Las mil y una excusas absurdas que ha puesto el madridismo esta Liga

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Jugadores del Real Madrid protestando una decisión arbitral.
Jugadores del Real Madrid protestando una decisión arbitral. Foto: Manuel Queimadelos/Quality Sport Images/Getty Images.

Domingo 16 de mayo, estadio Wanda Metropolitano de Madrid. En juego el partido de la 37ª jornada entre el Atlético y el visitante Osasuna, que puede ser clave para el futuro de la Liga toda vez que, en paralelo, el Real Madrid está venciendo al Athletic de Bilbao. A priori parecía un compromiso asequible para los de Simeone, pero, por esas cosas del fútbol, con el segundo tiempo bien avanzado son los de Pamplona los que van ganando 0-1.

En esto se produce la "pausa de hidratación", una figura que contempla la normativa desde hace ya casi tres años para permitir a los jugadores detenerse durante unos minutos y aliviarse de las altas temperaturas en los meses centrales del año. Durante los escasos minutos que dura el parón, el entrenador argentino de los rojiblancos aprovecha para darles una brevísima charla técnica y motivadora. Que tiene buen resultado, porque en el poco tiempo que quedaba para terminar Lodi y Luis Suárez logran anotar dos goles que dan la vuelta al marcador y siguen proporcionando a los colchoneros la iniciativa para la victoria final en el campeonato, pendiente de lo que ocurra el fin de semana que viene.

Sería un capítulo épico más de la historia del fútbol español, uno de tantos que ha protagonizado el Atlético, y similar a otros que habremos visto en incontables ocasiones en prácticamente cualquier equipo. Salvo por el detalle de que algunos, desde el entorno mediático más militantemente madridista, han empezado a despotricar. Y lo hacen totalmente en serio, alegando que esa pausa fue "ilegal".

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Lo ha dicho, por ejemplo, Juanma Rodríguez en el programa de televisión El Chiringuito; cada uno que le dé la credibilidad que considere tanto al emisor del mensaje como al medio en el que ha aparecido. Pero se ha visto también en otros lugares como el diario Sport o el Marca. La peregrinísima teoría indica que tal pausa, pedida por Simeone, habría sido "ilegal" (lo cual es falso por muchos motivos, basta revisar las circulares de la Federación para comprobarlo, siendo la razón más obvia que el parón no se aplica a demanda de los técnicos, sino por potestad del árbitro tras acuerdo previo con los equipos) y que tal supuesta irregularidad habría tenido una influencia determinante en el desarrollo del juego.

Una proclama de este calibre no pasaría de ser un momento cómico si no fuera porque la repercusión que puede llegar a alcanzar, al difundirse a través de canales en los que a veces cuesta distinguir la parodia de la realidad, llevará a más de uno, particularmente a los aficionados más furibundos del Real Madrid, a tomársela en serio. El resto del mundo, incluyendo los (afortunadamente mayoritarios) hinchas merengues que conservan su sensatez, ven semejantes episodios con estupor. Aunque en el fondo tampoco sorprenden: cada vez vamos estando más acostumbrados.

Porque, en un campeonato en el que, pese a su irregularidad, el Real Madrid está haciendo un papel más que digno (tanto como para llegar a la última fecha con posibilidades razonables de proclamarse campeón), el repertorio de excusas y lamentos que están transmitiendo los portavoces oficiosos de la entidad llega a niveles tan grotescos que rozan la vergüenza ajena. Cada vez que las cosas se le tuercen mínimamente , o incluso sin necesidad de que les vaya mal, se sacan de la manga algo para quejarse e intentar que cale el mensaje de que la competición está adulterada. A lo largo de la temporada llevamos infinidad de ejemplos.

Sin ir más lejos, en los últimos diez días ha habido un par de ellos muy significativos. Uno de ellos relacionado con el partido contra el Granada disputado el pasado jueves 13 (un día después que el del Atlético contra la Real Sociedad, es decir, contando con la ventaja de conocer ya el resultado). El problema fue que, como tantas veces a lo largo del curso, el encuentro se programó a las 22 horas. Excesivamente tarde, sobre todo para los aficionados que aunque no están en la grada sí que lo pueden ver por televisión, pero nada que otros equipos (el mismo Atlético contra los donostiarras, por ejemplo) no hayan sufrido.

El madridista Eden Hazard intentando superar a un jugador del Granada.
El madridista Eden Hazard intentando superar a un jugador del Granada. Foto: DAX Images/NurPhoto via Getty Images.

El inconveniente es que a la hora de finalizar el partido (que ganaron con holgura) y volver a casa, el aeropuerto de Granada ya estaba cerrado, por lo que tuvieron que desplazarse 125 kilómetros por carretera hacia Málaga y allí abordar el avión que les llevó de vuelta a Madrid, llegando a la capital pasadas las tres de la madrugada en lo que algunos medios califican de "odisea", mientras que otros recalcan el "malestar" de la expedición blanca. Se ve que a nadie se le ocurrió, o que el repentinamente menguante presupuesto no podía permitírselo, reservar en alguno de los magníficos hoteles que la urbe nazarí ofrece a sus visitantes y completar ese viaje tan aparentemente doloroso a la mañana siguiente. O se ve que ya están acostumbrados a tratos de favor y no encontrárselo esta vez les resultó ofensivo.

