Al Real Madrid de Zidane le encanta sufrir

Los blancos se están acostumbrando con el entrenador galo a depender en exceso de las remontadas y los goles sobre la bocina.

El Real Madrid cosechó ante el Valencia el enésimo partido de su historia deportiva donde el orgullo y la casta solucionaron y maquillaron un posible tropiezo. En esta ocasión fue Marcelo el que se erigió como salvador. Una situación que se está repitiendo con demasiada frecuencia desde que Zinedine Zidane está en el banquillo blanco, y que en algún momento se volverá en su contra. 


A los blancos parece que les va el riesgo, el sufrimiento, saliendo muchas veces indemnes sobre la bocina. Un guión que se está repitiendo mucho esta temporada, aunque es parte del ADN merengue, de su idiosincrasia, debido a la lucha extenuante hasta el último segundo, una de las marcas de la casa. En el álbum de recuerdos de Chamartín aparecen remontadas legendarias como el Colonia, Derby County, Celtic, Anderlecht... A estas imágenes en blanco y negro o tonos sepia se les ha unido nuevas gestas deportivas en color: como la 'Décima' o la Supercopa de Europa, ambas con Sergio Ramos como protagonista. Incluso la final del Mundial de Clubes, ante un modesto Kashima, tuvo el mismo desenlace, con giro argumental incluido.

La presencia de Zidane en el banquillo no ha cambiado un ápice esta situación. Es más, se ha potenciado esta adicción por el riesgo, esta ruleta rusa de emociones en la que se termina instalando el Real Madrid en muchos partidos. Wolfsburgo, Atlético, Sevilla, Deportivo, Barcelona, Kashima, Sporting Portugal, Legia, Nápoles, Villarreal, e incluso Las Palmas con ese dramático empate en el tramo final, y Sporting de Gijón, con el postrimero tanto de Isco, además de Valencia, son la lista de rivales que esta campaña han sufrido este arrebato blanco, ya fuera con goles inextremis o remontadas que sofocaban los incendios y regaban esa flor que algunos atribuyen tener el entrenador francés.


Es lo que tiene jugar con fuego. El Real Madrid se está malacostumbrando a vivir sobre el alambre. Este estilo, a veces anárquico, ya le costó una eliminación en Copa ante el Celta y perder el liderato ante el Barcelona durante este curso tras una decisión suicida en el Clásico, cuando el equipo tenía el empate en la mano con inferioridad numérica. El Madrid debe aprender a controlar mejor los partidos y no desdibujarse al principio de los mismos, como en la cita precisamente ante el Valencia, en Mestalla, donde el equipo no se salvó del naufragio pese al cambio de actitud posterior.

Ahí radica el verdadero peligro del Madrid para lo que queda de LaLiga y Champions: depender en exceso de la épica. Una apuesta demasiada arriesgada que en algún momento encontrará su fecha de caducidad. Justo ahora cuando llega la fase decisiva de LaLiga y de la Champions, con el Barcelona y Atlético como exigentes rivales. Dos equipos que esperarán el más mínimo error blanco para asestar el golpe definitivo, como ya hicieron los azulgranas en el Bernabéu y como desean hacer los rojiblancos en la Copa de Europa.

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