Cuando el rey Juan Carlos eclipsa a Rafael Nadal, el tenis tiene un problema

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Tennis - Mubadala World Tennis Championship - International Tennis Centre, Zayed Sports City, Abu Dhabi, United Arab Emirates - December 17, 2021 Spain's Rafael Nadal in action during his semi final match against Britain's Andy Murray REUTERS/Christopher Pike
REUTERS/Christopher Pike

Al tenis le ha caído encima una tormenta perfecta: de un lado, por supuesto, la pandemia, con su limitación de aforos, sus estadios desangelados, su Roland Garros en septiembre...del otro lado, la decadencia de dos de los tres campeones que han tirado del carro durante una década y media: aunque Djokovic sigue número uno del mundo y ha jugado las últimas cuatro finales de torneos de Grand Slam, Federer lleva dos años lesionado y nadie sabe si podrá volver a las pistas algún día. En medio, queda Nadal, al que todo lo que rodea tiene un halo de misterio.

Para empezar, su lesión. Cuando perdió las semifinales de Roland Garros -precisamente ante Djokovic- se habló de unas molestias, pero en ningún caso de la gravedad que se ha demostrado a posteriori. Nadal se perdió Wimbledon, se perdió los Juegos e intentó engancharse a la gira norteamericana de cemento, pero no pudo ir más allá de un par de partidos en Washington. El pie le molestaba demasiado como para apoyar sin dolor y así no tenía sentido seguir. En ese mismo momento -hace ya cuatro meses- decidía poner fin a la temporada.

Así, hasta la exhibición de Abu Dhabi que se ha celebrado este mismo fin de semana. Debería ser un momento importante no ya para el tenis sino para el deporte español: la gran figura de los últimos años volvía de su lesión. Todos los ojos deberían estar puestos en él y más en un momento en el que tampoco hay demasiada competencia mediática deportiva, precisamente. Había mil incógnitas que resolver: ¿sería capaz Nadal de competir con los Murray o Shapovalov? ¿Se notaría en exceso la falta de rodaje? ¿Se le vería tan en forma como en otros regresos a la competición?

Extraña mucho que no haya habido ese análisis más que en medios dedicados específicamente al tenis. Es como si al resto de la prensa española, incluso la prensa deportiva, no les importara demasiado si Nadal volvía o no o qué pasaba con él. ¿Puede que, hasta cierto punto, la ilusión por Alcaraz haya destronado al campeón mallorquín mucho antes de lo que pensábamos? Porque, vale, Nadal perdió contra Andy Murray y perdió contra Denis Shapovalov. Pero, ¿de verdad es normal este silencio absoluto?

Si alguien se ha enterado de que Nadal jugaba este fin de semana es porque ha visto alguna imagen en algún programa de cotilleo del Rey Emérito en las gradas, siguiendo atento el partido contra Murray rodeado de jeques. Esas imágenes sí fueron merecedoras de atención mediática y sí dieron la vuelta por las televisiones. Es normal, ojo. En medio de las sentencias y de los rumores sobre un posible regreso de Juan Carlos I a España, su presencia, sano y salvo, viendo un partido de tenis era noticia, sin duda alguna.

Otra cosa es el tenis. El tenis no le ha interesado a nadie. A la vuelta a España, Nadal ha anunciado su positivo por coronavirus, lo que hace aún más complicada su presencia en el Open de Australia, que ya había dejado en el aire tras jugar contra Shapovalov. Se nos está yendo, poco a poco, una leyenda de nuestro deporte, de nuestra cultura popular, y lo está haciendo entre la indiferencia de todos. Rafa cumplirá este mes de junio los 36 años y quedan pocos momentos para disfrutar plenamente de él. Habría que aprovecharlos.

Puede, también, que influya el hecho de que su generación ya prácticamente haya dicho adiós. Tal vez hayamos dejado de pedirle nada a Rafa Nadal como no le pedíamos nada el año pasado a Pau Gasol o no le pedimos a Fernando Alonso... pero hay que reconocer que tanto Alonso como Gasol han conseguido una repercusión en la prensa que este regreso de Nadal ni siquiera ha rozado. En realidad, no solo dudo de que el aficionado medio supiera que este fin de semana Rafa volvía a las canchas... sino que igual ni siquiera eran conscientes de que se había ido.

Tras dos años muy complicados, en los que el tenis ha sido noticia más por las excentricidades de Djokovic que por otra cosa, 2022 se presenta como una temporada clave para ATP y WTA. Han de consolidarse las nuevas promesas... y hay que preparar el terreno para despedir a los viejos héroes. Despedirles a lo grande, como se merecen. Entre las viejas narrativas y las que están por venir, vivimos ahora mismo un impasse algo triste, incluso doloroso. Las competiciones pasan sin demasiado interés. La Copa Davis ha sido ya la guinda del pastel de la apatía. Si Rafa Nadal pasa desapercibido en España, ¿cómo vendemos el muñeco en el resto del mundo?

Vídeo | Ejecuta un saque tan extraño como único en el mundo del tenis

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