El prestigioso ginecólogo que consiguió grandes avances médicos experimentando cruelmente con esclavas negras

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Estatua en Central Park de Nueva York (retirada en abril de 2018) del prestigioso ginecólogo, James Marion Sims 'padre de la ginecología moderna', que consiguió grandes avances médicos experimentando cruelmente con esclavas negras (imagen vía Wikimedia commons)
Estatua en Central Park de Nueva York (retirada en abril de 2018) del prestigioso ginecólogo, James Marion Sims 'padre de la ginecología moderna', que consiguió grandes avances médicos experimentando cruelmente con esclavas negras (imagen vía Wikimedia commons)

El 17 de abril de 2018 operarios del ayuntamiento de la ciudad de Nueva York se dirigieron hacia Central Park y desmontaron de su pedestal la estatua del prestigioso ginecólogo James Marion Sims (denominado comúnmente como ‘padre de la ginecología moderna’), para trasladarla a otra ubicación (el cementerio Green-Wood, en Brooklyn, donde se encuentra enterrado desde 1883).

Aquel traslado había sido autorizado e impulsado por el propio alcalde de la ciudad, Bill de Blasio, como apoyo a las demandas de varios colectivos afroamericanos que llevaban solicitando el retirar la estatua de Sims desde hacía varias décadas (tema que el propio alcalde ya había gestionado durante los años en los que ejerció como ‘Defensor del Pueblo de la ciudad de Nueva York’ entre los años 2010 y 2013).

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Se cerraba así un largo camino de demandas y reclamaciones para que la ciudad (y el país en general) no luciese monumentos en lugares públicos en honor a personajes que durante la Historia tuvieron un papel fundamental contra los derechos humanos y, más concretamente, en contra del colectivo afroamericano.

Antes de tomarse dicha decisión se había discutido largamente sobre la conveniencia o no de retirar el monumento de uno de los científicos más prestigiosos en la historia de la ginecología y hasta qué punto los métodos utilizados por el médico eran censurables, ya que el fin conseguido mediante sus crueles experimentos habían ayudado a millones de mujeres de todo el planeta a lo largo del último siglo y medio.

Había una importante parte de la sociedad que defendía la tesis de que no valía la pena echar por tierra el trabajo, carrera y reputación de James Marion Sims por el hecho de haber utilizado a once esclavas afroamericanas a las que operó sin anestesia ni consentimiento si el resultado final fueron una serie de mejoras en el campo ginecológico que se han aplicado desde entonces.

En el lado contrario se encontraban quienes señalaron al ginecólogo de sádico supremacistas y sus prácticas como aberrantes, crueles e inhumanas.

Nacido en el Estado de Carolina del Sur en 1813, James Marion Sims ejerció como médico recién cumplidos los 23 años de edad y tras sacarse, con bastante dificultad, el título. No había destacado por ser buen estudiante ni tampoco lo hizo en sus primeros años de carrera profesional, en los que sus primeros pacientes perdieron la vida.

Dos años después, en 1837, contrajo matrimonio y se trasladó junto a su esposa al Estado de Alabama, donde se dedicó a ejercer la medicina entre los propietarios de varias plantaciones, adquiriendo poco a poco una gran experiencia y convirtiéndose en un reputado médico.

Con el tiempo se especializó en la cirugía ginecológica y numerosas las esposas, madres, hijas o hermanas de los dueños de plantaciones a las que atendió, fijándose que una de las dolencias más comunes de la mayoría de ellas era la fístula vesicovaginal, que consistía en un orificio que conectaba la vagina con la vejiga urinaria y que solía producirse durante el parto, provocando incontinencia urinaria y pérdida incontrolable de orina (a través del conducto de la vagina). Una dolencia de la que apenas había conocimientos en la época (mediados del siglo XIX) ni tratamiento médico.

Fue entre los años 1844 y 1849 cuando se le presentó la oportunidad de poder experimentar y operar a varias esclavas negras que los dueños de las plantaciones pusieron a su disposición y que padecían de la misma dolencia.

Según consta en la mayoría de fuentes consultadas, fueron un total de once las mujeres esclavas utilizadas, aunque se supone que podrían haber sido bastantes más. De todas ellas solo ha trascendido el nombre de tres: Lucy, Betsy y Anarcha.

Con estas mujeres experimentó diferentes técnicas quirúrgicas operándoles la fístula vesicovaginal sin aplicarles ningún tipo de anestesia. Algunos defensores del médico indican que en aquella época no se usaba sustancias para aliviar o suprimir el dolor durante las intervenciones, algo que es totalmente falso, ya que hay numerosa información de la utilización del éter etílico en medicina a partir del año 1842.

El modo en el que James Marion Sims operó a aquellas mujeres esclavas, que habían sido prestadas por sus respectivos amos, era colocándolas de rodillas sobre una mesa y reclinadas hacia adelante, apoyadas en sus codos. Mientras que eran sujetadas por varios hombres (normalmente los capataces de la plantaciones a las que pertenecían), para inmovilizarlas mientras el ginecólogo procedía a intervenirlas.

En 1853 el doctor Sims se trasladó hasta Nueva York donde abrió una consulta en la que atendía a las mujeres de la alta sociedad, adquiriendo una gran fama. Hasta tal punto que, años después, durante un viaje que realizó por Europa, atendió y operó de una fístula a la mismísima Eugenia de Montijo, esposa del emperador de Francia, Napoleón III.

Un controvertido personaje que a pesar de haber sido uno de los más grandes y prestigiosos ginecólogos del siglo XIX, que se comportó de una manera poco ética y totalmente sádica con un grupo de mujeres sin tratarlas con el respeto que merece cualquier ser humano, por el hecho de ser negras y esclavas.

Sus métodos son tachados de crueles e inhumanos, a pesar de que el beneficio de dichos experimentos se ha aplicado posteriormente a millones de mujeres de todo el planeta.

 

Fuentes de consulta e imagen: smithsonianmag / history / ncbi / nytimes / thevintagenews / colorlines / thestate / Wikimedia commons

 

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