El saque del que Rafa Nadal puede arrepentirse toda una vida

Guillermo Ortiz
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LONDON, Nov. 21, 2020 -- Rafael Nadal of Spain puts on his hairband during the singles semifinal against Daniil Medvedev of Russia at the ATP World Tour Finals 2020 in London, Britain, on Nov. 21, 2020. (Photo by Han Yan/Xinhua via Getty) (Xinhua/Han Yan via Getty Images)
Photo by Han Yan/Xinhua via Getty

¿Qué tiene que pasar para que Rafa Nadal gane un Masters (ATP World Tour Finals para los más jóvenes) y complete por fin su palmarés? Por ejemplo, que la pista esté ligeramente más lenta que otros años. O que sus máximos rivales históricos estén ya fuera del torneo, sea por eliminación o por lesión. O que la temporada se haya saltado cinco meses y el cuerpo llegue más descansado sin dolores, molestias ni lesiones. A todo eso habría que sumarle un rival en semifinales al que has ganado las tres veces que te has enfrentado con él y un posible oponente en la final que viene de jugar un partido maratoniano de casi tres sets en el que se ha dejado la vida y el físico.

Ahora bien, si todo eso pasa y Rafa Nadal no gana, ya hay que hablar casi de maldición. Más aún teniendo en cuenta que Nadal ganó el primer set y sacó para ganar el partido con 5-4 en el segundo. No solo eso: un año después de desperdiciar un 1-5, 30-40 en el mismo escenario, Daniil Medvedev parecía estar reviviendo la pesadilla: el ruso se había puesto 4-1 en la segunda manga y quince minutos después estaba sentado en la silla, con la mirada perdida, 4-5 abajo y restando para permanecer un rato más en el partido. No se puede encontrar un momento más definitorio en la carrera de un tenista. Un solo saque más y Nadal estaba en la final. Y en la final, insisto, tenía a Dominic Thiem con una paliza encima de escándalo. No se puede dar nunca por segura una victoria ante el austríaco porque aparte de ser un enorme jugador, es un luchador de primera, pero la oportunidad ahí estaba. Cuatro buenos saques y a soñar.

Y, sin embargo, Nadal no sacó bien. Es muy extraño teniendo en cuenta que ha estado soberbio con el saque en todo el torneo y que hasta ese momento solo había cedido un “break” a Medvedev. El saque es el golpe que más ha mejorado el mallorquín desde que entrena con Carlos Moyà, pero justo cuando más lo necesitaba, le falló: 0-15, 0-30, 0-40 y empate a cinco. A partir de ahí, los demonios cambiaron de lado de la pista y Medvedev se mostró imperial, ayudado por algún error poco habitual de Rafa, que quizá seguía con la cabeza en la oportunidad perdida. El ruso no solo acabó ganando el partido sino que se llevó el torneo ante un correoso Thiem, quien, como era de esperar, incluso agotado, aguantó tres largos sets en la final. El hombre llamado a acabar número uno del mundo el año que viene.

¿Qué importancia tendría ese hueco en el palmarés de Nadal si se acaba confirmando? Muy relativa, todo hay que decirlo. Todos los grandes campeones han ganado el Masters, excepto, quizá, Mats Wilander. A Rod Laver no lo cuento porque ya era bastante mayor cuando se inauguró la competición, aunque seguía en activo. Ahora bien, cuando pasen los años, a Nadal se le medirá por sus, como pocos, 20 torneos de Grand Slam y por sus cinco años como número uno del mundo. Es cierto que el Masters es un enorme torneo y que sus continuas decepciones ejemplifican una cierta incapacidad para adaptarse a las pistas “indoor”. De hecho, el único torneo que ha ganado en estas condiciones es el de Madrid 2005, cuando remontó dos sets a Ivan Ljubicic, el actual entrenador de Roger Federer. Han pasado quince años. No cuento Sao Paulo 2013 porque fue sobre tierra batida.

Incluso con cansancio de fin de año y lesiones, es rara esta falta de adaptación. Supongo que igual que a Sampras se le afeaba que solo hubiera ganado un gran torneo en tierra batida (Roma, 1994), a Nadal se le echará en cara no ya su escaso palmarés bajo techo sino el no haber podido ganar nunca el torneo que enfrenta exclusivamente a los ocho mejores del mundo. Por otro lado, no creo que nadie vaya a decirle que es peor jugador que Nalbandian, Davydenko, Dimitrov, Zverev o Tsitsipas, que sí lo ganaron pero no se llevaron nunca un Grand Slam. Da la sensación de que él mismo era consciente de la oportunidad histórica y la imagen de círculo cerrado que daría verle morder también este torneo. Ha ganado los cuatro grandes, la Davis y los Juegos Olímpicos en individuales y dobles. Aparte de algún Masters 1000 suelto, esto es lo único que le queda.

Quién sabe, quizá de hecho esta pequeña decepción sirva para algo aún más grande. No parece Rafa un hombre que necesite de grandes retos para motivarse, pero que la espina siga clavada obliga a un año más al máximo. Y a lo mejor después otro y así sucesivamente. Nadal se sacia con dificultad, pero es posible que el Masters le sirva para seguir con hambre unas temporadas más y en el camino hacernos felices a todos. También puede que hubiera conseguido cuatro “aces” en aquel juego maldito y al día siguiente hubiera perdido con Thiem en dos sets y sin oponer resistencia. El pasado es un compendio de continuos “y si...” que no tienen respuesta. Acaba el año sin que Djokovic gane su segundo Roland Garros ni Nadal gane su primer Masters. Bien. Así las narrativas siguen intactas para 2021.

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