El tenis sin Federer, Djokovic y Nadal será un tenis de nervios y zozobras

Guillermo Ortiz
·5 min de lectura
NEW YORK, NEW YORK - SEPTEMBER 13: (L-R) Dominic Thiem of Austria shakes hands with Alexander Zverev of Germany after winning their Men's Singles final match on Day Fourteen of the 2020 US Open at the USTA Billie Jean King National Tennis Center on September 13, 2020 in the Queens borough of New York City. (Photo by Matthew Stockman/Getty Images)
Photo by Matthew Stockman/Getty Images

Durante años (durante muchos años, de hecho) hemos estado preguntándonos qué sería del tenis cuando Roger Federer, Rafa Nadal y Novak Djokovic se retiraran.Nos lo hemos estado preguntando con un punto de angustia, de incertidumbre, de “¿con quién dejamos a los niños ahora?”. Pues bien, si de algo ha servido este US Open extraño ha sido para confirmar que no debemos tener miedo, que los niños saben cuidarse ellos solos y que después del tenis, habrá tenis, como siempre sucede en el mundo del deporte. Menos carisma, sin duda. Probablemente menos talento... pero los mismos partidos agónicos a cinco sets, los tie-breaks llenos de dobles faltas y la emoción por saber qué nombre subirá al palmarés.

Es cierto que nos tomará tiempo. Los números de audiencia han sido desastrosos en Estados Unidos y en Europa no ha ayudado nada lo de coincidir a la vez con los playoffs de la NBA y el Tour de Francia, competencias no habituales. La liga de fútbol siempre había estado ahí, así que eso no ha cambiado a peor. La atención del espectador ahora mismo está demasiado dispersa como para acostumbrarse a nuevas caras. En ese sentido, la victoria de Dominic Thiem en el cuadro masculino y la de Naomi Osaka en el femenino, ayudan. Thiem lleva años perdiendo finales contra Nadal y Djokovic, así que no es un nombre raro, exótico, de los de buscar en Wikipedia. Osaka había ganado ya dos grandes antes y es uno de los grandes reclamos publicitarios de Nike.

La baja del “Big Three” (Federer está lesionado, Nadal prefirió no viajar y Djokovic fue expulsado del torneo por golpear a una juez de línea) nos presentó un nuevo panorama que no pinta mal. Es cierto que el escalafón se respetó casi por completo, con la única sorpresa de Pablo Carreño-Busta. Si a alguien le hubieran preguntado ya el año pasado quiénes eran los jóvenes más preparados para dar el salto y ganar su primer torneo del Grand Slam, sin duda hubiera contestado los nombres de Dominic Thiem (aunque quizá no en el US Open), Alexander Zverev (múltiple campeón de diversos torneos Masters 1000 y de las ATP World Tour Finals) y Daniil Medvedev, heroico finalista del año pasado en Nueva York y dominador de la temporada de verano norteamericana.

Los tres estuvieron en semifinales, cumpliendo los pronósticos. Es cierto que dentro de esa regularidad hubo momentos de zozobra. El tenis “post-big 3” será sin duda un tenis de zozobra, un poco en la línea del circuito femenino. Un tenis con cinco o seis candidatos a ganar cada torneo y debacles inesperadas en primera o segunda ronda. El tenis de toda la vida, vaya, y no esta anomalía de los últimos quince años. La siguiente hornada también dio el paso al frente que se le pedía desde hace tiempo Denis Shapovalov (21 años) llegó a cuartos de final y solo dio su brazo a torcer en cinco sets; Felix Auger-Aliassime (20) se llevó por delante a un lesionado Andy Murray y cayó en octavos de final ante el campeón; el ruso Andrei Rubliov (23) también se plantó en cuartos y dio más guerra de la que el marcador indica a su compatriota Medvedev.

Prueba de que la siguiente generación estaba hambrienta por coger su parte de pastel como fuera es el hecho de que todos los clasificados para cuartos de final hubieran nacido de 1990 en adelante. Puede parecer una obviedad teniendo en cuenta que estamos en septiembre de 2020, pero lo cierto es que hasta ahora solo tres tenistas nacidos en esa década habían jugado una final de Grand Slam: Milos Raonic (Wimbledon, 2016), Dominic Thiem (Roland Garros 2018 y 2019, Australian Open 2019) y Daniil Medvedev (US Open 2019). La ausencia circunstancial del “Big 3”, a quien conviene no dar ya por enterrados teniendo en cuenta que en dos semanas empezamos Roland Garros, es solo la punta de un iceberg generacional más grande: sin los Monfils, los Tsonga, los Berdych, los Wawrinka y compañía, a los jovencitos les es más fácil afirmar su estatus. El dique no estaba tanto en las rondas finales como en las previas.

Aun así, como decíamos, esta visión del tenis sin estrellas carismáticas -las nuevas lo serán, claro, pero démosles tiempo y un contexto de normalidad- no elimina la posibilidad de que el año que viene volvamos de nuevo al pasado aunque sea brevemente. Roland Garros será una importante piedra de toque, sobre todo para Thiem. ¿Cómo llevará el austríaco su condición de campeón de un grande? ¿Cómo se comportará Zverev en las primeras rondas sabiendo que de él se espera el título? ¿Se mostrará Medvedev tan seguro con su servicio como en Nueva York? ¿Se han dado cuenta los niños de que la ausencia de los padres no es solo una liberación sino una responsabilidad? Es más, ¿sabrán estar a la altura?

Alexander Zverev salió como un flan a su partido de semifinales contra Pablo Carreño. Sabía que estaba ante la oportunidad de su vida. Dominic Thiem hizo lo propio en la final contra Zverev. Ese manejo de la responsabilidad, de las expectativas, ese no fallar nunca en los momentos decisivos, es lo que ha separado a Nadal, Djokovic y Federer (en ocasiones, a Murray) del resto de tenistas de su generación. El nuevo macho alfa será el que iguale su consistencia. Los golpes llevan ahí unos cuantos años. Faltaba la confianza y el empujón. Ahora, la inercia les hará ser más peligrosos. París promete ser una fiesta.

Vídeo | El futuro ya está aquí y Alexander Zverev es consciente de ello

Otras historias que te pueden interesar: