PSOE, PP, Cs y Podemos extienden la alfombra roja a Vox durante el debate

Los candidatos fueron a lo suyo y rehuyeron el cuerpo a cuerpo con Abascal, quien quedó encuadrado en el centro del plató. (AP Photo/Bernat Armangue)
Los candidatos fueron a lo suyo y rehuyeron el cuerpo a cuerpo con Abascal, quien quedó encuadrado en el centro del plató. (AP Photo/Bernat Armangue)

Ya es oficial. España ha normalizado la xenofobia, el machismo, la homofobia y el fascismo de Vox. España en conjunto ha perdido y el lazo que ha coronado la victoria de la extrema derecha se lo han puesto el resto de partidos políticos -salvo el PNV, cabe recordar-. El debate a cinco de anoche tiene muchas lecturas: Quién lo ganó, quién lo perdió, lo difícil que parece el pacto de las derechas, lo complicado que parece el de izquierdas… y la alfombra roja que Pedro Sánchez, Pablo Casado, Albert Rivera y Pablo Iglesias le extendieron a Santiago Abascal y a sus políticas inconstitucionales.

Ojo al detalle. En la primera hora de la refriega no hubo una sola interpelación de PP y PSOE a Vox. Apenas una tímida mención de Cs y un ataque de Unidos Podemos. Y cuando llegó la primera embestida de Sánchez a Abascal, Rivera y Casado saltaron como dos resortes a reprenderle. ¿Qué está pasando?

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Pues que el presidente del Gobierno en funciones necesitaba parecerlo. ¿Cómo? Buscando la confrontación medida con todos y cada uno de ellos. Dar la sensación de que ya gobierna, y de solo falta que lo refrenden las urnas porque tiene planes a corto plazo para reconducir el rumbo de un país que se acerca a la desaceleración económica sin siquiera haber hecho recuento de salvavidas.

A la entronización de Vox, que apunta a ser la tercera fuerza política del país, colaboraron Casado y Rivera temerosos de sufrir una enganchada con Vox que les provoque una nueva pérdida de votos y quien sabe si de posición dentro del bloque de derechas. Si en un debate electoral en Francia o Alemania un candidato verbalizara el discurso de Abascal, ningún espectador se plantearía que cualquiera de los demás candidatos callara para guardarse la posibilidad de buscar su apoyo en el futuro. Pero en España sí. Recuerden la foto de Colón.

Solo Iglesias decidió plantar cara a Abascal, aunque ya en la parte final del debate. Asegurándose que después no iba a recibir una emboscada de las tres derechas y el PSOE, que ayer decidió alejarse de la izquierda y ocupar el centro.


Abascal lo aprovechó porque se limitó a dirigirse a su electorado y a mantener su voto -que en caso de abstención generalizada valdrá más escaños que en abril-. El líder de extrema derecha encadenó inteligentemente propuestas imposibles e inconstitucionales, propias que quién sabe qué nunca va a tener que llevarlas a cabo. El problema es que nadie salía a contestar a esa suma de incorrecciones, datos falsos y ‘fake news’ que, sin ser rebatidas, han ido calando poco a poco en una parte del electorado español. "¿Nadie quiere intervenir?", llegó a preguntar la moderadora Ana Blanco perpleja ante la situación.

Abascal volvió a dibujar una España con problemas de seguridad que son inexistentes como lo son las “manadas de Menas” -Menores Extranjeros No Acompañados- que colocó en el horizonte. Y lo hizo en prime time pese a que ocho horas antes Vox ya había quedado ridiculizado por los propios vecinos de Sevilla que negaron tal clima de hostilidad por la presencia de centros de menores. Pero a ellos eso no le importa. Mienten y mienten por si algo queda en el electorado de ultraderecha.

Y todo ello mientras a Iglesias y Sánchez se le llena la boca en sus mítines arengando a su respectiva militancia a plantar cara al fascismo en las urnas cuando ellos dejan pasar la oportunidad de desarticular el mensaje de odio y vacío de ideas de Vox. El votante de centro izquierda no daba crédito.

Los candidatos de PP, Cs y Unidos Podemos ni siquiera salieron a apoyar al del PSOE cuando cuestionó la promesa de Vox de ilegalizar el PNV si en algún momento tiene potestad para hacerlo. Los cuatro grandes partidos españoles no garantizaron ayer ni el más mínimo de los consensos de la sociedad española y sus representantes.

Los asesores se dividen entre quienes opinan que no hay que entrar al cuerpo a cuerpo con Abascal porque mientras los unos combaten con argumentos y datos el otro lo hace con mentiras moduladas en cada ocasión para esbozar el mayor de los apocalipsis sociales, y los que creen que sí que hay que plantarle cara cueste lo que cueste y sin ambigüedades para intentar marcar los límites y mantener la cordura. Pero hay muchos más de los primeros que de los segundos. Salvo el PNV que ha marcado bien la distancia entre la democracia y Vox tras las mentiras y las amenazas de Abascal, Ortega Smith y Espinosa de los Monteros de borrar a quienes no piensan como ellos.

Vox no ganó ayer el debate, pero España perdió un poco más de tolerancia, libertad y vergüenza.

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