PSG: El vestuario que nunca merecerá la Champions

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Sospechosos habituales, protagonistas por deseo propio y focos de atención gracias a sus filtreos extra-futbolísticos, el vestuario del PSG está poblado de estrellas del fútbol moderno. Leyendas cuya imagen global se acerca más a la de un influencer, estrella del rock o cantante reguetonero, que a la de un futbolista. No seremos ignorantes en admitir que todos, prácticamente todos en este mundo social, digital y de pérdida de personalidad individual, somos victimas o hasta adictos de lo que esa imagen representa, de la que podemos mostrar al mundo y de la que repercute directamente en quienes somos. Tampoco podemos ignorar, sea cual sea nuestro estilo futbolístico, que Neymar, Mbappé, Cavani, Icardi, Verratti, Thiago Silva… son auténticos referentes en su equipo y en sus países. La diferencia entre los ‘terrestres’ y los futbolistas élite del equipo parisino, es que ellos ya tienen asegurado el cariño, respeto y aprecio del mundo gracias a su facilidad col apelota y a su gran desempeño económico en torno a él. ¿Por qué comportarse con tanta infantilidad?

La viral celebración del PSG tras pasar: París en llamas

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Resulta que anoche, el PSG tenía que remontar su eliminatoria de Champions League para accede a Cuartos de Final tras haber perdido en la Ida 1-0 en Dortmund ante un Borussia que acudía ahora al Parque de los Príncipes, vacío por la crisis de coronavirus. Y, sin embargo, pese a ser muy superior y hasta vencer sin excesivos problemas al cuadro alemán, los futbolistas del PSG (no todos, pero si los más mediáticos), prefirieron ser noticias por todo aquello que, habitualmente, se genera en torno a ellos y que pocas veces tiene a la pelota como verdadero epicentro. Al terminar el partido y ganar 2-0 rumbo a la siguiente fase, no sólo festejaron irónicamente clonando la manera de festejar de Erling Haland (delantero noruego del BVB, que celebra siempre sus goles posando como si estuviera realizando yoga, sentado en el césped, con los ojos cerrados y las manos imitando un circulo), sino que se encargaron de repetirlo en el terreno de juego, en el vestuario y hasta en sus redes sociales, por supuesto. No en la de un jugador, sino en la de varios. No un video, sino varios. No una crítica, insulto, desfachatez o improperio, sino varios. ¡Qué grande debe ser Haland! Un chico de sólo 19 años que, llevando apenas unos meses en la élite del fútbol mundial, ha sido capaz de generar tanta animadversión en uno de los vestuarios más experimentados, acaudalados y, teóricamente, poderosos del mundo del fútbol. Absolutamente despreciable tanta irritación y ánimo de venganza. ¿Venganza de qué? Y, sobre todo… ¿Venganza para qué? La clara muestra, una vez más, que la mayoría de los allí presentes, prefieren alargar su mística como protagonistas de todo tipo de actos lejos del terreno de juego. No me creo que pensaran que, conociendo a los medios de nuestros días, se hablará de sus gran noche de fútbol y no de sus estupideces lejos del resultado. Por eso, no hace falta recalcar que resulta complicado imaginar que muchos de ese vestuario (no todos, insisto, porque me cuesta imaginar a tipos ejemplares como Ander Herrera comportándose así) no hagan ciertas cosas por pura inercia de su personalidad, devorada ya por su fama y no por su teórico raciocinio adulto.

No contentos con haber demostrado su falta de respeto, ética competitiva y deportividad, minutos después, muchos de ellos desaforados, saltaron a la pare exterior del estadio para celebrar el pase a la siguiente fase con los miles de hinchas parisinos que hasta allí se había desplazado. Curiosa, por no decir irrespetuosa, ya era la presencia de todos esos miles de seguidores que, en plena crisis del coronavirus y sin poder entrar en el estadio a ver el partido precisamente porque las leyes argumentan que resulta peligroso la unión de tantos posibles afectados, acudan en masa a… ¿animar qué? Los futbolistas, en otro lamentable ejemplo de todo lo que no hay que hacer si te consideras un profesional, les animaros, algunos incluso descamisados, cantando, celebrando y empujando para tomar fuerzas a siguientes retos. La escena es tan dantesca (siempre desde el respeto al fútbol pero desde la incongruencia de estar en plena crisis mundial y notar pasividad absoluta de parte de quien debería ser ejemplar), que se define por sí sola como tal.

Los jugadores del PSG se burlan de Haaland tras eliminar al Borussia Dortmund

Todas estas muestras de falta de criterio global en el comportamiento como ciudadano primero y como deportistas después, elevan aun más la enemistad que se está generando el vestuario del PSG en el mundo entero. Hay que recordar que, por ser precisamente sospechosos habituales, en los últimos meses, la relación de ese vestuario con todo lo exterior, está siendo apocalíptica. La famosa fiesta del cumpleaños de Neymar hace unas semanas, sólo horas después de haber perdido en Dortmund su partido de Champions, mostró imágenes de locura que, desde luego en libertad que todos poseemos, puede darse, pero que nunca un profesional mostraría o dejaría que salieran a la luz: "¿Qué puedo hacer? Si dejo a todos los jugadores que estuvieron en la fiesta al margen, no tengo equipo. Es así. No podemos pensar en la fiesta, de lo contrario no jugamos",  tuvo que asumir Thomas Tuchel que, de verdad, aunque ahora pueda parecer irónico, estaba tachado de ser técnico muy caracterial y duro en Alemania. Aquí, ante tal vestuario repleto de este tipo de futbolistas, Tuchel ha tenido hasta que cancelar un plan que había preparado para estas semanas donde había organizado una concentración en España con el fin de entrenar en mejoras condiciones climáticas y de reforzar la unión del grupo tras todo este caos. ¿Qué sucedió? Que los jugadores no estaban de acuerdo, preferían quedarse en la capital para estar con sus familias y el técnico, cuyo poder ya es nulo (como sucedió a Emery anteriormente), tuvo que cancelarlo todo. Imaginad que vosotros os negáis a que vuestro jefe os imponga un trabajo…

Todos estos ejemplos están abriendo cada vez más una brecha entre lo que genera el PSG como club, equipo, entidad y vestuario… y el mundo de los aficionados. Crece la teoría de una plantilla que, más allá de su valía futbolística, levanta enemistades. Anoche, hablando con dos amigos parisinos, me despejaron todas las dudas del sentimiento de quien incluso anima desde las gradas a sus futbolistas: “Aunque Neymar, Mbappé, Icardi, Cavani, Thiago Silva… ganen la mismísima Champions por vez primera en nuestra historia y algo que sería único, realmente nunca la ganarán, porque quien se convierte en Campeón de Europa debe ser deportivo, respetuoso y ejemplar. Este vestuario puede ganarla, pero nunca estará a la altura de lo que eso representa”.

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