Setién se irá a pastar, pero las vacas que sobran no son las de su pueblo

Albert Ortega
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LISBON, PORTUGAL - AUGUST 14: Luis Suarez of FC Barcelona looks dejected during the UEFA Champions League Quarter Final match between Barcelona and Bayern Munich at Estadio do Sport Lisboa e Benfica on August 14, 2020 in Lisbon, Portugal. (Photo by Michael Regan - UEFA/UEFA via Getty Images)
Luis Suárez anda por el césped de Lisboa mientras el Bayern de Múnich celebra otro gol. (Foto Michael Regan - UEFA/UEFA via Getty Images)

Ridículo histórico. Humillación dolorosa. Un 2-8 que no se borrará de la memoria de toda una generación de culés. Peor que Roma y Liverpool juntos. El partido ha sido un resumen perfecto de la anticompetitividad crónica que ha venido acompañando al Barça en las últimas grandes noches de la Copa de Europa. La dosis de realidad en forma de bofetada del Bayern ha servido para abrir la caja de pandora y sacar a la luz dos hechos que el club viene arrastrando en la sombra desde hace tiempo: los jugadores que conforman la base de la plantilla ya no son parte de la élite europea y dos, el futuro de la entidad pasa por una remodelación transversal que debe sacudir los cimientos del Camp Nou.

Lo fácil, cómodo y sencillo para el Barça sería despedir a Quique Setién y tratar de pasar página. Sacrificar a un peón con la intención de salvar la partida. Como decía Napoleón, “la victoria tiene cien padres, pero la derrota es huérfana”. Sin embargo, achacarle la responsabilidad total de la humillación a un técnico que no ha tenido ningún tipo de decisión en la confección de la plantilla sería errar el diagnóstico. Comerse un señuelo para no detectar el problema real: la crisis culé no es cuestión de entrenador, sino de club. Desde una directiva sonrojante, pasando por una dirección deportiva ineficaz y acabando en una plantilla decrépita. Es necesario revolucionar el club, pero sobre todo, los jugadores que lo representan.

Al entrenador cántabro se le puede acusar de engañarnos y hasta de traicionarse a sí mismo. De falta de valor y coraje para sentar a las vacas sagradas del vestuario, no inyectar savia nueva y no apostar descaradamente por Ansu Fati y Riqui Puig. A pesar de estar con Johan Cruyff todo el día en la punta de la lengua, el juego azulgrana ha estado más cerca de los ideales del peor Barça de Ernesto Valverde que del neerlandés. Esto no debería distraer la atención de una plantilla que atraviesa un fin de ciclo futbolístico y generacional cantado.

Pep Guardiola es un genio táctico que construyó al mejor Barça de la historia por su capacidad de convencimiento y su pizarra, pero también por su atrevimiento para, nada más llegar del filial, comunicarles a tres pesos pesados del vestuario como Ronaldinho, Deco y Eto’o que deberían seguir su carrera lejos del Camp Nou. Un fenómeno que marcó el arranque de una era y el final de otra y sirvió para reforzar la figura del técnico catalán. El paralelismo es evidente. Como aquella vez, hay que limpiar parte una gran parte de la plantilla.

Jordi Alba

El lateral izquierdo ha sido uno de los mejores socios de Leo Messi en los últimos años. Con el argentino lanzándole desde la izquierda y Alba devolviéndole el cuero para la definición del sudamericano. Ahora, a sus 31 años, ya no está entre los tres mejores laterales izquierdos del planeta tras un curso marcado por las lesiones. Es hora de aceptarlo y de que el club mueva ficha para sustituir a una de las voces autorizadas en el vestuario azulgrana. Sin esa punta de velocidad para corregir errores defensivos ni para aportar la profundidad ofensiva que entregaba antaño, su nombre debe salir a la palestra.

Sergio Busquets

Durante mucho tiempo, Busquets ha sido padre, molde y dueño de la posición de ‘5’ en el fútbol. Con 32 años y con Frenkie de Jong preparado para hacerse con su rol en salida de balón desde la base, el club debe acabar con uno de los últimos guardianes del estilo. Uno al que la mente ya no le da para tapar lo que sus piernas no pueden hacer. Cuanto más terreno debe cubrir Busquets, más se pueden apreciar sus carencias. Cuanto peor parado queda el Barça tras perder el balón en las transiciones defensivas, peor jugador es su centrocampista.

Es cierto que Busquets nunca ha sido el centrocampista más fuerte, el más rápido o el más potente, pero sí el más veloz cerebralmente. Tiempos pasados fueron más felices. Se necesita un nuevo centrocampista que posea la capacidad para sacar el balón jugado limpiamente, sobrevivir a presiones hiperagresivas y combinar en espacios reducidos sin margen de error mientras, a su vez, este tiene el fondo físico para recorrer muchos metros y multiplicarse en espacios más grandes. Es el turno de Frenkie de Jong.

Ivan Rakitic

Pieza indispensable en el Barça de Luis Enrique y de Ernesto Valverde, el croata (32 años) ha sido un camaleón deportivo. Siempre dispuesto a poner su talento al servicio del equipo. Siempre sacrificado para compensar las carencias estructurales del equipo y desfondarse físicamente pese a llegar como un segundo punta finalizador desde Sevilla. Nadie ha recorrido tantos kilómetros por Leo Messi como el balcánico como interior, mediocentro en la base o en banda.

Pero es parte del problema y no de la solución. La falta de creatividad que demuestra en el pase a la hora de superar líneas de presión, activar a los hombres más adelantados y tejer sociedades con el resto de centrocampistas es demasiado importante como para que pase desapercibida. En esta línea, tampoco hay que olvidar las dificultades que presenta a la hora de controlar y girar o resistir presiones rivales. Si el Barça quiere volver a la idea original -o a una versión similar- Rakitic va directo al cajón de la remodelación deportiva.

Luis Suárez

Cansado de buscar retos con el Barça, Leo Messi ha decidido tratar de ganar la Copa de Europa con un delantero que no marcaba un gol fuera de casa en el torneo continental desde septiembre de 2015. La mente del uruguayo imagina jugadas que el cuerpo no entiende. El bajón físico de Luis Suárez (33 años) para marcar la diferencia al espacio y su limitante técnica en espacios reducidos hace que el '9' del Barça lleve tiempo sin darle a su equipo más de lo que resta en el juego.

El sudamericano puede marcar un gol dentro del área y dejar una descarga magnífica, pero ya hace mucho tiempo que, en lugar de elevar el techo del Barça, lo hunde. No suma a campo abierto, no amenaza al contragolpe, no gana duelos individuales y no está a la altura de la Copa de Europa. Esto, junto a su elevado sueldo, hace que el club deba librarse de uno de los mejores delanteros que ha visto el fútbol español en su pico más alto, pero que, en la actualidad, es insostenible.

Como ejemplo, nada mejor que el partido ante el Bayern de Múnich. ¿Por qué Hans-Dieter Flick se atrevió a plantar la línea defensiva en el centro del campo? Fácil. Sabía que, en caso de que el Barça lanzara a Luis Suárez, el uruguayo nunca ganaría a Alaba, Boateng, Kimmich o Davies. No fue una decisión arriesgada, sino un planteamiento ligado estrechamente al insuficiente estado físico del finalizador azulgrana. Como Leo Messi, ya hace mucho tiempo que dejaron de presionar y de ofrecer ayudas defensivas a su equipo.

Leo Messi

¿Qué pasa con el capitán del Barça? ¿Podría resistir el adiós de muchos de sus compañeros? ¿Se echaría a un lado por el bien del club a pesar de que sus amigos estuviesen obligados a salir del Camp Nou? El Barça ha demostrado no estar a la altura del argentino y no saber construir un proyecto colectivo a la altura de su estrella. Con 33 años, es momento de que el astro sudamericano ejerza su influencia para revitalizar el nuevo Barça del futuro. Si quiere un cambio de verdad, debe dar un paso hacia adelante y aclarar sus prioridades.

En este sentido, uno se imagina al argentino jugando hasta la edad que quiera, ya que su rango de pases y variedad de envíos en corto, intermedio y largo le permitirá alargar la carrera en la élite. Un hecho que no está reñido con que no puede seguir acaparando tal grado de dominio y mandato en la creación y finalización de las jugadas. No puede ser que Messi siga teniendo que iniciar el juego, desbordar, filtrar el pase que desatasque el sistema defensivo rival y, por último, marcar. Hay que limitar su influencia en el juego para que brille donde más destaca: en el nombre del gol.

Otros nombres como Nélson Semedo, Sergi Roberto, Antoine Griezmann, Arturo Vidal, Ousmane Dembélé o Samuel Umtiti también podrían estar en la rampa de salida, pero al no considerarse parte del grupo de “vacas sagradas” azulgranas, no se ha dedicado un análisis individual de cada uno.

En definitiva, el Barça debe afrontar un fin de ciclo generacional y atacar la decadencia de una plantilla que lo ha ganado todo pero ya no puede recuperar el nivel del pasado, sino empeorar sus registros y ver cómo el sueño de ganar la Copa de Europa de nuevo se desvanece en el horizonte. La convocatoria de elecciones por parte de Bartomeu y el adiós de Quique Setién son unos buenos puntos de partida, pero insuficientes. El fútbol es de los futbolistas. París, Turín, Roma, Liverpool y Lisboa. Hechos traumáticos que, sin cambios profundos en la plantilla, no se arreglarán con la destitución de Quique Setién.

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