El problema del Real Madrid no es una cuestión de huevos, sino de fútbol

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MADRID, SPAIN - MAY 31:  Real Madrid CF president Florentino Perez (L) and Zinedine Zidane (R) attend a press conference to announce his resignation as Real Madrid manager at Valdebebas Sport City on May 31, 2018 in Madrid, Spain. Zidane steps down from the position of Manager of Real Madrid, after leading the club to it's third consecutive UEFA Champions League title.  (Photo by Angel Martinez/Real Madrid via Getty Images)
Florentino Pérez y Zinedine Zidane firman un apretón de manos en rueda de prensa. (Foto Angel Martinez/Real Madrid via Getty Images)

Suele suceder que cada traspié del Real Madrid en cualquier competición se asocia a términos llenos de testosterona. Faltaron huevos, nunca fútbol. Faltó actitud, nunca acierto. Faltó sudar la camiseta, nunca superar táctica o técnicamente al rival. Faltó correr mucho, no correr bien. Faltó, en definitiva, una serie de conceptos tribuneros vacíos que no sirven para explicar un problema multifactorial, pero sí para abrir fuego desde la atalaya de quien no busca entender las causas futbolísticas de la debacle madridista, sino liberar una tensión interior que le reconcome.

En primer lugar, es imposible calibrar la magnitud del descalabro blanco sin viajar en el tiempo. Para encontrar las causas de la situación actual que atraviesa el conjunto madrileño hay que reparar en la planificación deportiva fallida de Florentino Pérez. Como la teoría del elefante en la habitación del que nadie quiere hablar pese a saber de su existencia, es imposible eliminar la figura de Cristiano Ronaldo de la ecuación. Perder al portugués significó desprenderse del futbolista más decisivo del equipo en la Copa de Europa y entrar en terreno desconocido.

Con su adiós, el club dejó de contar entre sus filas con un futbolista capaz de tender puentes hacia la potenciación de la estructura colectiva a través del atajo individual que suponía su presencia en el campo. El Real Madrid podía estar mal, desubicado y tambaleándose, pero Cristiano Ronaldo reducía la posibilidad de accidente y aportaba una suma de goles que ni desde la individualidad ni la coralidad (Luka Jovic, Marco Asensio, Isco Alarcón, Vinícius Júnior, Rodrygo Goes, Mariano..) se ha podido reemplazar. Porque el Real Madrid sí que fichó a un recambio del luso, Eden Hazard, pero Zinedine Zidane lleva sin poder edificar el futuro bajo el brillo de su estrella durante demasiado tiempo.

El belga, llamado a impulsar la potencia de fuego del equipo blanco, ha sido un soldado de infantería con balas de fogueo, nunca un comandante. Más allá de ese mes de noviembre de 2019, el extremo ha sido incapaz, lesiones mediante, de solucionar desde su talento personal los múltiples problemas ofensivos de su equipo. Y es que la plantilla ya es veterana en estrellarse y colapsar ante equipos que repliegan en bloque bajo (Cádiz, Alavés, Shakhtar Donetskx2..) y esperan pacientemente el fallo decisivo blanco. Porque el Madrid genera, pero perdona. Y cuando perdona, empiezan las prisas, los centros laterales al limbo y la frustración se apodera del equipo.

La política de fichajes del club ha confiado millones y estatus a unas promesas (Vinícius Júnior, Rodrygo Goes) en vías de desarrollo y que, hoy por hoy, están lejos de los deseos estelares del club. El Real Madrid no suele esperar. El Real Madrid no tiene paciencia porque sus objetivos se resumen en ganar todos los trofeos en juego. Y para eso no se necesitan palabras de esperanza futura, sino realidades tangibles.

Por otra parte, el técnico tiene su cuota de culpa y las filtraciones continuas de la directiva sobre su delicada situación se encargan de recordarnos que la cadena siempre se rompe por el eslabón más débil. La diferencia entre titulares y suplentes es tan importante que atenta contra el plan de Zidane, basado en las rotaciones para ganar todas las competiciones. Así, cuando pierde a dos o tres de los siguientes futbolistas; Ferland Mendy, Federico Valverde, Karim Benzema, Sergio Ramos, Eden Hazard y Toni Kroos, la estructura se cae a pedazos.

Por último, el equipo demuestra falta de mecanismos colectivos para llegar al gol si no roba arriba y se rompe con facilidad cuando transita defensivamente. Del mismo modo, al francés se le atragantan los partidos en que la dinámica de los mismos le demanda intervenir y alterar el rumbo del encuentro, un aspecto que arrastra desde que llegó al banquillo de Concha Espina. A Zidane le falta cintura táctica, algo por lo que nunca ha destacado especialmente y que frena la capacidad de reacción de su equipo. No obstante, si Florentino Pérez lo fulminara, terminaría con la bomba de humo que impide centrar las críticas en su planificación deportiva.

Ya ven. Al final no era solo cuestión de cojones, ganas o actitud.

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