres a Gerard Piqué y Clément Lenglet.
Gerard Piqué encuentra a Nélson Semedo para que el portugués centre el balón.
Gerard Piqué encuentra a Nélson Semedo para que el portugués centre el balón.

Como vemos en las imágenes, el Slavia de Praga taponaba en corto la vía central en salida de balón del Barça (Sergio Busquets) como a los laterales (Nélson Semedo y Jordi Alba), mientras que los interiores no se escalonaban correctamente para ofrecer diferentes alturas de pase. Un aspecto que se tradujo en la falta de acierto y participación de Sergio Busquets (30 pases y 78% precisión) Frenkie de Jong (46 pases y 85%) y Arthur Melo (44 pases y 80%). La respuesta del Barça fue bajar un peldaño a Leo Messi y estirar a Nélson Semedo, pero el portugués no sacó apenas ventaja de sus incorporaciones por el carril exterior.

Si bien en los compases iniciales de la primera parte, el conjunto de Ernesto Valverde sacó rédito de su presión en campo contrario, donde consiguió recuperar el balón rápido pero no transformó esas ocasiones de gol en disparos a portería, en el ecuador de la primera parte el Barça empezó a no apretar arriba adecuadamente, con Luis Suárez y Leo Messi dejando avanzar al rival y mostrando una grave descoordinación a nivel colectivo.

Leo Messi lanza la presión de manera descoordinada ante el inicio de salida del Slavia de Praga.
Leo Messi lanza la presión de manera descoordinada ante el inicio de salida del Slavia de Praga.

Con ello, el combinado local comenzó a superar en el centro del campo a los centrocampistas culés que llegaban tarde a por su marca. Superados por la presión rival y ante la nula aparición de un circuito de pases bien engrasado para resistir ante rivales que rezuman energía y compenetración en el acoso, el Barça volvió a vivir el infierno de Anfield y Roma, pero Marc-André ter Stegen hizo acto de presencia para salvar a su equipo. Así se llegó al descanso. Con Leo Messi y el portero alemán aguantando al Barça al filo del alambre, algo ya habitual en esta temporada.

Los centrocampistas del Barça deben correr hacia atrás tras saltar mal a la presión en banda.
Los centrocampistas del Barça deben correr hacia atrás tras saltar mal a la presión en banda.
El Barça debe afrontar una situación de 4vs4 tras una pérdida en zona sensible.
El Barça debe afrontar una situación de 4vs4 tras una pérdida en zona sensible.

Tras los 15 minutos del intermedio, los problemas continuaron sin que Ernesto Valverde encontrase la solución desde la pizarra. El Barça se partió de manera más evidente y el conjunto local encontró el empate. Con él, la estructura defensiva se agrietó y los futbolistas del Slavia de Praga empezaron a superar a los azulgranas mientras los catalanes buscaban matar el partido al contragolpe.

Ni siquiera el gol en propia de Peter Olayinka en el 57’ alteró la dinámica del partido. Con un Luis Suárez que suma 4 años sin marcar fuera de casa en Copa de Europa y que ya no intimida al espacio, el conjunto checo se permitió el riesgo de adelantar su presión ya que, a excepción de Jordi Alba, ningún futbolista azulgrana amenazaba en profundidad. Y empezó a recuperar en posiciones más avanzadas.

El Barça muestra una gran distancia entre líneas y nadie aprieta al poseedor del balón.
El Barça muestra una gran distancia entre líneas y nadie aprieta al poseedor del balón.

Por entonces, el partido entró en una fase de intercambio de golpes donde el Barça de Valverde, el cual antaño se caracterizaba por ser muy contundente en ambas áreas, tampoco pudo imponer su ley mientras que el Slavia de Praga no pudo rescatar ningún punto por falta de calidad individual.

Eso sí, si bien el conjunto azulgrana no pudo rebajar la tensión del partido a través del pase y la posesión, es cierto que los hombres del ‘Txingurri’ gozaron de grandes oportunidades al contragolpe sin llegar a materializar ninguna. Un aspecto decisivo en una competición que castiga el más mínimo error y donde la capacidad de noquear a tu adversario en momentos clave te acerca a levanta ‘La Orejona’.

Leo Messi tiene la oportunidad de matar el partido pero el pase es interceptado.
Leo Messi tiene la oportunidad de matar el partido pero el pase es interceptado.


Han pasado años, meses y muchos días desde la catástrofe de Roma y la pesadilla de Anfield, pero parece que el Barça ha aprendido entre poco y nada de tales traumáticas experiencias. O, que por el contrario, tiene un bloqueo mental fuera de casa derivado de esos encuentros. Sea como fuere, sigue siendo semasiado benevolente en los últimos metros rivales y se ve superado con facilidad por las circunstancias en el centro del campo. Ernesto Valverde deberá seguir tratando de ajustar los múltiples problemas de profundidad que padece su equipo y, de paso, encontrar la respuesta a por qué, pese a que tiene a dos interiores capaces de someter a cualquier rival desde el balón, no encuentra la mejor versión posible de su equipo.




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