Alcaraz ya tiene el primer récord de Nadal, ahora va a por el gordo

Guillermo Ortiz
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Carlos Alcaraz of Spain  in action during his Men's Singles match, round of 64, against Adrian Mannarino of France on the ATP Masters 1000 - Mutua Madrid Open 2021 at La Caja Magica on May 3, 2021 in Madrid, Spain  (Photo by Oscar Gonzalez/NurPhoto via Getty Images)
Photo by Oscar Gonzalez/NurPhoto via Getty Images

Desde que se hizo evidente que Carlos Alcaraz iba para estrella del tenis, su entorno ha insistido en rehuir cualquier comparación con Rafa Nadal. Tiene sentido: al fin y al cabo, el caso de Carlos Boluda, abrumado ante las expectativas desmesuradas, aún está demasiado reciente, y compararse con un tipo que ha ganado 20 torneos de Grand Slam hace que cualquier cosa vaya a saber a poco. Sin embargo, una cosa es que tú quieras evitar algo y otra cosa es que ese algo te quiera evitar a ti. En el momento en el que entras en la élite, las responsabilidades van de suyo y tarde o temprano tenía que pasar lo que pasará este miércoles en Madrid: Alcaraz y Nadal se enfrentarán no ya en los artículos de opinión sino en la pista de tenis, donde se deben dirimir estas cuestiones.

Así ha sido siempre y así es lógico que sea. Federer le ganó a Sampras en Wimbledon cuando tenía 19 años y el estadounidense llevaba cinco años sin perder un partido en Londres. A su vez, Nadal le ganó a Federer en Miami a los 17 y con el suizo ya instalado en el número uno del mundo. Siempre hay partidos clave, iniciáticos, que marcan una carrera, y esos partidos solo pueden ser ante los grandes campeones. Al ganar a Adrian Mannarino, Alcaraz desbancaba a Rafa como el ganador más joven de un partido del cuadro principal del Mutua Madrid Open. De su rendimiento en el futuro depende que recordemos ese momento como el inicio de algo o como una mera anécdota que olvidaremos con el tiempo.

Instalado en un perfil bajo, de Alcaraz aún desconocemos demasiadas cosas. Recientemente, el croata Marin Cilic, campeón del US Open 2014, le comparaba con Pablo Carreño e insinuaba que, igual que Carreño, el juego del murciano se adaptaba mejor a las pistas rápidas que a las lentas. Todo eso aún tenemos que descubrirlo. Hablamos, al fin y al cabo, de un jugador que ha asombrado en el circuito ITF y en challengers que apenas ocupan cuota de pantalla en televisión. Necesitamos averiguar matices de su juego, cómo se adapta a distintas superficies, cómo reacciona ante adversidades y cómo afila el colmillo cuando ve una debilidad ajena.

Antes de ganar a Mariano Puerta en 2005, ya teníamos una idea del potencial de Rafa gracias a sonadas victorias y alguna que otra derrota que supo a miel. Rafa había ganado a Federer en Miami 2004 y se había quedado a un paso de repetir en 2005. Había pasado por encima de Andy Roddick en la final de la Copa Davis de Sevilla y eso nos hacía pensar en un enorme competidor que se venía arriba en los momentos decisivos. Sin embargo, al menos en mi opinión, cuando realmente nos dimos cuenta de hasta qué punto podía ser un campeón completamente distinto de los que habíamos disfrutado anteriormente en España fue cuando llevó a Lleyton Hewitt hasta el quinto set en los octavos de final del Australian Open.

Que la prudencia no nos lleve al miedo

Sí, perdió, pero luchó como un animal y fue capaz de volver loco al jugador que por entonces volvía loco a todo el mundo. Al número uno antes de Federer, al que venía de jugar la final del US Open y dominaba con su tenis preciso, milimétrico, corajudo, en las pistas rápidas. Hewitt era un tormento mental y Nadal demostró que él podía serlo aún más a los 18 años. Eso es lo que nos falta aún con Alcaraz: necesitamos verlo ganar pero también necesitamos verlo perder, competir al límite en partidos en los que no debería de tener ni una sola opción, y así darnos una idea de su verdadero potencial.

Porque el caso es que el potencial de Alcaraz aún no lo conocemos aunque intuyamos que es inmenso. Va siendo hora de ir saliendo de dudas y, sí, es posible que una derrota dura frente a Rafa tenga algún impacto mediático en el chico, igual que una victoria o una derrota ajustada puede que multiplique las temidas expectativas, pero necesitamos algún tipo de certeza. Uno no puede basar su ascenso a la gloria en evitar a los grandes referentes. Hay que enfrentarlos y no bajar la cabeza. Lo más normal es que Alcaraz no acabe teniendo la carrera de Nadal -lo normal es que el 99% de los jugadores de la historia del tenis no la tengan- pero tampoco debe asustarse ante el ejemplo.

Porque Nadal para Alcaraz debe ser eso: un ejemplo, un espejo en el que mirarse. Construir una carrera adolescente desde la paciencia, la constancia, el ATP 250 y el convencimiento de que no es peor que nadie independientemente del ránking, la edad o el resultado puntual. De momento, ya le ha quitado el primer récord de los muchos que tiene Nadal y muchos dirán que, hasta cierto punto, ese era el más sencillo de todos, pero a cada edad le corresponde su mérito. Queda ir a por el "gordo" y el "gordo" no puede ser ganar trece veces Roland Garros. Nos conformamos con mucho menos. Nos conformamos, de entrada, con que el miércoles salga ahí a la pista y mire a Rafa a los ojos con hambre, con desafío, como Rafa hacía en esos primeros Condes de Godó ante los consagrados Albert Costa o Álex Corretja. Prudencia sin miedo. Conciencia de que es un momento histórico y aun así capacidad para disfrutarlo. De ese material están hechos los campeones.

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