¿Y después de Rafa...qué?

Madrid, 25 nov (EFE).- ¿Y después de Rafa... qué?. Esa es la gran pregunta que persigue al tenis español, embriagado de felicidad tras lograr este domingo por sexta vez la Copa Davis al vencer en la final al conjunto de Canadá por 2-0, con un Rafael Nadal imperial, que a sus 33 años compite todavía con la fuerza y pujanza de un jovencito, con la experiencia de sus 18 años en el circuito.

En la Caja Mágica, Nadal dejó de manifiesto que solo su presencia y potencia en la pista bastan para intimidar a sus rivales, y derribar barreras que parecían infranqueables cuando el primer sorteo de las Finales de la Copa Davis tuvo lugar en la Comunidad de Madrid y el conjunto español quedó enclavado en el Grupo B, junto con Croacia y Rusia.

El "Grupo de la muerte" se le bautizó entonces, cuando todavía se contaba con la participación del croata Marin Cilic, que se dio de baja luego por lesión, y del ruso Daniil Medvedev, que se retiró tras finalizar las Finales ATP de Londres, porque estaba exhausto tras una campaña agotadora que le llevó a finalizar quinto del mundo.

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En la Caja Mágica, Nadal ha ganado los ocho partidos en los que ha competido. Cinco individuales y tres de dobles. En los primeros no cedió un set. En los de parejas, donde ha formado dos veces con Marcel Granollers y otra con Feliciano López, solo se dejó una manga en el camino. Fue el revulsivo, el "solucionador", el jugador que encendió la mecha cuando por la mente de todos pasó la imagen de la derrota.

Acabó liderando el triunfo del equipo español, ampliando su racha de victorias individuales en esta competición a 29 desde aquella cita de Brno en 2004, donde contaba entonces solo 17 años.

Cuando debería estar descansando ya después de una temporada en la que ha finalizado por quinta vez como número uno del mundo, por delante del serbio Novak Djokovic y del suizo Roger Federer, ganando cinco títulos, entre ellos su duodécimo Roland Garros y el cuarto US Open, Nadal dio de sí todo lo que pudo, y más, en Madrid.

"Me he dejado todo lo que llevo dentro esta semana", dijo el domingo, "aun sabiendo que esta pista no es la mejor para mí", afirmó.

Nadal es consciente de que el año próximo, si las lesiones le respetan, el apoyo del público volverá a ser vital de nuevo en la Caja Mágica porque las Finales de la Davis se volverán a disputar allí. Y España, al amparo de su afición y al resguardo de Nadal podría alargar aún más sus triunfos en esta competición, y él su racha de victorias. Pero también comprende que la edad manda.

"Para mí es añadir algo más", dijo sobre la sexta Copa Davis, quinta para él. "Vivimos día a día y hemos tenido la oportunidad de disfrutarla en casa. Y es una experiencia increíble. Llevábamos unos años sin ganar, y no nos vamos a engañar, ninguno de nosotros somos como los jugadores de Canadá (por la edad)".

"Tenemos ya una edad y necesitamos un relevo", dijo categórico. Por suerte estamos ganando pero confiamos en los jóvenes que vienen porque a nosotros se nos va acabando la vida deportiva. Hay que confiar que España saque jugadores", advirtió.

Su mensaje no fue tan drástico como cuando España ganó en Sevilla en 2011 a Argentina en la final. Allí, Nadal, David Ferrer (ahora ya retirado), Feliciano López (ahora con 38 años) y Fernando Verdasco (sin contar para Bruguera) anunciaron un "fin de ciclo y fin de fiesta". Y también el líder del equipo reclamó que un relevo debía llegar y cuanto antes.

Ocho años después, España ha levantado de nuevo la Ensaladera de Plata y Nadal continúa luchando como entonces por ganar más títulos del Grand Slam, más Copas Davis, y más triunfos que hagan vibrar a la afición.

Pero sin Nadal en el equipo será complicado vivir jornadas como la de esta pasada semana. "Tenemos un equipo muy fuerte, muy compacto. Y tener a Rafa en el tuyo es lo mejor que le puede pasar a cualquiera", afirmó Bruguera tras la victoria ante Canadá. "Pero lo tengo yo, y eso marca diferencias", añadió orgulloso y complacido.

De momento hay Nadal, pero, ¿y después de Rafa...qué?. Difícil papeleta para el seleccionador, sea Bruguera o el que fuere.

Miguel Luengo

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