El gran equívoco con Rafa Nadal: por qué sigue en la élite a los 35 años

Guillermo Ortiz
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BARCELONA, SPAIN - APRIL 25: Rafael Nadal of Spain holds the trophy after his victory against Stefanos Tsitsipas of Greece in their final match during day seven of the Barcelona Open Banc Sabadell 2021 at Real Club de Tenis Barcelona on April 25, 2021 in Barcelona, Spain. (Photo by Alex Caparros/Getty Images)
Photo by Alex Caparros/Getty Images

En 2005, al poco de cumplir los 19 años, Rafa Nadal se impuso en el torneo de Roland Garros y a las pocas semanas se consolidó como número dos del mundo tras Roger Federer, puesto en el ranking que acaba de recuperar dieciséis años después. Aquel chico era un auténtico vendaval con un exceso de fibra y músculo. Profesional desde la adolescencia, todos los expertos coincidían en que su carrera sería corta: era demasiada carga física la que imponía a su juego, demasiadas carreras para llegar a cada pelota, demasiado peso sobre sus maltrechas rodillas como para que estas aguantaran más de cinco o seis años en el mejor de los casos.

La grave lesión en el tendón rotuliano tras ganar el torneo de Madrid de aquel año pareció confirmar los peores presagios: Rafa siempre dice que aquella lesión estuvo a punto de arruinar su carrera casi antes de que empezara y desde luego los problemas físicos le han estado atormentando de manera anual desde entonces. Nadal tiene un físico privilegiado, sí, pero tremendamente vulnerable. Si de verdad es tan importante en su juego y no ha hecho más que fallarle, ¿cómo se explica que ese chico siga ahí a los 35 años, flamante ganador del Open Godó tras una final de tres horas y media contra un jugador doce años más joven? ¿Cómo ha conseguido recuperarse de todas y cada una de sus lesiones sin perder en ningún momento lo que parecía que iba a ser su principal carencia, la regularidad?

El cuerpo de Nadal y su estilo de juego invitó a los estereotipos y los equívocos y lo curioso es que aún no se hayan disipado. Nadal no gana por correr más o menos, gana por su cabeza privilegiada. Es de los jugadores más inteligentes, si no el que más, que nunca haya pisado una pista de tenis. Aparte de ser un competidor descomunal -el propio Tsitsipas lo recalcaba tras la final de ayer y ya me dirán por qué si no iba a estar un ganador de 20 grandes dejándose la vida por ganar un ATP 500 por duodécima vez-, Rafa es un estratega de primera. Ha tenido que serlo siempre: ¿cómo si no iba a competir un chico de 16 años en Montecarlo contra los top ten?

Está claro que la épica y los bemoles venden mucho y que la carrera de Nadal está llena de puntos imposibles. Ayer mismo se vieron unos cuantos en Barcelona, pero solo son la guinda de un pastel enorme. De entrada, es un hombre que se mueve muy bien y especialmente sobre tierra. No ya porque corra mucho sino, insisto, porque corre bien. El tenis es una cuestión de posición. Dónde estás cuando golpeas la bola, qué apoyos tienes, qué equilibrio y qué giros te permite tu cuerpo. En ese sentido no es solo llegar sino llegar dando los pasos correctos. Es increíble que esta versión claramente ralentizada de Nadal siga teniendo esa virtud: puede dar golpes imposibles porque ha conseguido calcular los pasos que necesita hasta el bote de la bola y a qué altura aproximada se la va a encontrar.

BARCELONA, SPAIN - APRIL 25: Rafael Nadal of Spain plays a backhand against Stefanos Tsitsipas of Greece in their final match during day seven of the Barcelona Open Banc Sabadell 2021 at Real Club de Tenis Barcelona on April 25, 2021 in Barcelona, Spain. (Photo by Alex Caparros/Getty Images)
Rafa Nadal. Foto: Alex Caparros/Getty Images.

La "gota malaya" de Rafa: cada golpe hace daño

Con todo, la defensa es solo parte de su juego. En ataque, a veces es demoledor y a veces, simplemente, es una gota malaya. Rara vez se equivoca en lo que tiene que hacer. Ver un partido de Rafa Nadal, especialmente sobre tierra batida, es una masterclass de cómo no desperdiciar ni un golpe. El reto es incomodar siempre al contrario, otra cosa es que siempre se consiga, claro. Contra Roger Federer, durante años, fue la bola alta con efecto al revés. Al mejor jugador de la historia le tomó casi quince años encontrar una manera de controlar ese golpe. Veamos cuánto le toma a Tsitsipas, que ayer se vio en serios apuros cada vez que tenía que golpear en el aire a una mano y que encima la pelota volviera con colocación y potencia.

Si tan fácil es hacerlo, ¿por qué no lo hacía todo el mundo? Si para ganar al jugador imbatible de 2004 a 2007, bastaba con mandarle pelotas altas al revés hasta que acabara dándole con el marco de la raqueta, ¿por qué los demás no lo intentaron? Porque no sabían. Eso nos lleva a un tercer aspecto que apenas se menciona cuando se habla de Nadal: su técnica. Nadal no tiene un golpe malo. Se podría decir que no es excelente en nada: no tiene el resto directo de Djokovic, ni la derecha de Federer, ni el revés de Wawrinka, ni el servicio de Roddick... pero no hay un punto débil en su repertorio. Incluso su juego de red es más que aceptable, lo que le convierte en un inmenso jugador de dobles.

¿Es Nadal, por tanto, imbatible? Pues claro que no, vaya tontería. Nadal pierde mucho. Pierde más torneos de los que gana, como todos. Porque ni el físico, ni la táctica, ni la técnica, ni la competitividad bastan para ganar cinco o siete partidos a lo largo de una semana. A lo que vamos es al gran malentendido de que Nadal era un portento físico que se iría apagando conforme su cuerpo le fuera castigando. No ha sido el caso. De estar condenado a tener "una carrera corta" hemos pasado a ser el jugador con más años consecutivos ganando un torneo ATP, que son ya 18 y eso que en las últimas temporadas solo juega en la élite. Aparte, lleva 16 años sin salirse del top ten. Un total de 814 semanas... y contando. Incluso los longevísimos Jimmy Connors y Roger Federer quedan detrás del manacorí en esta clasificación.

En definitiva, Nadal no es el jugador perfecto. Nadie lo es. Si ha sido el mejor de su generación es discutible porque ahí están Djokovic y Federer para competirle el título honorífico. Ahora bien, que lo suyo va más allá del "es que corre mucho y siempre obliga a jugar una pelota más", también. El problema que hemos tenido en España con Nadal es que, de tanto hablar de sus éxitos, todo se ha sobredimensionado. Tanto el elogio como la crítica. Y ha sido complicado pasar a explicar las razones de cada victoria o derrota. En un mes, tenemos Roland Garros y Rafa volverá a ser el máximo favorito. Aunque se le note pesado, bastante lento en ocasiones y con desconexiones tremendas incluso dentro de un mismo juego, encontrará la manera de competir, la pelota larga, el efecto tramposo, la bola alta que le permita ganar tiempo para recuperar posición... y así, tiene uno la sensación, como ya dijo Almagro, de que podría pasarse ganando a esto hasta los 50. Aunque entendemos que se aburrirá antes. O no.

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