Varios días antes se disputó, en Valdebebas, el partido contra el Sevilla, acaso el más polémico de lo que llevamos de temporada. La jugada clave fue el penalti de Éder Militão por mano, que por medio del VAR sirvió para anular el que se había pitado a favor de los blancos en la jugada siguiente. Sobre si fue mano o no se ha debatido largo y tendido. Los árbitros, revisión de vídeo mediante, tienen clarísimo que sí por estar el brazo del central extendido por encima de la altura del hombro.

El diario As hizo algo un tanto inusual: cederle una tribuna a un personaje lejano al mundo del fútbol para que se expresara al respecto. Quien tuvo el privilegio de escribir sobre la acción fue Diego López Garrido, político del Partido Socialista (en su momento de Izquierda Unida) que, entre otros cargos, llegó a ser portavoz de su grupo parlamentario en el Congreso. Gracias a él descubrimos que señalar tal pena máxima no es que fuera un error del colegiado, sino que directamente se trataba de una decisión "inconstitucional".

Aparte del de Granada, el Real Madrid ya se ha molestado más veces este año a cuento de los viajes para disputar sus partidos lejos de casa. El ejemplo paradigmático es el del partido contra Osasuna, a primeros de enero, en plena borrasca Filomena de frío y nieve. En su momento ya te explicamos detenidamente lo que ocurrió, pero te lo resumimos de manera breve. 

Mientras los demás partidos de los equipos madrileños se tuvieron que suspender porque el centro de la península se quedó incomunicado, los blancos sí que viajaron a Pamplona. Se preveía una victoria relativamente asequible, ya que en aquel momento los rojillos eran penúltimos y la tropa de Zidane podía asaltar el liderato. Pero el marcador fue de empate a cero. Entonces, y solo entonces, alzaron la voz y reclamaron que habría que haber aplazado.

Calleri, de Osasuna, intenta superar al central madridista Varane.
El partido entre Osasuna y el Real Madrid del 9 de enero se disputó con el césped del Sadar en no muy buenas condiciones debido a la nieve. Foto: David S. Bustamante/Soccrates/Getty Images.

Otro motivo recurrente de lamentos para el entorno madridista ha sido la cantidad de bajas sufridas. Y es cierto que la plantilla ha padecido infinidad de lesiones y que bastantes jugadores han estado tiempo ausentes por el coronavirus. Exactamente igual que sus rivales, por cierto. No es casualidad, por ejemplo, que el Atlético empezara a disminuir su rendimiento, y que Simeone recibiera acusaciones de "dilapidar" la ventaja que tenía al frente de la clasificación, a raíz de los seis positivos casi simultáneos en febrero.

Tampoco consigue el Real Madrid que eso suene más que a excusa. Por manido que esté, no deja de ser cierto el tópico de que un solo jugador blanco puede llegar a tener un valor de mercado superior al de plantillas rivales enteras. Ni las lesiones llegan por casualidad; quizás los métodos de entrenamiento tengan algo que ver con que la cantidad de dolencias, a menudo musculares, que han arrastrado los futbolistas supere con holgura la cincuentena. 

De igual manera, no parece muy sensato que en un año que se preveía tan difícil como este la plantilla haya quedado reducida a 22 efectivos, dejando salir en Navidad a Ødegaard y Jovic sin reemplazo. Por otra parte, el hecho de que haya habido que compensar tirando de cantera tampoco da mucha pena, en vista de que el Castilla no es precisamente malo, como demuestra el hecho de haber llegado a las eliminatorias de promoción de ascenso a Segunda. Por ejemplificar con el que está siendo su principal rival, el mismo Atlético (debido a su propia mala gestión) no cuenta con refuerzos fiables desde su cantera, puesto que su filial ha hecho un año lamentable y ha caído a la futura Tercera División RFEF.

Por quejarse, se han llegado a quejar hasta del virus FIFA. Hay que reconocer que no les falta razón y que no tiene ningún sentido que a su atacante Vinícius le tocara recorrerse 20.700 kilómetros, entre el viaje desde España y los vuelos por Sudamérica, para no disputar ni un solo minuto con Brasil en el parón de selecciones del pasado noviembre. Como también hay que dejar claro que ese problema, que las federaciones internacionales deberían afrontar de una vez, perjudica de manera similar a todos los equipos; unas veces son unos los que sufren más, otras son otros, pero no afecta en exclusiva al Real Madrid, ni mucho menos.

Y todo esto, por supuesto, sin contar con el repertorio continuo e indiscriminado de protestas por decisiones arbitrales que se sucede semana tras semana, ganen o pierdan, tengan o no razón. Al final se ha llegado a un punto en el que cuesta tomárselo en serio y ya estamos a la espera de la próxima ocurrencia. Porque estamos habituados a que la polémica se saque de la nada de forma artificial, pero lo que estamos viendo esta temporada sobrepasa todos los límites de la sensatez. Lo bueno es que solo queda una jornada; lo malo, que pase lo que pase podemos apostar a que algo sacarán.

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