La decisión que define a Quique Setién

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Setién en su primer partido en el Barcelona. Foto: Rosdemora/Urbanandsport /NurPhoto via Getty Images-
Setién en su primer partido en el Barcelona. Foto: Rosdemora/Urbanandsport /NurPhoto via Getty Images-

Aunque los acontecimientos acaecidos recientemente en Can Barça -con el estruendo de un huracán- pudieran hacer pensar lo contrario, la guerra entre Valverdistas y defensores del estilo no ha acabado aún. Continúa. Así, unos vieron en lo de ayer un nuevo amanecer y otros se pasaron la noche vomitando bilis por la boca y la pluma estilográfica. Posiblemente la verdad se encuentre, como tantas otras veces, en un término medio. Ni ayer tuvimos que ponernos gafas de sol para no ser cegados por el brillo de una nueva luz ni es verdad que fuera más de lo mismo.

Para nada.

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Setién tal vez no pintara la Capilla Sixtina pero es indudable que le pasó una mano de pintura preliminar. El espectador ocasional tal vez no se percate pero cualquier sujeto que se haya tragado todos los partidos del conjunto azulgrana en los últimos tiempos es imposible que no aprecie un pequeño retorno a la presión alta, una circulación de balón mucho más fluida - aunque algún demasiado lenta- y una defensa de tres con Jordi Alba fijo arriba y raras veces situado en campo propio.

¿Grabaremos el partido en nuestro disco duro para verlo por los siglos de los siglos y enseñarlo a nuestros nietos? No.

¿Lo que vimos ayer es mejor que le que llevamos viendo en un partido medio cualquiera esta temporada? Por supuesto.

No se lleven a engaño, no hablamos de la exhibición ante el Atleti en Arabia Saudí, que fue el mejor encuentro de la temporada. Nos referimos a un partido estándar de los tropecientos huesos aburridos, anodinos y difíciles de roer que el equipo lleva lanzándole al aficionado estos últimos tiempos. Ante el Granada se batieron récords de pases y de posesión pertenecientes a uno de los mejores años de toda la cosecha de fútbol culé: 2011.

No es una gran revolución pero es un muy buen inicio. 

Más allá de esos pequeños detalles tácticos, que podemos discutir si son sutilezas o argumentos de peso, hay una decisión que sí resulta imposible de ignorar. Indiscutible. Palpable. Aquí ya no entramos en estadísticas asociativas ni en porcentajes de posesión del balón ni en dibujos tácticos susurrados en voz baja. Hablamos de una declaración de intenciones gritada a los cuatro vientos desde un megáfono. Hablamos del cambio de Riqui Puig.

El centrocampista de La Masía fue la primera opción de Setién desde el banquillo. Foto: Xavier B. / AFP7 / Europa Press Sports via Getty Images.
El centrocampista de La Masía fue la primera opción de Setién desde el banquillo. Foto: Xavier B. / AFP7 / Europa Press Sports via Getty Images.

Siendo conscientes de lo pesados que somos algunos periodistas de Barcelona con este joven y menudo futbolista, que nos enamoró en las últimas giras americanas con el primer equipo y que puede ser el único que resista comparaciones de estilo con Andrés Iniesta, cabe resaltar lo siguiente:

1- En partidos controlados en los que el Barça goleaba 4-1 al rival al descanso en el Camp Nou, Riqui Puig ni siquiera salía a calentar.

2- En el partido más intrascendente del año, ese en que el Barça ya estaba clasificado para la siguiente fase de la Champions y visitaba el campo del Inter, Riqui Puig se quedó fuera de la convocatoria.

Eso también fue una declaración de intenciones por parte de Valverde. Lícita, legal, legítima y perfectamente respetable. Solo que mucho menos acorde con la filosofía habitual no solo de lo que es el Barça sino de lo que presume ser.

Que el primer cambio de la era Setién fuera introducir a Riqui en el campo por primera vez en la historia de la Liga, dice mucho de lo que es un entrenador. Salió bien - Riqui recupera el balón que acaba siendo el único gol del equipo- pero podía haber salido horrible. En cualquiera de los dos casos, la realidad de la decisión es la misma: ese camino denota la cualidad que llevamos exigiéndole al equipo durante dos temporadas y media.

Valentía.

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